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Vol. 26. Núm. 1. 2016. Páginas 88-101

Procesos cognitivos distorsionados en la conducta agresiva y antisocial en adolescentes

Distorted cognitive processes in aggressive and antisocial behavior in adolescents

Ronceroa,David Andreu, Jos茅 M. Pe帽a, M. Elena

Resumen

En el presente trabajo se realiza una revisión de diferentes aportaciones teóricas y empíricas que abordan la relación entre las conductas agresivas y antisociales en la adolescencia y un conjunto de procesos cognitivos distorsionados que interfieren en la percepción y comprensión de los eventos o experiencias sociales. A partir de las diferentes aproximaciones teóricas, en esta revisión se sugiere la necesidad de contar con una perspectiva más integradora que permita una mejor conceptualización y tipificación de estos procesos cognitivos distorsionados, a fin de clarificar la naturaleza y la función específica que cada uno de ellos desempeña en la explicación del comportamiento agresivo y antisocial en adolescentes. 

Abstract

A review of different theoretical and empirical contributions about the relationship between antisocial behavior in adolescence and distorted cognitive processes, which interfere with the perception and understanding of social events or experiences, is presented in this study. According to different theoretical approaches, it is necessary to take into account a more comprehensive perspective that allows a better conceptualization and characterization of these distorted cognitive processes and, therefore, that clarifies the nature and specific function they play in the explanation of aggressive and antisocial behavior in adolescents. 

Desde diversos 谩mbitos de estudio de la psicolog铆a se ha enfatizado la importancia de los procesos cognitivos distorsionados en el desarrollo y mantenimiento de las conductas agresivas o antisociales. Estos procesos cognitivos distorsionados han sido descritos y conceptualizados de una manera distinta por diferentes aproximaciones te贸ricas como los mecanismos de desconexi贸n moral de Bandura (1991), el sesgo egoc茅ntrico (Beck, 2003 ), el sesgo de atribuci贸n hostil ( Crick y Dodge, 1994 ), las t茅cnicas de neutralizaci贸n ( Sykes y Matza, 1957 ), los errores de pensamiento ( Yochelson y Samenow, 1976 ), los guiones cognitivos agresivos ( Huesmann, 1988 ), las creencias normativas justificadoras de la agresi贸n ( Huesmann y Guerra, 1997 ) y las distorsiones cognitivas auto-sirvientes propuestas por Gibbs, Potter y Goldstein (1995) . Seg煤n estas teor铆as socio-cognitivas, el comportamiento agresivo y antisocial estar铆a asociado a la presencia de alteraciones en la interpretaci贸n de determinadas situaciones sociales. Sin embargo, tal como se帽ala Huesmann (1988) , hay que tener en cuenta que ning煤n proceso cognitivo puede por s铆 mismo dar una explicaci贸n completa del comportamiento agresivo o antisocial en los seres humanos ya que, en general, la probabilidad de que ocurran estos comportamientos ser谩 mayor cuanto m谩s factores de riesgo est茅n presentes en una persona, teniendo en cuenta la interacci贸n de condiciones biol贸gicas (neurol贸gicas, gen茅ticas, perinatales) y ambientales ( Luengo, Romero, G贸mez, Guerra y Lence, 2007; Schilling, Walsh y Yun, 2011; Tuvblad, Narusyte, Grann, Sarnecki y Lichtenstein, 2011; Tarter et al., 2011; Whitten, 2013 ). Una revisi贸n exhaustiva de los diferentes factores de riesgo para el desarrollo de conductas antisociales en los adolescentes puede consultarse en Pe帽a (2011).

As铆, un supuesto general que de una forma m谩s o menos expl铆cita asumen los modelos que presentaremos a continuaci贸n es que los procesos cognitivos distorsionados que favorecen la conducta agresiva o antisocial surgen y se desarrollan a partir de la interacci贸n entre las condiciones biol贸gicas del sujeto y sus experiencias vitales ( Dodge, 1993; Huesmann y Eron, 1989 ); una vez aprendidos, esos procesos cognitivos distorsionados servir谩n de marco para la interpretaci贸n de situaciones sociales futuras, de manera que se mantendr谩n es en el tiempo, retroaliment谩ndose a s铆 mismos ( Dodge, 2006).

D茅ficits en el procesamiento de la informaci贸n social

Primeramente Dodge (1986) y posteriormente Crick y Dodge (1994) intentan explicar los procesos cognitivos subyacentes a la agresi贸n mediante un modelo te贸rico que tiene su origen en estudios experimentales con ni帽os, en los que 茅stos deb铆an reconocer y clasificar las intenciones que motivaban el comportamiento agresivo de sus pares ( Dodge, 1980; Dodge, Murphy y Buchsbaum, 1984 ).

Estos autores plantean que las personas, a la hora de afrontar una situaci贸n social, llevan a cabo una serie de pasos cognitivos previos a la emisi贸n de una repuesta. En concreto, el modelo propone cuatro pasos: (a) codificaci贸n de las se帽ales sociales: b煤squeda y recogida de la informaci贸n disponible en el entorno, focalizando la atenci贸n sobre la informaci贸n social relevante, (b) representaci贸n e interpretaci贸n de dicha informaci贸n: dotar de un significado a las se帽ales que se han atendido y codificado, integr谩ndolas en la memoria sobre eventos pasados, (c) b煤squeda de respuesta: generaci贸n de soluciones posibles ante la situaci贸n y (d) toma de decisi贸n de respuesta: selecci贸n de una respuesta a partir de la evaluaci贸n de las consecuencias potenciales de cada una de las soluciones posibles.

Estos cuatro pasos pueden agruparse en dos procesos de orden superior. El primero de ellos integra los pasos primero y segundo, en los cuales los sujetos atienden y codifican determinadas se帽ales de la situaci贸n social para despu茅s construir una interpretaci贸n dotada de significado. El tercer y cuarto paso, sin embargo, constituyen un segundo proceso orientado a la emisi贸n de la respuesta.

En la reformulaci贸n propuesta por Crick y Dodge (1994) se propone un procesamiento m谩s din谩mico e interactivo, en el que la senda que sigue un determinado est铆mulo hasta irse en una respuesta conductual puede ser distinta en cada caso, asumi茅ndose adem谩s que muchas operaciones mentales pueden darse en paralelo. Los pasos cognitivos que se llevan durante el procesamiento de la informaci贸n se ampl铆an de cuatro a seis: (a) codificaci贸n de se帽ales internas y externas, (b) interpretaci贸n y representaci贸n mental de esas se帽ales, (c) clarificaci贸n o selecci贸n de una meta, (d) acceso o elaboraci贸n de la respuesta, (e) elecci贸n de la respuesta y (f) dar la respuesta elegida .

Al igual que ocurr铆a en el modelo original, durante los dos primeros pasos de codificaci贸n e interpretaci贸n , las personas atienden ivamente a determinados indicios de la situaci贸n y tambi茅n a las se帽ales internas, codificando e interpretando despu茅s estas se帽ales. Tal interpretaci贸n puede llevarse a cabo por uno o m谩s de los siguientes procesos independientes ( Crick y Dodge, 1994 ): (a) representaci贸n mental de las claves situacionales que se almacenan en la memoria a largo plazo, (b) an谩lisis causal de los acontecimientos que se han producido en la situaci贸n, (c) inferencias acerca de las perspectivas de los dem谩s y atribuci贸n de sus intenciones, (d) evaluaci贸n de resultados anteriores en situaciones similares, (e) evaluaci贸n de la autoeficacia para conseguir la meta propuesta y (f) inferencias sobre el significado del intercambio presente y de otros anteriores, para uno mismo y para los otros.

Los 煤ltimos cuatro pasos est谩n orientados hacia la g茅nesis y emisi贸n de una respuesta. En primer lugar se selecciona un objetivo deseado ( clarificaci贸n/selecci贸n de metas ) y se accede a la memoria para recuperar posibles respuestas ante situaciones similares ( elaboraci贸n de respuesta) , para posteriormente evaluar y seleccionar la respuesta que se considere m谩s favorable ( elecci贸n de la respuesta ) en funci贸n de las expectativas sobre las consecuencias, de la percepci贸n de autoeficacia y de la adecuaci贸n de cada respuesta, lo que dar谩 como resultado la ejecuci贸n final de la respuesta elegida.

