ES EN
Vol. 26. Núm. 1. 2016. Páginas 13-18

La violencia en la escena del crimen en homicidios en la pareja

Crime scene’s violence in intimate partner homicides

Company, Alba Soria, Miguel √Āngel

Resumen

nEl homicidio en la pareja, considerado un problema social, no ha sido analizado en España en relación a laescena del crimen (EC). La presente investigación aborda el tipo de violencia ejecutada, instrumental vs.expresiva, en la EC de asesinatos, homicidios o tentativas y sus diferencias en función del sexo del homicida. A partir de una muestra formada por 322 casos extraídos de sentencias judiciales firmes medianteel Protocolo de Análisis del Crimen Violento en Homicidios Familiares, se analizó la conciencia forense, laestructuración y la conducta criminal. Los resultados apoyan estudios precedentes desarrollados en otrospaíses mostrando el predominio de comportamientos expresivos en homicidios entre los miembros de lapareja sin existir diferencias significativas en función del sexo de los agresores, si bien aparece un mayoruso de las conductas de apu˜nalamiento y envenenamiento en mujeres homicidas. 

Abstract

Intimate partner homicide, considered a social problem, has not been analyzed in Spain in relation tocrime scene (CS). The present research addresses the type of violence commited, expressive vs. instrumen-tal, in CS of murders, homicides or attempts and their differences on the basis of the sex of the murderer.Based on a sample of 322 cases extracted from firm judicial rulings by the Violent Crime Analysis Pro-tocol in Family Homicides, forensic awareness, structuring, and criminal behavior were analyzed. Theresults support previous studies carried out in other countries showing the predominance of expressivebehaviors in homicides between members of the couple without any significant differences dependingon the offender's gender, even though there is a greater use of the behaviors of stabbing and poisoningin women murderers. 

Los homicidios en la pareja en Espa√Īa constituyen uno de los problemas sociales m√°s graves desde hace algunos a√Īos; as√≠, en el a√Īo 2013, √ļltimo con datos disponibles, el n√ļmero de hombres condenados por un delito de homicidio y asesinato fue de 737 frente a 73 mujeres y 54 mujeres murieron a manos de sus parejas seg√ļn el Ministerio de Sanidad Servicios Sociales e Igualdad (2013) . Analizar las conductas llevadas a cabo por el agresor y la v√≠ctima durante el acto homicida aportar√≠a informaci√≥n relevante sobre su desarrollo y los condicionantes de la interacci√≥n entre ambos. A diferencia de otros pa√≠ses, no hallamos estudios en Espa√Īa sobre la escena del crimen (en adelante EC) y los comportamientos ejercidos en la misma.

Nuestro estudio analiza la EC clasificando el tipo de violencia ejercida en expresiva e instrumental con la finalidad de conocer la forma predominante adoptada en el homicidio, asesinato o tentativa entre miembros de la pareja y si existen diferencias en función del sexo del agresor.

Marco teórico

Si bien se puede definir la violencia como el uso deliberado de la fuerza contra otra persona (violencia interpersonal) causando lesiones f√≠sicas y/o psicol√≥gicas o muerte (adaptado de la Organizaci√≥n Mundial de la Salud, 2002 ), existen numerosas clasificaciones ( Block y Ovcharchyn Devitt, 2001; OMS, 2002; Weinshenker y Siegel, 2002 ) y por ello nuestra investigaci√≥n se sit√ļa dentro de la conceptualizaci√≥n de Salfati (2000) desarrollada a partir de los trabajos iniciales de Fesbach (1964) , diferenciando entre la violencia expresiva e instrumental en cr√≠menes violentos.

Ambos tipos de violencia poseen diferentes significados para el agresor y, por lo tanto, cumplen objetivos distintos al ser utilizadas. La expresiva, fruto de una descarga emocional, busca satisfacer necesidades afectivas; la instrumental, es m√°s racional y tiene un objetivo ulterior a la violencia propiamente ejecutada ( Cohn y Rotton, 2003; Fesbach, 1964 ).

Numerosos autores han intentado clasificar y diferenciar los comportamientos aparecidos en las escenas criminales en función de su grado de expresividad o instrumentalidad llegando a establecer diferencias significativas entre ambos tipos de violencia ( Roberts, Zgoba y Shahidullah, 2007; Salfati, 2000; Salfati y Canter, 1999; Salfati y Dupont, 2006; Salfati y Haratsis, 2001; Salfati y Park, 2007; Santtila, Canter, Elfgren y Häkkänen, 2001; Santtila, Häkkänen, Canter y Elfgren, 2003; Thijssen y De Ruiter, 2011; Woodhams, Bull y Hollin, 2007 ).