Estos seis pasos hacen referencia a acciones de pensamiento inmediato , en la medida en que aparecen al tiempo de procesar y emitir la respuesta, pero el modelo tambi茅n contempla otras estructuras mentales latentes que influyen indirectamente en la conducta. Estas estructuras constituyen el conocimiento social y se forman a partir de experiencias sociales previas almacenadas en la memoria . Se conciben como esquemas o heur铆sticos , reglas simplificadas que ayudan a interpretar las se帽ales internas o externas haciendo el procesamiento m谩s eficiente, pero asumiendo el riesgo de generar juicios inexactos a partir de errores en la interpretaci贸n de los sucesos.

Las estructuras mentales latentes y el procesamiento inmediato interact煤an continuamente a trav茅s de un procesamiento bidireccional, ya que el resultado de las respuestas se almacenar谩 en la memoria como parte del conocimiento social para ser recuperado en situaciones futuras ( Crick y Dodge, 1994 ), de tal manera que los esquemas continuamente pueden alterarse en funci贸n de las experiencias interpersonales. Una representaci贸n gr谩fica del modelo reformulado puede contemplarse en la figura 1.

Figura 1

Reformulaci贸n del Modelo del Procesamiento de la Informaci贸n Social ( Crick y Dodge, 1994).

Una aportaci贸n posterior al modelo del procesamiento de la informaci贸n social es la de Lemerise y Arsenio (2000) . Estos autores afirman que las situaciones interpersonales son situaciones que frecuentemente implican una activaci贸n emocional, por lo que las estructuras mentales latentes que conforman la base de datos tambi茅n deben incluir enlaces a acontecimientos afectivos . As铆, se debe tener en cuenta el estado de 谩nimo previo a la situaci贸n de interacci贸n, la naturaleza de la relaci贸n afectiva con quien se est谩 interaccionando, la percepci贸n de la emoci贸n que experimenta el otro o la capacidad emp谩tica.

A partir del planteamiento general del modelo, las conductas agresivas se conciben como el resultado de determinados d茅ficits en los diferentes pasos del procesamiento de la informaci贸n social, fundamentalmente una propensi贸n a atribuir intenciones hostiles al comportamiento de los dem谩s (d茅ficit en el paso segundo de interpretaci贸n de se帽ales ) o una tendencia a evaluar m谩s positivamente las soluciones agresivas, que ser铆a propio del paso quinto de elecci贸n de la respuesta ( Dodge y Tomlin, 1987; Lochman y Dodge, 1994 ). Por otra parte, cada uno de estos d茅ficits dar铆a lugar a patrones agresivos diferenciados, de tal manera que el sesgo de atribuci贸n hostil ser铆a caracter铆stico de la agresi贸n reactiva, mientras que una evaluaci贸n favorable de la agresi贸n ser铆a el factor principal para comprender la agresi贸n proactiva o instrumental ( Crick y Dodge, 1996; Dodge y Coie, 1987 ).

La interpretaci贸n de se帽ales: el sesgo de atribuci贸n hostil

En el caso de la agresi贸n reactiva se considera que el desencadenante es la percepci贸n de una amenaza por lo que, en estos casos, el elemento clave es un error de procesamiento denominado sesgo de atribuci贸n hostil o, m谩s recientemente, estilo de atribuci贸n hostil (Dodge, 2006 ); este sesgo hace referencia a una tendencia a interpretar de manera incorrecta las se帽ales sociales, atribuyendo una intenci贸n hostil e intencionada ante un perjuicio sufrido en una condici贸n estimular ambigua.

Dodge (2006) afirma que atribuir intenciones hostiles ante los comportamientos que nos causan da帽o es una tendencia universal, por lo que ser capaz de discriminar que una acci贸n que nos provoca un perjuicio podr铆a estar motivada por una intenci贸n benigna, sujeto al desarrollo cognitivo que se comienza a alcanzar en torno al tercer a帽o de vida. No todos los ni帽os aprenden a identificar las se帽ales de una manera adecuada y algunos pueden desarrollar una tendencia a atribuir intenciones hostiles en funci贸n de esquemas disfuncionales que nacen de determinadas experiencias de diversa 铆ndole en etapas tempranas de la vida, como puede ser haber sufrido abusos f铆sicos, el aprendizaje por modelado de tendencias de atribuci贸n hostil por parte de los referentes adultos, los fracasos en la superaci贸n de tareas vitales importantes o incluso otros factores culturales, como crecer en una sociedad que valora positivamente la agresi贸n, la autodefensa o la venganza.

Diversos estudios emp铆ricos han puesto de manifiesto la importancia del sesgo de atribuci贸n hostil en la agresi贸n ( Cillessen, Lansu y Berg, 2014; De Castro, Veerman, Koops, Bosch y Monshouwer, 2002 ), especialmente en la agresi贸n reactiva ( Dodge, Price, Bachorowski y Newman, 1990; Yaros, Lochman, Rosenbaum y Jim茅nez-Camargo, 2014 ). As铆, parece que los adolescentes violentos presentan una mayor tendencia a atribuir intenciones negativas a los dem谩s en condiciones estimulares ambiguas en comparaci贸n con los adolescentes no agresivos ( Crick y Dodge, 1996; Lochman y Dodge, 1994 ). Tambi茅n en adultos se obtienen resultados similares. Sch枚nenberg y Jusyte (2014) examinaron el sesgo de atribuci贸n hostil en una muestra de 55 delincuentes violentos encarcelados, en comparaci贸n con un grupo de sujetos control a trav茅s de una tarea que consist铆a en identificar adecuadamente las emociones contenidas en expresiones faciales ambiguas. Los resultados indicaron que el grupo de delincuentes violentos, en comparaci贸n con el grupo control, tend铆a en mayor medida a interpretar como hostiles los rostros que mostraban una mayor ambig眉edad en la expresi贸n de emociones.

El sistema de evaluaci贸n de la respuesta y la toma de decisiones

La percepci贸n de amenaza no es un elemento necesario para la agresi贸n proactiva ( Berkowitz, 1996 ), pues en este subtipo de agresi贸n cobra una gran importancia la valoraci贸n favorable de las respuestas agresivas. El d茅ficit caracter铆stico se producir谩, por tanto, en el quinto paso de elecci贸n de la respuesta , al considerarse la agresi贸n como una manera adecuada para conseguir los propios objetivos ( Crick y Dodge, 1994, 1996; Dodge y Coie, 1987 ).

Dada la importancia de este quinto paso de procesamiento en el caso de la agresi贸n proactiva, Fontaine y Dodge (2006) desarrollaron un modelo espec铆fico para explicar el funcionamiento del proceso de elecci贸n de respuesta. Este modelo se denomina 鈥渆valuaci贸n de la respuesta y toma de decisiones鈥 [Response Evaluation and Decision, RED] y est谩 concebido para integrarse dentro del modelo general del procesamiento de la informaci贸n social, asumiendo un rol mediador entre el sesgo de atribuci贸n hostil y la respuesta agresiva ( Fontaine et al., 2010 ). Este modelo espec铆fico pretende esclarecer algunas cuestiones que el modelo general dejaba sin responder, como el papel de la impulsividad o la existencia de mecanismos previos de filtrado que sirvan para excluir aquellas respuestas que el sujeto considera inacep a priori.

As铆, durante el proceso de toma de decisiones y elecci贸n de respuesta, un individuo puede considerar varias alternativas en funci贸n de cinco procesos evaluativos: (a) aplicaci贸n de un primer umbral de aceptabilidad en la respuesta, mediante el cual se descartan las respuestas inacep a priori, (b) estimaci贸n de la probabilidad de que la respuesta ser谩 eficaz y del valor moral de la acci贸n, (c) expectativas sobre las consecuencias de la respuesta y el valor personal de las mismas, d) comparaci贸n de las diferentes opciones de respuesta y (e) selecci贸n de la respuesta m谩s apropiada (ver fig. 2).

Figura 2

Representaci贸n del Modelo Response Evaluation and Decision - RED (Fontaine y Dodge, 2006).

El procesamiento real del sistema RED puede seguir diversas v铆as, saltarse o evitar determinados procesos. No siempre las personas se comportan de manera meditada y reflexiva, sino que en determinadas circunstancias se pueden ofrecer respuestas impulsivas regidas principalmente por esquemas o guiones cognitivos preexistentes. En el contexto del procesamiento de la informaci贸n social, la impulsividad es concebida como la respuesta inmediata a partir de un gui贸n comportamental al que se ha accedido desde la memoria, emitida directamente sin estar sujeta a las constricciones impuestas por la evaluaci贸n u otros criterios discriminativos. Una impulsividad extrema se operativiza como el establecimiento de un umbral de aceptabilidad igual a cero en el que no se establece ninguna restricci贸n en la respuesta generada. Sin embargo, un umbral de aceptabilidad cero es poco com煤n, por lo que es m谩s adecuado concebir la impulsividad como un continuo definido por graduaciones de aceptabilidad ( Fontaine y Dodge, 2006).

En conclusi贸n, el modelo del procesamiento de la informaci贸n social ha sido una de las conceptualizaciones te贸ricas m谩s relevante en los 煤ltimos a帽os para entender el comportamiento agresivo, especialmente en cuanto a su desarrollo desde la ni帽ez hasta la adolescencia, contando con un amplio soporte emp铆rico ( Fontaine et al., 2010).

Los esquemas o guiones cognitivos

Estos factores fueron propuestos por Huesmann (1988) para explicar la adquisici贸n y desarrollo durante la infancia temprana del comportamiento agresivo persistente. Huesmann entiende que la agresi贸n emerge en etapas tempranas del desarrollo y que se adquiere a trav茅s de procesos de aprendizaje directo y vicario, pero el desarrollo de estos procesos de aprendizaje estar谩 influido por las capacidades cognitivas de los ni帽os y por otros procesos referentes al procesamiento de la informaci贸n.

El concepto fundamental en torno al cual se desarrolla todo el modelo es el de gui贸n cognitivo [ ]. Seg煤n Huesmann, 1988 y Huesmann y Eron, 1989 estos guiones son un tipo de esquemas cognitivos concebidos como programas conductuales almacenados en la memoria que se usan como gu铆as de actuaci贸n en situaciones sociales y que son aprendidos en la infancia a trav茅s de un doble proceso que implica la codificaci贸n inicial de comportamientos observados seguida de ensayos repetidos, de tal manera que al principio de su instauraci贸n estos guiones son procesos conscientemente controlados y posteriormente, a medida que son usados de forma repetida, se van convirtiendo en procesos autom谩ticos. Las se帽ales o situaciones especialmente sobresalientes o significativas previsiblemente ser谩n codificadas con mayor probabilidad, aunque este proceso de codificaci贸n tambi茅n se ver谩 influenciado por el estado emocional y el contenido de la memoria que presenta el sujeto en el momento de la codificaci贸n; por otra parte, para mantener y consolidar un gui贸n codificado en la memoria se necesita ensayarlo repetidas veces, ya sea a trav茅s del simple recuerdo de la escena observada, a trav茅s de fantasear sobre ella, o bien poni茅ndola en pr谩ctica ( Huesmann, 1988).

Tomando como base esta idea, el modelo explica el comportamiento agresivo como una consecuencia del aprendizaje de guiones cognitivos agresivos durante la infancia, los cuales son almacenados en la memoria y recuperados de manera habitual en distintas situaciones sociales. Como puede observarse en este modelo de toma de decisiones, existen tres momentos clave en el procesamiento de la informaci贸n: la evaluaci贸n de las se帽ales ambientales, la b煤squeda y recuperaci贸n de guiones en la memoria y la evaluaci贸n de los guiones generados antes de emitir un comportamiento ( fig. 3).

Figura 3

Proceso de recuperaci贸n de los guiones de la memoria ( Huesmann, 1988).

Seg煤n Huesmann (1988) , la evaluaci贸n e interpretaci贸n de las se帽ales percibidas puede variar de una persona a otra en funci贸n de la historia de aprendizaje y puede estar afectada por factores emocionales. As铆, cuando un ni帽o se enfrenta a una situaci贸n social, lo hace con un estado emocional preexistente y ese estado emocional condicionar谩 las se帽ales a las que se atiende y la evaluaci贸n de las mismas. El estado emocional abarca un componente de activaci贸n fisiol贸gica y un componente cognitivo. El componente cognitivo del estado emocional estar谩 influido por la historia pasada de reforzamiento y por las atribuciones que la persona ha hecho de tales reforzamientos; por ejemplo, un ni帽o expuesto repetidamente a situaciones de frustraci贸n, que atribuye a la acci贸n intencionada de los otros, puede encarar una situaci贸n social con un sentimiento de hostilidad hacia los dem谩s ( Huesmann, 1988 ). Como el estado emocional puede perdurar en el tiempo, es posible que los ni帽os se enfrenten a una situaci贸n social con una emoci贸n que no se corresponde. Si una persona llega a una determinada situaci贸n social con una emoci贸n preexistente de ira, atender谩 de manera m谩s probable a los est铆mulos m谩s destacados, ignorando otras claves tambi茅n importantes; despu茅s, la evaluaci贸n de esas se帽ales codificadas puede conllevar una percepci贸n de hostilidad que quiz谩s no existe. En todo caso, seg煤n este modelo, la evaluaci贸n de las se帽ales percibidas en la situaci贸n normalmente dar谩 lugar a una revisi贸n o actualizaci贸n del estado emocional.

El estado emocional revisado, junto con las propiedades objetivas de los est铆mulos de la situaci贸n y la evaluaci贸n cognitiva desencadenada por la situaci贸n estimular, determinar谩 qu茅 guiones ser谩n recuperados de la memoria. Sin embargo, este proceso de b煤squeda y recuperaci贸n de un gui贸n cognitivo tambi茅n se ver谩 afectado por otros factores predisponentes, como el propio contenido de la memoria y las diferentes caracter铆sticas de cada individuo en cuanto al procedimiento de b煤squeda (en general, las aproximaciones m谩s indirectas para solucionar una situaci贸n social requieren de una b煤squeda m谩s intensa y minuciosa). De esta manera, una condici贸n fundamental para que en una situaci贸n concreta una persona act煤e agresivamente es que esa persona tenga almacenados en su memoria guiones cognitivos agresivos ( Huesmann y Eron, 1989).

Sin embargo, no todos los guiones que son recuperados en una situaci贸n social se emplear谩n como gu铆a de comportamiento en tal situaci贸n. Cuando un gui贸n no se considera eficaz o apropiado, se contin煤a el proceso de generaci贸n y valoraci贸n de guiones hasta que se recupera uno que se considera aceptable ( Huesmann, 1988 ). Los guiones son sometidos a un proceso de evaluaci贸n seg煤n dos criterios: la valoraci贸n de las expectativas de eficacia para conseguir el objetivo deseado y el ajuste del gui贸n recuperado a las normas sociales que cada uno tenga interiorizadas, es decir, las propias creencias normativas.

Las creencias normativas (Huesmann y Guerra, 1997 ) son las normas cognitivas individuales sobre la aceptabilidad o no aceptabilidad de una conducta. Sirven para regular las acciones correspondientes a trav茅s del establecimiento de un intervalo de conductas admisibles o prohibidas, filtrando las conductas sugeridas por los guiones cognitivos y estimulando el uso de guiones apropiados ( Guerra, Nucci y Huesmann, 1994; Huesmann y Guerra, 1997 ). Seg煤n este planteamiento, las personas m谩s agresivas deber铆an tener creencias normativas que aprueben o justifiquen la agresi贸n, considerando que 茅sta es una respuesta apropiada para resolver conflictos interpersonales o para obtener lo que uno desea. De esta manera existir谩 una conexi贸n directa entre las creencias normativas y las operaciones de procesamiento de la informaci贸n que finalmente dan lugar al comportamiento, tanto en situaciones novedosas que requieren un procesamiento m谩s controlado como en situaciones familiares en la que el procesamiento cognitivo es autom谩tico.

Los trabajos emp铆ricos que se han llevado a cabo a la luz de este modelo te贸rico se han centrado fundamentalmente en determinar las relaciones entre la conducta violenta y la existencia de creencias y actitudes justificadoras de la misma. Slaby y Guerra (1988) encontraron en adolescentes infractores que cumpl铆an una medida por delitos violentos una asociaci贸n significativa entre la aceptaci贸n de la agresi贸n y la conducta agresiva y delincuencial, haci茅ndose m谩s fuerte esta tendencia cuanto mayor era la edad de los sujetos. Huesmann y Guerra (1997) encontraron c贸mo las diferencias en las creencias normativas justificadoras de la agresi贸n en ni帽os de 6 a帽os predec铆an las diferencias en el comportamiento agresivo de 茅stos un a帽o despu茅s. Andreu, Pe帽a y Larroy (2010) igualmente hallaron que las creencias justificativas de la agresi贸n en una muestra comunitaria de adolescentes de ambos sexos de entre 12 y 17 a帽os de edad correlacionaban, de forma d茅bil pero significativa, con la conducta agresiva. Calvete (2008) tambi茅n hall贸 en una muestra de adolescentes que el esquema de justificaci贸n de la violencia predec铆a la conducta agresiva y delincuencial 6 meses despu茅s de la evaluaci贸n. Calvete y Orue (2010) encontraron que el esquema de justificaci贸n de la violencia ten铆a un importante peso espec铆ficamente en la agresi贸n proactiva. Por 煤ltimo, Orue, Calvete y Padilla (2014) estudiaron el papel mediador del esquema de justificaci贸n de la violencia en la relaci贸n entre exposici贸n a la violencia y conducta agresiva en ni帽os de entre 8 y 12 a帽os, encontrando que ser testigo de violencia predec铆a la conducta agresiva y que esta relaci贸n est谩 mediada por la justificaci贸n de la violencia.