Por un lado, la violencia expresiva responde fundamentalmente a condiciones precipitadas por componentes de la esfera emocional, esencialmente la ira, por lo que suele estar inducida por amenazas, discusiones, insultos, agresiones físicas o fracasos personales y adopta un ataque físico extremo contra la víctima con el fin de hacerla sufrir ( Anderson y Bushman, 2002; Block y Block, 1993; Horning, Salfati y Crawford, 2010; Miethe y Drass, 1999; Salfati y Bateman, 2005; Salfati y Canter, 1999; Salfati y Haratsis, 2001; Salfati y Park, 2007; Trojan y Krull, 2012; Weinshenker y Siegel, 2002 ).

La conducta en la EC es llevada a cabo sin premeditaci√≥n debido a la carencia de control de los impulsos, caracteriz√°ndose por impulsividad, ausencia de control, fuerte excitaci√≥n emocional y una relaci√≥n de familiaridad o cercan√≠a emocional con la v√≠ctima ( Horning et al., 2010 ). La violencia se sustenta en una frustraci√≥n ambiental que, sumada a los estresores psicosociales que afectan al individuo e implican una elevada actividad fisiol√≥gica, conducen al homicidio ( Bola√Īos Ceballos, 2011).

Al tratarse de acciones espontáneas no existe racionalidad en la valoración coste-beneficio del crimen, por lo que son difíciles de desincentivar mediante una sanción legal ( Cao, Hou y Huang, 2008; Miethe y Drass, 1999 ). El perfil emocional del agresor expresivo se caracteriza por la rabia, enfado, bajo estado de ánimo y profundo deseo de herir a la víctima en el momento de ejecutar el acto homicida. Asimismo, se vincula a relaciones disfuncionales manifestadas previamente en forma de violencia doméstica y/o familiar, así como problemas psiquiátricos o psicológicos, por lo que tras su detención puede esperarse la confesión del delito a la policía.

Tambi√©n se ha observado una relaci√≥n entre intensidad de la expresividad en la EC y cercan√≠a relacional entre v√≠ctima y agresor. Cuando √©sta es mayor se intensifican los comportamientos asociados con heridas faciales y su n√ļmero, el uso de violencia manual (golpes con las manos y los pies) y la ausencia de heridas postmortem ( Block y Ovcharchyn Devitt, 2001; Santtila et al., 2003 ; Thijsen y De Ruiter, 2011).

Por otro lado, la violencia instrumental es fría emocionalmente, más planificada y calculada. Surge del deseo de poseer el estatus o propiedades de la víctima (joyas, dinero, sexo o posesiones). En este caso, la amenaza de una sanción legal puede considerarse suficiente para disuadir al agresor debido a la reducida implicación emocional y más probabilidad de controlar la conducta ( Block y Block, 1993; Block y Ovcharchyn Devitt, 2001; Fesbach, 1964; Glenn y Raine, 2009; Miethe y Drass, 1999; Santtila et al., 2001; Trojan y Krull, 2012 ).

Los comportamientos instrumentales suelen formar parte de una temática criminal más amplia del autor, pues al utilizar a la víctima como un medio para obtener un objetivo ulterior tiende a cosificarla, es decir, a tratarla como un objeto a partir del cual obtiene un beneficio personal ( Anderson y Bushman, 2002; Crabbé, Decomene y Vertommen, 2008; Glenn y Raine, 2009; Salfati, 2000; Salfati y Bateman, 2005; Salfati y Canter, 1999; Salfati y Park, 2007; Santtila et al., 2003; Trojan y Salfati, 2010; Weinshenker y Siegel, 2002 ).

El perfil del agresor instrumental está relacionado con la esfera cognitiva en la EC, razón por la cual tiene conciencia forense, es decir, lleva a cabo comportamientos con la finalidad de evitar el descubrimiento del crimen y/o su autoría (por ejemplo, limpiar la escena del crimen), intenta maximizar el beneficio propio y minimizar el riesgo de detención y suele tener un historial de desempleo y antecedentes penales, especialmente en delitos sexuales o robos ( Cao et al., 2008; Horning et al., 2010; Salfati, 2000; Salfati y Canter, 1999; Salfati y Park, 2007; Santtila et al., 2003 ).