Seg煤n lo expuesto, este modelo en su exposici贸n inicial giraba en torno al concepto de gui贸n cognitivo , mientras que en su posterior desarrollo ha incluido de una manera muy destacada los procesos de razonamiento moral y otorgando una mayor importancia a los juicios morales acerca del propio comportamiento.

Esquemas cognitivos y pensamientos autom谩ticos

La teor铆a cognitiva de Beck ( Beck, 1967; Beck, Rush, Shaw y Emery, 1983 ) fue originalmente concebida para explicar el origen y el mantenimiento de la depresi贸n desde una perspectiva cl铆nica. Posteriormente ha ido extendiendo sus supuestos y principios a otros trastornos emocionales, como los relacionados con la ansiedad ( Beck y Clark, 1988; Beck y Emery, 1985 ) y con la ira (Beck, 2003).

Seg煤n este autor, las respuestas afectivas, fisiol贸gicas y conductuales asociadas a los distintos trastornos emocionales no depender谩n directamente de los acontecimientos que ocurren, sino de la interpretaci贸n que la persona realiza de ellos. La depresi贸n, la ansiedad o la ira en sus extremos patol贸gicos, por tanto, ser谩n el resultado de procesos de pensamiento err贸neos, seg煤n los cuales se confiere un significado incorrecto o exagerado a determinadas experiencias.

La teor铆a cognitiva de Beck distingue tres tipos de componentes cognitivos, los cuales se distribuyen en tres niveles en funci贸n de su profundidad o grado de accesibilidad a la conciencia ( Beck, 2003; Beck et al., 1983 ). Los tres componentes principales ser铆an los esquemas nucleares, los esquemas intermedios y los pensamientos voluntarios/autom谩ticos.

  • a)

    Los esquemas cognitivos nucleares e intermedios se refieren a actitudes y creencias que afectan al procesamiento de la informaci贸n y son definidos como 鈥渆structuras funcionales de representaciones relativamente duraderas del conocimiento y la experiencia anterior鈥 ( Beck y Clark, 1988 , p. 382). Estas estructuras cognitivas gu铆an de forma autom谩tica los procesos atencionales y dirigen la codificaci贸n, almacenamiento y recuperaci贸n de la informaci贸n recogida del entorno, de forma que los est铆mulos congruentes con los esquemas se codifican m谩s f谩cilmente, mientras que el resto de la informaci贸n no se procesa o se olvida. Este procesamiento descendente tiene un car谩cter simplificador que asume una posible p茅rdida de informaci贸n en aras de un principio de 鈥渆conom铆a cognitiva鈥 ( Sanz y V谩zquez, 2008 ). As铆, unos esquemas disfuncionales dar谩n como resultado un procesamiento distorsionado de la informaci贸n, que resultar谩 a su vez en una interpretaci贸n incorrecta de la realidad.

    En el nivel de profundidad mayor encontraremos los esquemas cognitivos nucleares o dominio personal , que son los esquemas de orden jer谩rquico m谩s elevado y los menos accesibles a la conciencia, constituyendo el primer filtro cognitivo en el procesamiento de la informaci贸n. Contienen las ideas centrales sobre uno mismo, sobre el mundo y sobre los dem谩s y determinan a qu茅 tipo de experiencias se les proporcionar谩 ivamente una alta valoraci贸n subjetiva. En el caso de la ira y la hostilidad este modelo se帽ala que la caracter铆stica b谩sica del dominio personal es el sesgo egoc茅ntrico ; este sesgo hace referencia a una tendencia estable a interpretar la realidad seg煤n el punto de vista propio de una manera excesivamente r铆gida, sin tener en cuenta que los dem谩s pueden percibir la situaci贸n desde un marco distinto.

    Los esquemas intermedios constituyen un conjunto de actitudes y creencias sobre el significado de ciertos tipos de experiencias que condicionan la interpretaci贸n y construcci贸n de la realidad ( Sanz y V谩zquez, 2008 ). Son cogniciones algo m谩s accesibles a la conciencia en comparaci贸n con el dominio personal y suelen enunciarse en forma de reglas (鈥渟i..., entonces...鈥, 鈥渄eber铆a...鈥). Estas reglas gu铆an nuestro comportamiento y las expectativas sobre nosotros mismos, sobre los dem谩s y sobre el propio entorno. Los esquemas disfuncionales se diferencian de los esquemas adaptativos tanto en su estructura como en su contenido. En cuanto a la estructura, son m谩s r铆gidos e impermeables, muy poco modificables a partir de la experiencia y con escasa capacidad de acomodaci贸n a la realidad. En cuanto a su contenido, en el caso de la ira-hostilidad, los esquemas o creencias intermedias tendr铆an que ver con la percepci贸n de que ha ocurrido algo que 鈥渘o deber铆a鈥 haber ocurrido porque se han vulnerado nuestros derechos o nuestros valores, percibi茅ndose un ataque hacia la propia identidad o consider谩ndose que se han bloqueado importantes objetivos personales de manera injusta e intencionada por alguien a quien se considera, por tanto, merecedor de un castigo ( Mag谩n, Sanz y Garc铆a-Vera, 2011 ).

    Los esquemas o creencias intermedias permanecen latentes, sin influir en el estado de 谩nimo o en el comportamiento de la persona mientras no sean activados por determinadas experiencias o est铆mulos. Una vez activados por la aparici贸n de un suceso estresante, ser谩n estos esquemas disfuncionales los responsables del procesamiento distorsionado de la informaci贸n. As铆, mientras que los esquemas tendr铆an la consideraci贸n de estructuras funcionales, los errores cognitivos ser铆an los procesos por los cuales la informaci贸n que recogemos del entorno es codificada err贸neamente, dando lugar a conclusiones o juicios incongruentes con la realidad, las distorsiones cognitivas. En lo referente a la ira, Beck se refiere al patr贸n de pensamiento distorsionado caracter铆stico como pensamiento primario (Beck, 2003 ), que se caracteriza por los errores cognitivos de: (a) generalizaci贸n (llegar a una conclusi贸n a partir de un hecho aislado y elaborar una regla con car谩cter general), (b) personalizaci贸n y autorreferencias (atribuir un significado personal a hechos o comentarios que son esencialmente impersonales), (c) pensamiento causal hostil (interpretar las acciones de los dem谩s, neutras o incluso positivas, como negativas, hostiles o maliciosas), (d) atribuci贸n de causas exclusivas (explicar un hecho atendiendo exclusivamente a una sola causa externa, excluyendo otras explicaciones alternativas), (e) pensamiento dic贸tomo (clasificar las situaciones en dos categor铆as extremas, sin considerar las gradaciones intermedias) y (f) abstracci贸n iva (valorar una experiencia centr谩ndose exclusivamente en detalles espec铆ficos descontextualizados que pueden indicar una amenaza e ignorando otros elementos relevantes).

  • b)

    Pensamientos autom谩ticos negativos. El tercer nivel, el m谩s accesible a la conciencia, es el de las cogniciones, pensamientos o im谩genes. Estas cogniciones son el producto m谩s tangible de los procesos anteriormente descritos y constituyen el di谩logo interno del individuo, apareciendo en la mente en forma de palabras, ideas, im谩genes o recuerdos. La teor铆a de Beck se fija especialmente en los pensamientos autom谩ticos negativos, los cuales tienen un car谩cter involuntario, irreflexivo e irrumpen en la conciencia interfiriendo en las actividades de la persona, acept谩ndose como verdaderos sin cuestionamiento racional. Los pensamientos autom谩ticos negativos son producidos directamente por los esquemas disfuncionales activados, en virtud de procesos cognitivos err贸neos o distorsionados. En el caso de la ira, estos pensamientos estar铆an relacionados con una valoraci贸n negativa del otro, deseos de agresi贸n f铆sica o verbal, percepci贸n de injusticia, percepci贸n de que el da帽o sufrido es intencionado, deseo de venganza y necesidad de reparaci贸n del da帽o sufrido ( Mag谩n, 2010).

En resumen, para explicar los trastornos emocionales relacionados con la ira seg煤n la teor铆a de Beck, los esquemas son concebidos como causas remotas, estructuras latentes que se activan ante un suceso espec铆fico, dando como resultado una interpretaci贸n distorsionada de la situaci贸n, cuyo producto ser铆an los pensamientos autom谩ticos espec铆ficos de la ira-hostilidad. Estos pensamientos autom谩ticos negativos son concebidos como las causas inmediatas de la ira y ser铆an los responsables directos de las respuestas emocionales, fisiol贸gicas y conductuales subsiguientes, entre ellas, la agresi贸n (ver fig. 4).

Figura 4

El modelo de Beck sobre la ira.

El desarrollo socio-moral

Bas谩ndose en los trabajos sobre el desarrollo moral de Kohlberg (1963, 1964, 1984) , en la teor铆a de las t茅cnicas de neutralizaci贸n de Sykes y Matza (1957) y en los mecanismos de desconexi贸n moral de Bandura (1991), Gibbs ( Gibbs, 2003; Gibbs, Potter, Barriga y Liau, 1996 ) entiende el comportamiento antisocial y agresivo de los j贸venes como el resultado de determinados d茅ficits o limitaciones en tres niveles de funcionamiento: (a) un d茅ficit en las habilidades sociales, (b) un retraso en el desarrollo del juicio moral y (c) la presencia de distorsiones cognitivas auto-sirvientes.

  • a)

    D茅ficit en habilidades sociales. Con este t茅rmino, Gibbs et al. (1996) se refieren a las conductas equilibradas y constructivas que se ponen en funcionamiento ante situaciones interpersonales dif铆ciles y que consiguen alcanzar un equilibrio justo entre las perspectivas de uno mismo y las de los otros en la medida en la que permiten explicar el propio punto de vista y ser consciente del punto de vista, sentimientos y expectativas de la otra persona.

    Gibbs (2003) propone que los j贸venes antisociales no saben qu茅 pasos dar para resolver eficazmente los problemas interpersonales a los que se enfrentan, por lo que presentan un d茅ficit que puede comprender dos tipos de conductas: (a) aquellos comportamientos antisociales que resultan irresponsablemente sumisos en situaciones de presi贸n social por parte de los iguales y (b) los comportamientos irresponsablemente agresivos en situaciones generadoras de ira y que favorecen a uno mismo a costa de no respetar a los dem谩s.

  • b)

    Retraso en el desarrollo del juicio moral. Hace referencia a la persistencia de la inmadurez moral propia de la infancia durante la adolescencia y la adultez. Seg煤n esta teor铆a, al igual que el comportamiento prosocial proviene en parte de una percepci贸n moral madura, el comportamiento antisocial estar谩 parcialmente originado por percepciones morales basadas en un razonamiento moral retrasado en su desarrollo: el juicio moral superficial.

    El juicio moral superficial hace referencia a una moral marcada por la obediencia a quien ostenta el poder, as铆 como por motivaciones ego铆stas y por una reciprocidad moral concreta y pragm谩tica. Normativamente, en la adolescencia este tipo de razonamientos morales ya han disminuido considerablemente, por lo que cuando un adolescente o un adulto los utiliza de manera exclusiva o predominante se considera que presenta un retraso en su razonamiento moral ( Gibbs et al., 1996).

    Una caracter铆stica fundamental del juicio moral superficial, seg煤n Gibbs (2003), es el sesgo egoc茅ntrico propio de la infancia y la dificultad para adoptar la perspectiva de los dem谩s, de tal manera que los j贸venes transgresores persisten en ese sesgo egoc茅ntrico y tienden a preocuparse por satisfacer sus propias necesidades sin tener en cuenta los efectos que su comportamiento puede tener en los dem谩s.

    Diversas investigaciones muestran c贸mo los adolescentes que presentan una conducta violenta o antisocial suelen presentar, a su vez, un juicio moral superficial. En el meta-an谩lisis realizado por Stams et al. (2006) , en el que se incluyeron m谩s de 50 estudios relativos al razonamiento moral de delincuentes juveniles, encontraron que el retraso en el desarrollo del juicio moral estaba fuertemente asociado con la delincuencia juvenil, incluso despu茅s de controlar el nivel socioecon贸mico, la edad o el nivel intelectual. Gregg, Gibbs y Basinger (1994) (citado en Gibbs, 2003 ), concluyen que el retraso en el juicio moral que presentaban los j贸venes antisociales se daba en todas las 谩reas evaluadas (cumplir las promesas, ayudar a otros y respeto a la vida), aunque el 谩rea de mayor retraso era la relacionada con las razones para desobedecer la ley, ofreciendo motivos que fundamentalmente tienen que ver con el riesgo de ser detenido e ir a prisi贸n. Por su parte, Beerthuizen, Brugman y Basinger (2013) exploraron las relaciones entre el razonamiento moral y la conducta delictiva autoinformada en una muestra comunitaria de adolescentes, obteniendo una correlaci贸n moderada entre el retraso en el razonamiento moral y la conducta delictiva autoinformada, pero s贸lo en varones.

  • c)

    Distorsiones cognitivas auto-sirvientes. Gibbs et al. (1995) , introdujeron este t茅rmino para referirse a un grupo concreto de representaciones mentales err贸neas o inexactas espec铆ficamente asociadas con las conductas agresivas y antisociales (ver ap茅ndice). Estas distorsiones cognitivas (egocentrismo, culpar a los otros, minimizar/justificar y asumir lo peor) actuar铆an neutralizando la culpa y protegiendo al agresor de una auto-imagen negativa ( Barriga, Landau, Stinson, Liau y Gibbs, 2000; Pe帽a y Andreu, 2012 ).

    En este modelo te贸rico, el egocentrismo es considerado como la distorsi贸n cognitiva primaria porque procede directamente del sesgo egoc茅ntrico propio del juicio moral superficial. El sesgo egoc茅ntrico puede fomentar comportamientos impulsivos, agresivos o antisociales tan perjudiciales para los dem谩s que den lugar a un cierto nivel de estr茅s psicol贸gico, ya sea por alg煤n grado de predisposici贸n emp谩tica que genere sentimientos de culpa o por la disonancia cognitiva que se produce entre la imagen favorable que los sujetos pretenden mantener acerca de s铆 mismos y el hecho de provocar un da帽o de forma injusta ( Gibbs et al., 1996 ). Es por esto que se generan ciertas racionalizaciones protectoras, las distorsiones cognitivas secundarias, que consiguen desplazar la responsabilidad propia, minimizar la gravedad del comportamiento inadecuado o atribuir una intenci贸n negativa a la v铆ctima, sirviendo como mecanismos de afrontamiento destinados a reducir este estr茅s psicol贸gico y preservar la autoestima para conseguir perpetuar la orientaci贸n primaria egoc茅ntrica ( Gibbs, 2003 ). No obstante, estas racionalizaciones no s贸lo aparecen despu茅s del comportamiento da帽ino, sino que tambi茅n pueden generarse previamente, facilitando el paso al acto ( Pe帽a y Andreu, 2012).

La contrapartida de las distorsiones cognitivas auto-sirvientes son aquellas que Barriga y Gibbs (1996) denominan distorsiones cognitivas auto-humillantes . Con este t茅rmino, los autores se refieren a los errores cognitivos que proceden directamente de la teor铆a de la depresi贸n de Beck ( Beck, 1967; Beck et al., 1983 ). Si las distorsiones cognitivas auto-sirvientes tienen una funci贸n auto-protectora, las distorsiones cognitivas auto-humillantes act煤an, por el contrario, internalizando la culpa, devaluando la propia auto-imagen y fomentando actitudes da帽inas para uno mismo, por lo que t铆picamente se asocian a las respuestas emocionales internalizantes de ansiedad y depresi贸n ( Kazemian y Maruna, 2009; Leitenberg, Yost y Carroll-Wilson, 1986; Pe帽a y Andreu, 2012 ).