A pesar de esta dicotom√≠a entre ambos tipos de violencia, algunos autores se√Īalan que la distinci√≥n no es absoluta, existiendo la posibilidad de combinar ambos tipos en un mismo delito o bien modificarla a lo largo del proceso criminal; as√≠, puede iniciarse de forma instrumental y finalizarse expresivamente en funci√≥n de la interacci√≥n sostenida con la v√≠ctima u otros factores contextuales ( Glenn y Raine, 2009; Salfati y Bateman, 2005; Salfati y Canter, 1999 ).

Respecto a los homicidios en la pareja , la cercan√≠a emocional entre los miembros de una pareja conlleva un riesgo de violencia superior si se compara con otro tipo de relaci√≥n familiar (por ejemplo, padre e hijo) tal y como muestran los datos estad√≠sticos mencionados anteriormente. La violencia en este √°mbito tiende a incrementarse en funci√≥n de la duraci√≥n y seriedad de la relaci√≥n sostenida ( Marcus y Swett, 2003 ) generando una forma de homicidio √ļnica debido a la g√©nesis del mismo y al apego emocional entre la v√≠ctima y el agresor ( Last y Fritzon, 2005 ). Si bien el homicidio en la pareja tiene elementos comunes con la violencia de g√©nero, existen caracter√≠sticas diferenciales entre √©sta y los homicidios ocurridos en el seno del pareja ( Winstock, 2007 ), b√°sicamente por la base estructural de √©sta y por el hecho de suceder entre los dos miembros de la pareja y no √ļnicamente por parte del hombre hacia la mujer.

Los homicidios en la pareja se caracterizan mayoritariamente por tener una sola víctima, ser impulsivos y situacionales, cometerse por parte de personas que reaccionan agresivamente a determinados estímulos (p. ej., amenaza), no haber planificación y formar parte de reacciones emocionales ante situaciones adversas o conflictos derivados de la interacción interpersonal con la víctima. Por ello, las emociones serían el componente inicial de estos homicidios ( Block y Ovcharchyn Devitt, 2001; Trojan y Salfati, 2010 ).

Comparativamente con los homicidios seriales, los √ļnicos son cometidos m√°s habitualmente por parte de quienes se encuentran m√°s cercanos en el c√≠rculo social de la v√≠ctima, est√°n motivados prioritariamente por la ira y tienden a decantarse por el ataque rel√°mpago, utilizando mayoritariamente armas de fuego y agrediendo a las v√≠ctimas en el torso ( Kraemer, Lord y Heilbrun, 2004).

Respecto a los homicidios cometidos por mujeres, m√°s infrecuentes estad√≠sticamente, suelen relacionarse con un conflicto interpersonal o con circunstancias familiares, siendo la v√≠ctima un miembro de la unidad familiar, adoptan una formulaci√≥n impulsiva, rara vez son violentos o planificados y tienden a manifestar sentimientos de arrepentimiento postmortem moviendo el cuerpo o cubri√©ndolo a causa de sentimientos de verg√ľenza ( H√§kk√§nen-Nyholm et al., 2009 ).

Comparando ambos sexos, los hombres suelen utilizar m√°s com√ļnmente armas de fuego que las mujeres pero sin encontrar diferencias en lo relativo al n√ļmero de heridas infligidas a sus v√≠ctimas o la ingesta de alcohol o consumo de drogas en el momento del crimen ( H√§kk√§nen-Nyholm et al., 2009 ).

Si bien esta investigación se refiere indistintamente a homicidios de forma genérica, cabe diferenciar el homicidio de un tipo cualificado del mismo, el asesinato, ambos considerados en su forma consumada o en grado de tentativa (art. 16 del Código Penal). Así, cuando en este trabajo se haga referencia a homicidios en la pareja se estarán teniendo en cuenta los cuatro tipos mencionados.

Centrándonos en la EC, el análisis de la misma se integra conceptualmente en la técnica de perfilación criminal como uno de sus componentes básicos, además de la victimología, el modus operandi/firma y los hallazgos forenses ( Ainsworth, 2008; Canter y Larkin, 1993; Crabbé et al., 2008; Douglas, Ressler, Burguess y Hartman, 1986; Ressler y Burguess, 1985; Schlesinger, 2009; Soothill, Francis y Ackerley, 2007; Verde y Nurra, 2010 ).