Para evaluar las distorsiones cognitivas auto-sirvientes, Barriga, Gibbs, Potter y Liau (2001) elaboraron una medida de autoinforme, el cuestionario HIT-Q (How I Think Questionnaire), bas谩ndose en la tipolog铆a de cuatro categor铆as propuesta por Barriga y Gibbs (1996) . A partir de ese momento han proliferado los estudios emp铆ricos que han tratado de establecer las relaciones entre las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y la conducta antisocial (agresiva, delictiva o externalizante, seg煤n las diferentes terminolog铆as empleadas), evidenci谩ndose un importante y generalizado soporte emp铆rico sobre tal asociaci贸n, como se muestra en el meta-an谩lisis realizado por Rojas (2013).

Distorsiones cognitivas auto-sirvientes y conducta antisocial en muestras comunitarias

Barriga, Morrison, Liau y Gibbs (2001) , en una muestra de estudiantes de ambos sexos de entre 16 y 19 a帽os de edad, analizaron las relaciones entre el juicio moral, la auto-relevancia moral, las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y la conducta externalizante. Los resultados revelaron que las distorsiones cognitivas auto-sirvientes estaban inversamente asociadas con la auto-relevancia moral. El juicio moral, por su parte, tambi茅n mostraba una correlaci贸n negativa con las distorsiones cognitivas auto-sirvientes. Aunque las tres variables tuvieron capacidad predictiva sobre el comportamiento externalizante, las distorsiones cognitivas auto-sirvientes fue la variable que mayor peso tuvo. Por otra parte, si bien en este estudio las variables cognitivas no interactuaban con el g茅nero en la predicci贸n del comportamiento antisocial, s铆 aparecieron diferencias significativas en los niveles de distorsiones cognitivas auto-sirvientes en funci贸n del g茅nero de los participantes, mostrando los varones una tendencia mayor que las mujeres a utilizar este tipo de distorsiones.

Cate (2011) estudi贸 la influencia de las distorsiones cognitivas auto-sirvientes sobre la conducta antisocial auto-informada en ni帽os de entre 7 y 9 a帽os de edad. Los resultados mostraron que el uso de distorsiones cognitivas auto-sirvientes constitu铆a un factor predictor de conducta antisocial.

Irle (2012) investig贸 la relaci贸n entre el razonamiento moral, las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y el comportamiento de intimidaci贸n en el colegio en alumnos de 11 a 18 a帽os de edad. Las distorsiones cognitivas auto-sirvientes correlacionaron positivamente con las conductas de intimidaci贸n y acoso, erigi茅ndose en un factor predictor de las mismas.

Beerthuizen y Brugman (2013) encontraron en una muestra de estudiantes con edades entre 11 y 18 a帽os que las distorsiones cognitivas auto-sirvientes eran el mayor predictor directo de la conducta antisocial auto-informada, explicando por s铆 solas el 25% de la varianza total.

Blount (2012) intent贸 clarificar las relaciones entre las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y la empat铆a con la conducta antisocial auto-informada, para lo cual utiliz贸 una muestra de estudiantes universitarios. Las distorsiones cognitivas auto-sirvientes correlacionaron positivamente con la conducta antisocial e inversamente con la empat铆a, especialmente con la dimensi贸n afectiva de la misma. En este estudio tambi茅n se hall贸 una correlaci贸n positiva espec铆fica ente las distorsiones cognitivas con referente comportamental 鈥渁bierto鈥 y la agresi贸n proactiva.

Koolen, Poorthuis y van Aken (2012) investigaron espec铆ficamente qu茅 tipos de distorsiones cognitivas auto-sirvientes estaban asociadas respectivamente con la agresi贸n reactiva y proactiva en ni帽os de entre 10 y 13 a帽os de edad. A pesar de que se esperaba que 鈥渁sumir lo peor鈥 fuera un predictor de la agresi贸n reactiva, los an谩lisis dieron como resultado que el 煤nico predictor de la agresi贸n reactiva fue 鈥渃ulpar a los otros鈥 con referentes conductuales 鈥渁biertos鈥. En cuanto a la agresi贸n proactiva, el 煤nico predictor fue el egocentrismo.

Por otra parte, Pe帽a, Andreu, Barriga y Gibbs (2013) tambi茅n analizaron la relaci贸n especifica entre las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y la agresi贸n reactiva/proactiva en una amplia muestra compuesta por 1.490 adolescentes de ambos sexos con edades comprendidas entre lo 17 y 19 a帽os, pero el tipo de agresi贸n no se constituy贸 como un factor discriminativo en cuanto a las distorsiones cognitivas auto-sirvientes, obteni茅ndose correlaciones positivas significativas entre las cuatro distorsiones cognitivas auto-sirvientes y ambos tipos de agresi贸n (reactiva y proactiva), siendo 鈥渁sumir lo peor鈥 la distorsi贸n cognitiva que obtuvo una mayor correlaci贸n en las dos categor铆as de agresi贸n.

Otra l铆nea de investigaci贸n en muestras comunitarias es la que intenta descubrir la especificidad de las distorsiones cognitivas con los s铆ndromes internalizante y externalizante. Barriga, Hawkins y Camelia (2008) estudiaron una muestra de 239 adolescentes varones de entre 10 y 19 a帽os y hallaron que las distorsiones cognitivas que facilitan las conductas antisociales externalizantes son discernibles de aquellas distorsiones cognitivas que facilitan las conductas internalizantes. As铆, las distorsiones cognitivas auto-humillantes se erigieron en predictores espec铆ficos de conductas internalizantes, mientras que las distorsiones cognitivas auto-sirvientes se constituyeron en predictores espec铆ficos de las conductas externalizantes, con la excepci贸n de 鈥渁sumir lo peor鈥, que estuvo asociada con ambos tipos de conductas. En el dominio externalizante, se hall贸 que las distorsiones cognitivas auto-sirvientes con referentes comportamentales 鈥渁biertos鈥 estaban asociadas a conductas de tipo agresivo, mientras que las distorsiones cognitivas auto-sirvientes con referentes comportamentales 鈥渆ncubiertos鈥 estaban m谩s asociadas con conductas de tipo delictivo.

Talino (2010) , en una muestra de 389 adolescentes de ambos sexos con edades entre 12 y 17 a帽os, obtuvo resultados similares, encontrando que las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y auto-humillantes fueron respectivamente los m谩s importantes predictores de la externalizaci贸n y la internalizaci贸n.

Chabrol, Van Leeuwen, Rodgers y Gibbs (2011) , en una muestra comunitaria de adolescentes de ambos sexos, encontraron c贸mo las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y los rasgos psicop谩ticos predec铆an la conducta antisocial autoinformada. As铆 mismo, altos niveles de distorsiones cognitivas auto-sirvientes se asociaban a niveles mayores de conducta antisocial entre los participantes que presentaron puntuaciones m谩s altas en rasgos psicop谩ticos. Van Leeuwen, Rodgers, Gibbs y Chabrol (2014) obtuvieron resultados similares, obteniendo que la conducta antisocial autoinformada correlacionaba moderadamente, tanto con los rasgos de insensibilidad emocional como con las distorsiones cognitivas autosirvientes, siendo adem谩s esta relaci贸n m谩s elevada en los varones que en las mujeres.

La tabla 1 muestra un resumen de los hallazgos m谩s relevantes que los estudios han mostrado sobre la relaci贸n entre distorsiones cognitivas auto-sirvientes y conducta antisocial en muestras comunitarias.

Tabla 1

Hallazgos emp铆ricos relevantes sobre distorsiones cognitivas auto-humillantes y la conducta agresiva y antisocial en muestras comunitarias

Estudios  Hallazgos emp铆ricos 
Barriga et al. (2001b)  Las distorsiones cognitivas autosirvientes predec铆an comportamiento externalizante en mayor medida que el juicio moral superficial y la autorrelevancia moral. 
Cate (2011)  En ni帽os de entre 7 y 9 a帽os de edad las distorsiones cognitivas constitu铆an un factor predictor de conducta antisocial. 
Irle (2012)  Las distorsiones cognitivas auto-sirvientes correlacionaron positivamente con las conductas de intimidaci贸n y acoso, erigi茅ndose en un factor predictor de las mismas. 
Beerthuizen y Brugman (2013)  Las distorsiones cognitivas auto-sirvientes eran el mayor predictor directo de la conducta antisocial auto-informada, explicando por s铆 solas el 25% de la varianza total. 
Blount (2012)  Las distorsiones cognitivas auto-sirvientes correlacionaron positivamente con la conducta antisocial e inversamente con la empat铆a, especialmente con la dimensi贸n afectiva de la misma. 
Koolen et al. (2012)  El 煤nico predictor de la agresi贸n reactiva fue culpar a los otros con referentes conductuales 鈥渁biertos鈥. En cuanto a la agresi贸n proactiva, el 煤nico predictor fue el egocentrismo. 
Pe帽a et al. (2013)  Se analiz贸 la relaci贸n especifica entre las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y la agresi贸n reactiva/proactiva. Se obtuvieron correlaciones positivas significativas entre las cuatro distorsiones cognitivas auto-sirvientes y ambos tipos de agresi贸n (reactiva y proactiva), siendo asumir lo peor la distorsi贸n cognitiva que obtuvo una mayor correlaci贸n en las dos categor铆as de agresi贸n 
Barriga et al. (2008)  Las distorsiones cognitivas auto-humillantes se erigieron en predictores espec铆ficos de conductas internalizantes, mientras que las distorsiones cognitivas auto-sirvientes se constituyeron como predictores espec铆ficos de las conductas externalizantes, con la excepci贸n de asumir lo peor, que estuvo asociada con ambos tipos de conductas. 
Talino (2010)  Las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y auto-humillantes fueron respectivamente los m谩s importantes predictores de la conducta externalizante e internalizante. 
Chabrol et al. (2011)  Las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y los rasgos psicop谩ticos predec铆an la conducta antisocial autoinformada. Mayor asociaci贸n de la distorsiones cognitivas auto-sirvientes con la conducta antisocial entre los participantes que presentaron puntuaciones m谩s altas en rasgos psicop谩ticos 
Van Leeuwen et al. (2014)  La conducta antisocial autoinformada correlacionaba moderadamente, tanto con los rasgos de insensibilidad emocional, como con las distorsiones cognitivas auto-sirvientes, especialmente en varones. 
Distorsiones cognitivas auto-sirvientes y conducta antisocial en delincuentes juveniles

A trav茅s de estos trabajos se ha buscado fundamentalmente analizar la capacidad predictiva de las distorsiones cognitivas auto-sirvientes en el comportamiento antisocial de los delincuentes juveniles, as铆 como estudiar la existencia de diferencias significativas en las distorsiones cognitivas que presentan los adolescentes transgresores en relaci贸n con el resto de adolescentes.

El estudio preliminar del HIT-Q (Barriga y Gibbs, 1996 ) utiliz贸 adolescentes con edades comprendidas entre los 14 y los 20 a帽os divididos en tres grupos (delincuentes juveniles, estudiantes de clase media y estudiantes de clase alta). El instrumento fue capaz de discriminar con 茅xito entre el grupo de delincuentes y el de estudiantes de clase alta. Sin embargo, el grupo de estudiantes de clase media mostr贸 una tasa de conducta antisocial baja, similar al del grupo de clase alta, pero un nivel de distorsiones cognitivas elevado, similar al del grupo de delincuentes juveniles. En esta l铆nea, Liau, Barriga y Gibbs (1998) investigaron la relaci贸n entre distorsiones cognitivas auto-sirvientes y la conducta antisocial abierta y encubierta en dos grupos de adolescentes varones (un grupo de delincuentes juveniles y otro de estudiantes de secundaria). Los resultados mostraron una correlaci贸n positiva entre las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y la conducta delictiva autoinformada en ambos grupos de delincuentes y no delincuentes. Por otra parte, tanto las distorsiones cognitivas como las conductas autoinformadas fueron mayores en la muestra de delincuentes que en la muestra de no delincuentes. Las distorsiones cognitivas auto-sirvientes con referente conductual 鈥渁bierto鈥 aparecieron asociadas con las conductas agresivas, mientras que las distorsiones cognitivas con referente comportamental 鈥渆ncubierto鈥 se asociaron a conductas encubiertas, como robar o mentir.

Barriga et al. (2000) investigaron la prevalencia de distorsiones cognitivas auto-sirvientes y auto-humillantes y sus relaciones espec铆ficas con la conducta externalizante e internalizante en una muestra de 96 adolescentes delincuentes internados en centros, de ambos sexos y con edades comprendidas entre los 13 y los 19 a帽os, compar谩ndolos con otra muestra de 66 adolescentes con edades entre los 15 y los 19 a帽os. Los delincuentes juveniles evidenciaron un mayor nivel de ambos tipos de distorsiones cognitivas (auto-sirvientes y auto-humillantes) y un nivel mayor de problemas de conducta (externalizantes e internalizantes) que el grupo control. Tambi茅n encontraron que las distorsiones cognitivas auto-sirvientes estaban espec铆ficamente relacionadas con las conductas externalizantes y la distorsiones cognitivas auto-humillantes espec铆ficamente relacionadas con las conductas internalizantes.

Frey y Epkins (2002) en una muestra de 177 delincuentes juveniles institucionalizados de ambos sexos, definieron cuatro grupos: agresivos-internalizantes, agresivos-no internalizantes, no agresivos-internalizantes y no agresivos-no internalizantes. Los adolescentes agresivos, en comparaci贸n con los no agresivos, reportaron m谩s distorsiones cognitivas auto-sirvientes en referencia a conductas de contenido 鈥渁bierto鈥 y, por otra parte, los grupos de delincuentes internalizantes reportaron significativamente mayores creencias negativas acerca de s铆 mismos que los grupos no internalizantes.

Lard茅n, Melin, Holst y Langstr枚m (2006) , compararon un grupo de 58 delincuentes juveniles institucionalizados de entre 13 y 18 a帽os y de ambos sexos con otro grupo de estudiantes de ense帽anza secundaria para ver las diferencias en las variables de madurez en el juicio moral, distorsiones cognitivas auto-sirvientes y empat铆a. Los resultados indicaron que el grupo de delincuentes juveniles mostr贸 un menor nivel de maduraci贸n moral y m谩s distorsiones cognitivas que los adolescentes del grupo control. Por otra parte, la maduraci贸n moral y la empat铆a mostraron una correlaci贸n positiva entre s铆, mientras que ambas correlacionaron negativamente con las distorsiones cognitivas.

Nas, Brugman y Koops (2008) recopilaron datos de siete estudios usados para validar el HIT-Q, contando con una muestra total de 453 adolescentes varones, 312 delincuentes y 141 no delincuentes. Encontraron que las distorsiones cognitivas auto-sirvientes eran m谩s elevadas en los adolescentes delincuentes instiucionalizados que en adolescentes no delincuentes. Por otra parte, las distorsiones cognitivas auto-sirvientes correlacionaron negativamente con las habilidades sociales y con la empat铆a con la v铆ctima tras una agresi贸n.

Barriga, Sullivan-Cosetti y Gibbs (2009) investigaron las relaciones entre empat铆a, madurez en el juicio moral, identidad moral y distorsiones cognitivas auto-sirvientes con una muestra de delincuentes juveniles con edades comprendidas entre los 13 y los 21 a帽os. Los resultados mostraron que la madurez en el juicio moral estaba asociada con una mayor empat铆a, mientras que un uso extensivo de distorsiones cognitivas auto-sirvientes estaba asociado con una empat铆a baja.

Wallinius, Johansson, Lard茅n y Dernevik (2011) hallaron que el HIT-Q (Barriga, Gibbs et al., 2001 ) discriminaba entre un grupo de delincuentes adultos encarcelados y una muestra de estudiantes universitarios, mostrando 茅stos 煤ltimos un menor nivel de distorsiones cognitivas auto-sirvientes que los delincuentes. Como medida alternativa, tambi茅n exploraron la relaci贸n entre las distorsiones cognitivas y la conducta antisocial autoinformada, encontrando una correlaci贸n positiva de moderada a alta entre ambas variables.

Capuano (2011) estudi贸 los efectos de la interacci贸n entre la empat铆a y las distorsiones cognitivas para predecir diferentes tipos de agresi贸n en adolescentes delincuentes y no delincuentes de ambos sexos. Los grupos de delincuentes y no delincuentes estaban formados respectivamente por 263 y 737 adolescentes de entre 11 y 18 a帽os. Las distorsiones cognitivas fueron un predictor muy importante de las conductas agresivas (tanto en agresi贸n f铆sica como en agresi贸n social). Los varones delincuentes, por otra parte, presentaron mayores niveles de distorsiones cognitivas auto-sirvientes y de agresi贸n social. As铆 mismo, los varones, tanto delincuentes como no delincuentes con elevados niveles de distorsiones cognitivas, puntuaron m谩s alto en agresiones f铆sicas violentas.