Desde los a√Īos setenta observamos un incremento en el n√ļmero de estudios orientados a clasificar el homicidio en funci√≥n de los comportamientos presentes en la EC ( Salfati y Park, 2007 ), pudi√©ndose establecer diferencias seg√ļn su n√ļmero, √ļnica o m√ļltiple, y en funci√≥n de su estructuraci√≥n, organizada o desorganizada ( Hazelwood y Douglas, 1980; Ressler y Burguess, 1985 ). A pesar de las cr√≠ticas recibidas, la segunda clasificaci√≥n sigue todav√≠a vigente en el an√°lisis de la EC de un crimen violento entendida no s√≥lo como el espacio f√≠sico en el cual acontece el crimen, sino tambi√©n como un proceso din√°mico que permite conocer el tipo de interacci√≥n sostenida entre agresor y v√≠ctima y las caracter√≠sticas de personalidad de ambos, especialmente del agresor, a partir de la inferencia de los comportamientos realizados en la misma ( Canter, 2004; Salfati y Canter, 1999; Snook, Cullen, Bennell, Taylor y Gendreau, 2008 ).

La agrupación de las temáticas conductuales aparecidas en la EC en violencia expresiva e instrumental facilita la comprensión del tipo de personalidad del autor, su motivación y su consistencia comportamental, al existir diversos crímenes, facilitando en conjunto su aprehensión ( Horning et al., 2010; Salfati, 2000; Salfati y Bateman, 2007; Salfati y Canter, 1999; Salfati y Dupont, 2006; Salfati y Haratsis, 2001; Sorochinski y Salfati, 2010; Thijssen y De Ruiter, 2011 ).

En conclusión, en el homicidio en la pareja se trataría de una interacción entre víctima y agresor con un vínculo emocional entre ambos y donde los comportamientos del segundo nos ayudan a comprender el proceso criminal fruto de sus motivaciones y el proceso con la víctima, apareciendo todo ello reflejado en la EC ( Last y Fritzon, 2005; Santtila et al., 2001; Salfati, 2000 , 2003, citada en Salfati y Bateman, 2005).

Los objetivos de la presente investigaci√≥n son: a) establecer la prevalencia de un determinado tipo de violencia, expresiva o instrumental, en los homicidios en la pareja en Espa√Īa y b) analizar si existen diferencias seg√ļn el sexo del autor en funci√≥n del tipo de violencia (expresiva o instrumental) reflejada en la EC y en las conductas criminales que intervienen.

Método Participantes

La muestra del estudio incluy√≥ 322 casos de homicidio y asesinato consumado o en grado de tentativa cometidos entre miembros de una pareja, procedentes de sentencias firmes dictadas por las Audiencias Provinciales de las Comunidades Aut√≥nomas espa√Īolas y/o el Tribunal Supremo entre los a√Īos 2000-2010.

La muestra estuvo formada por un 87.9% de agresores varones, siendo el sexo femenino esencialmente víctima (86.3%). La relación más frecuente entre agresor y víctima era el matrimonio (44.1%), seguida de relación de pareja (31.4%) y ex pareja (23.3%). El delito más frecuente fue el homicidio en grado de tentativa (36.6%) seguido del asesinato (28.6%) ( tabla 1).

Tabla 1

An√°lisis deivo de la muestra

Variable  Categor√≠a  N 
Sexo del agresor Hombre  283  87.9 
Mujer  36  11.2 
Sexo de la v√≠ctima Hombre  43  13.4 
Mujer  278  86.3 
Tipo de relaci√≥n Ex pareja  75  23.3 
Pareja de hecho/convivencia  101  31.4 
Matrimonio  126  42.1 
Nueva pareja  1.2 
Delito cometido Homicidio  56  17.4 
Tentativa de homicidio  118  36.6 
Asesinato  92  28.6 
Tentativa de asesinato  56  17.4 
Instrumento

Para la recogida de datos, se utiliz√≥ el Protocolo de An√°lisis del Crimen Violento en Homicidios Familiares (PACVHF) ( Soria, 2012; Soria y Garc√≠a, 2011 ). Se trata de un cuestionario constituido por un total de 96 cuestiones que se divide en diferentes bloques tem√°ticos: datos identificativos jur√≠dicos, informaci√≥n del agresor y la v√≠ctima incluyendo aspectos biogr√°ficos, estilo de vida, n√ļcleo familia, etc., variables relativas al momento del crimen (cronolog√≠a, lugar geogr√°fico y espec√≠fico, aproximaci√≥n del agresor a la v√≠ctima), la EC (estado de la v√≠ctima en el momento del descubrimiento del cuerpo, ropa y objetos personales de la misma, causa de la muerte y traumatismos, actividad sexual, informaci√≥n sobre el arma), datos relativos a los testigos, hallazgos forenses y consideraciones jur√≠dico-penales.

Procedimiento

La base de datos utilizada procede de una investigación sobre homicidios familiares llevada a cabo por Soria y García (2011) , la cual contenía un total de 517 casos. Filtrados en función de si existía una relación afectiva entre víctima y agresor (pareja, matrimonio o ex pareja) se redujeron a 322, objeto de análisis.

Posteriormente se recodificaron las variables relativas a las conductas presentes en la EC seg√ļn el marco te√≥rico y las investigaciones precedentes sobre violencia expresiva e instrumental ( Salfati, 2000; Salfati y Canter, 1999; Salfati y Dupont, 2006; Salfati y Haratsis, 2001; Salfati y Park, 2007; Santtila et al., 2001; Santtila et al., 2003 ; Thijsen y De Ruiter, 2010) seleccion√°ndose tres:

  • -

    Conciencia forense : interés del agresor en la modificación de la EC destruyendo pruebas para evitar ser descubierto. A nivel operacional se conformó una respuesta dicotómica considerándose afirmativa cuando el agresor se llevó pruebas de la EC o el arma en la fase postcriminal.

  • -

    Estructuración : grado de planificación del delito por parte del agresor. Operacionalmente se estableció su ausencia cuando el agresor cogió el arma de la EC (oportunista) o su presencia si la llevó consigo (planificada). Así, esta conducta hace referencia a la fase precriminal cuando el agresor elabora y planifica el acto.

  • -

    Conducta criminal : como categor√≠as de respuesta se establecieron la asfixia, el golpe con objeto contundente, los cortes e incisiones, el envenenamiento, el disparo, la estrangulaci√≥n, el apu√Īalamiento y las quemaduras.

Estas conductas y sus respectivas categorías de respuesta fueron clasificadas con el objetivo de construir la dicotomía de violencia expresiva o instrumental en función de los resultados hallados en la mayoría de los estudios analizados (es decir, si la conducta de asfixia se encontró en cinco investigaciones y tres autores la clasificaron como violencia expresiva, se consideró de esta manera).

En consecuencia, se clasificaron como conductas expresivas la estructuraci√≥n (tanto si la elecci√≥n del arma es oportunista como si es elegida),la asfixia, el golpe con objeto contundente, el disparo y el apu√Īalamiento. Como instrumentales la conciencia forense, la estrangulaci√≥n y las quemaduras. Los cortes e incisiones y el envenenamiento fueron clasificados como indeterminados debido a la ausencia de acuerdo entre los autores. No obstante, la primera, por analog√≠a con el apu√Īalamiento, podr√≠a ser considerada expresiva y la segunda, al ser un m√©todo planificado, instrumental.

A partir del programa IBM SPSS Statistics 20 se llevó a cabo primero un análisis deivo de los datos para establecer la distribución de las variables en la muestra y posteriormente se realizó un análisis bivariado de la relación entre el sexo y las conductas de la escena del crimen analizando mediante la prueba de chi cuadrado las diferencias estadísticas encontradas.

Resultados

En conjunto, el 55% de las conductas de la muestra fueron expresivas, el 27% instrumentales y el 18% indeterminadas, en funci√≥n de la clasificaci√≥n previa seg√ļn el tipo de violencia, si bien dentro de la conducta criminal las categor√≠as que forman esta variable se clasifican tambi√©n seg√ļn la violencia que representan: el 50% expresivas, el 25% instrumentales y el restante 25% indeterminados.

Ninguno de los dos grupos establecidos en funci√≥n del sexo del agresor mostr√≥ diferencia en la conciencia forense, por lo que ni hombres (98.2%) ni mujeres (97.2%) se llevaron pruebas o el arma de la EC. Respecto al grado de estructuraci√≥n, ambos grupos eligieron previamente el arma utilizada en el crimen (74.5% y 77.2%). En la conducta criminal, destaca el apu√Īalamiento, que es m√°s numeroso en mujeres (48.4% y 72.2%), seguido del golpe con objeto contundente (19.1 y 8.3%), ambas conductas expresivas.

En relación al resto de conductas criminales, aquellas que requieren de una mayor fuerza para ser ejecutadas como la asfixia y la estrangulación fueron superiores porcentualmente en hombres (3.5% y 8.5% respecto a 2.8% en ambos casos), igual que los cortes e incisiones (7.4% vs. 5.6%) y el disparo (6% vs. 2.8%). Las mujeres homicidas emplearon en más ocasiones el envenenamiento (5.6% vs. 0.7%) y las quemaduras (5.6% vs. 2.8%).

Las conductas más comunes fueron las expresivas, mientras que las instrumentales, asociadas a conciencia forense, estrangulación y quemaduras, tuvieron menor representatividad en la muestra.

Respecto a la relaci√≥n entre el sexo de los agresores y las conductas criminales aparecidas en la EC, las de envenenamiento y apu√Īalamiento fueron superiores en mujeres, existiendo relaci√≥n entre ambas variables con el sexo del agresor, en este caso mujer ( tabla 2).

Tabla 2

Distribución de los agresores en función de las conductas en la EC y asociación estadística

Variable  Hombres N  Mujeres N  ?2  Significaci√≥n asint√≥tica a   gl 
Conciencia forense          0.177  .674 
S√≠  1.8  2.8       
No  278  98.2  35  97.2       
Estructuraci√≥n          0.043  .836 
Arma oportunista  14  25.5  22.2       
Arma elegida  41  74.5  77.8       
Conducta criminal  10  3.5  2.8       
Asfixia  10  3.5  2.8  0.560  .812 
Objeto contundente  54  19.1  8.3  2.514  .113 
Cortes/Incisiones  21  7.4  5.6  0.166  .684 
Envenenamiento  0.7  5.6  6.064  .014 *  
Estrangulaci√≥n  24  8.5  2.8  1.438  .230 
Disparo  17  6.0  2.8  0.626  .429 
Pu√Īaladas  137  48.4  26  72.2  7.247  .007 *  
Quemaduras  2.8  5.6  0.783  .376 
a

Significación asintótica bilateral.

*

p > .05

Discusión

En relación al primer objetivo del estudio relativo a analizar el tipo de violencia predominante en la EC de homicidios cometidos en la pareja, aparece un predominio de las conductas expresivas en detrimento de las instrumentales apoyando los resultados encontrados en países como Reino Unido ( Salfati, 2000 ), Grecia (Salfati y Haratsis, 2001), Finlandia ( Santtila et al., 2001) y Bélgica (Thijssen y De Ruiter, 2011 ), si bien la instrumentalidad y la indeterminación de las conductas resultó más notable en los estudios anteriores de Reino Unido (Salfati y Canter, 1999) y Corea (Salfati y Park, 2007) que en el nuestro.

Así, el carácter predominante expresivo apoya lo establecido por la literatura científica relativa a la vinculación de este tipo de violencia con la existencia de una relación previa, íntima y cercana entre agresor/víctima (Block y Ovcharchyn, 2001; Horning et al., 2010; Kraemer et al., 2004 ; Marcus y Swett, 2003; Thijsen y De Ruiter, 2011).

Los resultados apoyan la expresividad de las conductas criminales. La elevada estructuración basada en la elección del arma respalda la mayoría de estudios previos (Salfati y Dupont, 2006; Salfati y Haratsis, 2001; Salfati y Park, 2007), frente a otros ( Salfati, 2000 ; Thijsen y De Ruiter, 2011). El hecho de la elección del arma con la cual el agresor llevará a cabo la conducta criminal parece contradecir las características propias de la violencia expresiva: impulsividad, espontaneidad y ausencia de planificación, pero apoya la conceptualización de Salfati y Park (2007) sobre una concepción híbrida de expresividad-planificada.

La conciencia forense, clasificada como variable instrumental, resultó ser muy minoritaria concordando con estudios precedentes ( Salfati y Dupont, 2006; Salfati y Haratsis, 2001 ). Ello se justificaría por tratarse de homicidios impulsivos, carentes de planificación previa, careciendo en consecuencia el agresor de un plan posterior a la comisión del crimen ( Horning et al., 2010 ); es más, si el agresor de crímenes expresivos suele arrepentirse del acto y confesarlo no tendría lógica eliminar pruebas ( Santtila et al., 2003).

Respecto a la conducta criminal m√°s com√ļn, se trata del apu√Īalamiento, lo cual coincide con investigaciones precedentes ( Salfati, 2000; Salfati y Dupont, 2006; Salfati y Haratsis, 2001; Salfati y Park, 2007; Santtila et al., 2001 ; Thijsen y De Ruiter, 2011), pudi√©ndose explicar la elevada manejabilidad, facilidad de transporte y presencia habitual de armas blancas en contextos dom√©sticos donde suelen ocurrir este tipo de homicidios.

La asfixia apenas tuvo representaci√≥n en la muestra estudiada, coincidiendo con lo hallado por Salfati (2000), Salfati y Dupont (2006) y Thijsen y De Ruiter (2011), estudios en los que predominaron otras conductas criminales. El envenenamiento tampoco fue habitual ( Salfati, 2000; Salfati y Dupont, 2006; Salfati y Park, 2007 ; Thijsen y De Ruiter, 2011), pese a que la asociaci√≥n de esta variable con el sexo del agresor result√≥ significativa. Este doble resultado sorprende pues se trata de una conducta criminal que requiere planificaci√≥n previa y en consecuencia deber√≠a haberse relacionado con la violencia instrumental. El uso en un peque√Īo porcentaje de la estrangulaci√≥n, as√≠ como de las quemaduras, apoya los resultados precedentes ( Salfati y Dupont, 2006; Salfati y Park, 2007 ). Esto se ajusta al hecho de que son conductas del tipo instrumental de violencia y la mayor√≠a de las presentes en la EC de este tipo de homicidios son expresivas.

Tampoco el disparo con arma de fuego destac√≥ en nuestro estudio consecuentemente con lo encontrado en estudios precedentes ( Salfati, 2000; Salfati y Park, 2007 ; Thijsen y De Ruiter, 2011), pero no en estudios de EEUU ( Salfati y Park, 2007 ). Podr√≠a explicarse por la diferencia del contexto cultural con Espa√Īa, donde hay un mayor control en el acceso a las armas.

En conjunto, observamos c√≥mo en el homicidio en parejas en Espa√Īa la mayor√≠a de conductas aparecidas en la EC son expresivas, de forma similar a lo encontrado en otros pa√≠ses de similar cultura ( Bola√Īos Ceballos, 2011; Horning et al., 2010; Last y Fritzon, 2005; Salfati, 2000; Salfati y Park, 2007; Santtila et al., 2003 ; Trojan y Krull, 2012).

Respecto a las posibles diferencias en las conductas criminales utilizadas por los agresores en funci√≥n de su sexo, no aparecieron diferencias significativas en el tipo de violencia, siendo expresiva en ambos grupos e igualmente com√ļn el apu√Īalamiento seguido del golpe con objeto contundente. Si bien se observaron diferencias en lo relativo al predominio del empleo de envenenamiento y quemaduras por parte de las mujeres, m√°s comunes resultaron en los hombres la estrangulaci√≥n, los cortes e incisiones y el disparo, apoyando lo establecido por H√§kk√§nen-Nyholm et al. (2009) .

Así, los resultados obtenidos en la estructuración mostraron cómo ambos grupos eligieron una misma arma para cometer el delito y no tenían conciencia forense.

Respecto a los resultados hallados en la asociaci√≥n de las variables, debido a las limitaciones de la muestra no fue posible obtener un resultado v√°lido de chi cuadrado al haber un n√ļmero de casos inferior a cinco en diferentes variables, si bien s√≠ result√≥ significativa la asociaci√≥n entre el hecho de ser agresor de g√©nero femenino y emplear la conducta criminal de apu√Īalamiento, por lo que se rechazar√≠a la hip√≥tesis de independencia, concluyendo que ambas variables est√°n relacionadas. En el caso del uso de envenenamiento, aunque el estad√≠stico de asociaci√≥n permit√≠a concluir a priori una relaci√≥n entre esta variable y el sexo del agresor (mujer de nuevo), el an√°lisis no puede considerarse v√°lido porque el n√ļmero de casos fue inferior a cinco.

En resumen, la presente investigaci√≥n pretende poner de manifiesto la inexistencia de estudios en Espa√Īa sobre la escena del crimen y las conductas que se llevan a cabo en ella y el tipo de violencia que se deduce de la misma, aport√°ndose informaci√≥n sobre las caracter√≠sticas de la v√≠ctima, del agresor, de la din√°mica e interacci√≥n criminal entre ambos y de su relaci√≥n. De esta manera, el enfoque desde el que se parte es la Psicolog√≠a Criminal y la Jur√≠dica, aportando un punto de vista diferente a investigaciones precedentes.

Conocer esto permite a los intees de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado facilitar las tareas de investigación en actos criminales de esta índole y guiarla hacia un tipo de sospechoso u otro en función de la motivación reflejada en la escena.

Asimismo, tiene implicaciones prácticas para los diferentes actores del sistema de justicia, al orientar a los miembros de la acusación y de la defensa en su labor y, posteriormente, al del órgano juzgador, teniendo en cuenta las diferentes figuras jurídicas aplicables al caso concreto en forma de eximentes, atenuantes o el tipo de sanción penal.

Limitaciones

Las variables utilizadas en la investigaci√≥n son limitadas pues no todos los comportamientos obrantes en la EC pudieron recogerse de las sentencias judiciales al ser una fuente de informaci√≥n secundaria que s√≥lo recogen aquellas conductas relevantes para la imposici√≥n de la misma, sin finalidad espec√≠fica de investigaci√≥n criminal. Por este motivo, el n√ļmero de valores perdidos de algunas conductas dificulta la construcci√≥n de una variable con poder representativo (por ejemplo, estructuraci√≥n).

No obstante, la recogida de datos a partir de una fuente secundaria coincide con investigaciones precedentes, bases de datos y/o informes policiales ( Salfati y Canter, 1999; Salfati y Dupont, 2006; Salfati y Haratsis, 2001; Salfati y Park, 2007; Santtila et al., 2001 ), informes judiciales (Salfati, 2000) y otras investigaciones (Thijssen y De Ruiter, 2011).

Por otro lado, existe una diferencia elevada en el n√ļmero de casos de la muestra seg√ļn el sexo en los agresores, dificultando el an√°lisis al desequilibrar la muestra, si bien en general cualquier delito violento es llevado a cabo prioritariamente por hombres. El n√ļmero de mujeres fue muy superior, si bien ello es coherente, al tratarse de violencia en la pareja, fundamentalmente ejercida por hombres. Esto ocurre tambi√©n en otros estudios anteriores ( Salfati y Haratsis, 2001; Salfati y Park, 2007; Thijssen y De Ruiter, 2011 ).

La sobrerrepresentación en la muestra de los hombres como agresores y de las mujeres como víctimas en el estudio de las conductas criminales pudo afectar a que sólo dos de ellas resultaran significativas.

Propuestas de futuro

Si bien la muestra de la investigaci√≥n contiene un n√ļmero de casos superior al utilizado en otros estudios ( Salfati y Canter, 1999; Salfati y Dupont, 2006; Salfati y Park, 2007; Thijssen y De Ruiter, 2011 ), existe una elevada p√©rdida de valores estad√≠sticos, por lo que es necesario utilizar una fuente de informaci√≥n primaria, facilitando una recogida sistem√°tica de las conductas presentes en la EC.

Consideramos necesario ampliar el estudio de las conductas presentes en la EC en otros delitos violentos, como pueden ser homicidios entre desconocidos para identificar posibles efectos de la existencia o no de nexos afectivos entre víctima y agresor o los cambios en su interacción criminal. Ello determinaría la posible existencia de consistencia conductual cuando aparecen varias escenas del crimen y facilitaría la investigación criminal.

Financiación

Investigación financiada por la Universidad de Barcelona, Proyectos de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades (Resolución de 20 diciembre de 2010).

Conflicto de intereses

Los autores de este art√≠culo declaran que no tienen ning√ļn conflicto de intereses.

Copyright © 2018. Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid

© Copyright 2018. Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ContactPrivacy PolicyCookies Policy

We use our own and third­party cookies. The data we compile is analysed to improve the website and to offer more personalized services. By continuing to browse, you are agreeing to our use of cookies. For more information, see our cookies policy

Aceptar
80ba415c6f93db5206097b5f39202ddb