En Espa帽a, Rojas (2013) compar贸 un grupo de 102 delincuentes juveniles varones institucionalizados con edades comprendidas entre los 14 y los 19 a帽os con otro grupo de 100 adolescentes varones procedentes de una muestra comunitaria, encontrando que los delincuentes juveniles presentaban mayores distorsiones cognitivas auto-sirvientes que los comunitarios. En el grupo de delincuentes, la distorsi贸n cognitiva auto-sirviente que mostr贸 una mayor prevalencia fue 鈥渁sumir lo peor鈥.

Por 煤ltimo, Roncero (2015) utiliz贸 una muestra de 204 delincuentes juveniles varones que cumpl铆an medidas judiciales de internamiento, con edades comprendidas entre los 14 y los 20 a帽os, con el fin de determinar las relaciones entre la reiteraci贸n delictiva, la tipolog铆as funcionales de la agresi贸n y las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y auto-humillantes. Los resultados mostraron que el egocentrismo aparec铆a como predictor significativo de la agresi贸n proactiva, pero no de la agresi贸n reactiva. Por otra parte, la agresi贸n proactiva (pero no la reactiva) a su vez se erigi贸 como predictor significativo de la reiteraci贸n en delitos violentos.

La tabla 2 muestra un resumen de los hallazgos m谩s relevantes que los estudios han mostrado sobre la relaci贸n entre distorsiones cognitivas auto-sirvientes y conducta antisocial en delincuentes juveniles.

Tabla 2

Hallazgos emp铆ricos relevantes sobre distorsiones cognitivas auto-humillantes y la conducta agresiva y antisocial en delincuentes juveniles

Estudios  Hallazgos emp铆ricos 
Barriga y Gibbs (1996)  El HIT-Q fue capaz de discriminar entre delincuentes juveniles y estudiantes de clase alta, pero el grupo de estudiantes de clase media mostr贸 un nivel de distorsiones cognitivas similar al grupo de delincuente juveniles. 
Liau et al. (1998)  Correlaci贸n positiva entre las distorsiones cognitivas auto-sirvientes y la conducta delictiva autoinformada en grupos de delincuentes y no delincuentes. 
Barriga et al. (2000)  Los delincuentes juveniles evidenciaron un mayor nivel de ambos tipos de distorsiones cognitivas (auto-sirvientes y auto-humillantes) que el grupo control. las distorsiones cognitivas auto-sirvientes estaban espec铆ficamente relacionadas con las conductas externalizantes y la distorsiones cognitivas auto-humillantes espec铆ficamente relacionadas con las conductas internalizantes. 
Frey y Epkins (2002)  Los adolescentes agresivos, en comparaci贸n con los no agresivos reportaron m谩s distorsiones cognitivas auto-sirvientes en referencia a conductas de contenido 鈥渁bierto鈥. 
Lard茅n, Melin, Holst y Langstr枚m (2006)   Menor nivel de maduraci贸n moral y m谩s distorsiones cognitivas entre delincuentes juveniles que entre los adolescentes del grupo control. La maduraci贸n moral y la empat铆a mostraron correlacionaron negativamente con las distorsiones cognitivas. 
Nas et al. (2008)  Las distorsiones cognitivas auto-sirvientes eran m谩s elevadas en los adolescentes delincuentes instiucionalizados que en adolescentes no delincuentes. 
Barriga et al. (2009)  La madurez en el juicio moral estaba asociado con una mayor empat铆a, mientras que un uso extensivo de distorsiones cognitivas auto-sirvientes estaba asociado con una empat铆a baja, en delincuentes juveniles. 
Wallinius et al. (2011)  El HIT-Q discriminaba entre un grupo de delincuentes adultos encarcelados y una muestra de estudiantes universitarios, mostrando 茅stos 煤ltimos un menor nivel de distorsiones cognitivas auto-sirvientes que los delincuentes 
Capuano (2011)  Los varones delincuente presentaron mayores niveles de distorsiones cognitivas y de agresi贸n social que los no delincuentes. Las distorsiones cognitivas fueron un predictor muy importante de las conductas agresivas (tanto en agresi贸n f铆sica como en agresi贸n social). 
Rojas (2013)  Los delincuentes juveniles presentaban mayores distorsiones cognitivas auto-sirvientes que los comunitarios. En el grupo de delincuentes, la distorsi贸n cognitiva auto-sirviente que mostr贸 una mayor prevalencia fue asumir lo peor. 
Roncero (2015)  En delincuentes juveniles, el egocentrismo se erigi贸 como un predictor significativo de la agresi贸n proactiva, pero no de la agresi贸n reactiva. 

Por otra parte, algunos trabajos han estudiado exclusivamente las distorsiones cognitivas auto-humillantes en relaci贸n con la conducta antisocial. Giancola, Mezzich, Clark y Tarter (1999) concluyeron que los niveles elevados de distorsiones cognitivas auto-humillantes se relacionaban con la conducta agresiva pero s贸lo en el grupo de adolescentes con una historia familiar de consumo de drogas, por lo que se帽alaron que los j贸venes que hab铆an crecido en ambientes familiares disfuncionales y hostiles probablemente presentasen m谩s errores cognitivos negativos como consecuencia de castigos f铆sicos, abandono de las figuras de apego y el uso de drogas. Levesque y Marcotte (2005) , por su parte, investigaron la relaciones entre las distorsiones cognitiva auto-humillantes y los trastornos de conducta, la conducta delictiva y la depresi贸n, llegando a la conclusi贸n de que no hab铆a una relaci贸n fuerte entre distoriones cognitivas auto-humillantes y conductas externalizantes. Fern谩ndez (2015) analiz贸 la relaci贸n entre las distorsiones cognitivas auto-humillantes y diferentes tipos de agresi贸n autoinformada en adolescentes de ambos sexos entre 12 y 22 a帽os, encontrando una contribuci贸n muy d茅bil de este tipo de distorsiones cognitivas en la explicaci贸n de la agresi贸n f铆sica, verbal, e ira, as铆 como de la agresi贸n reactiva y proactiva . Los resultados de estas investigaciones muestran que las distorsiones cognitivas auto-humillantes tambi茅n parecen estar relacionadas con el comportamiento antisocial, aunque los resultados son m谩s inconsistentes y parece que la relaci贸n entre ambos factores pudiera estar mediatizada por otras variables moduladoras, como el consumo de alcohol y drogas ( Pe帽a y Andreu, 2012).

A la luz de los resultados expuestos, parece que la evidencia emp铆rica indica que las distorsiones cognitivas auto-sirvientes correlacionan significativamente con la conducta antisocial y que son m谩s prevalentes entre delincuentes juveniles que entre los adolescentes no delincuentes.

Conclusiones: hacia una integraci贸n te贸rica

En este trabajo se han expuesto y analizado diferentes estudios que intentan esclarecer las relaciones existentes entre la emisi贸n de conductas antisociales y determinados procesos cognitivos distorsionados que interfieren en la percepci贸n y comprensi贸n de los eventos o experiencias. En la literatura especializada reciente sobre la delincuencia juvenil, se ha utilizado gen茅ricamente el t茅rmino de distorsiones cognitivas para hacer referencia a este conjunto de procesos cognitivos distorsionados ( Maruna y Mann, 2006).

Las teor铆as expuestas proceden de diferentes marcos de referencia, existiendo diversos puntos de conexi贸n entre ellas pero tambi茅n otros elementos divergentes. Con respecto a las similitudes, la m谩s evidente es la consideraci贸n de las distorsiones cognitivas como una variable mediadora fundamental entre los factores situacionales y la emisi贸n por parte del sujeto de comportamientos antisociales. En general, de una manera m谩s o menos impl铆cita, estas teor铆as conciben las distorsiones cognitivas como el resultado de la influencia de los procesos de aprendizaje (condiciones ambientales) sobre los factores personales de predisposici贸n biol贸gica.

Sin embargo, los procesos cognitivos distorsionados a los que se hace alusi贸n (esquemas disfuncionales, sesgos de atribuci贸n, creencias normativas, errores de pensamiento, distorsiones cognitivas auto-sirvientes) en realidad se est谩n refiriendo a procesos distintos, que podr铆amos clasificar en tres tipos: (a) actitudes o creencias que sustentan los delitos o las agresiones, (b) errores en la interpretaci贸n de eventos o situaciones interpersonales y (c) excusas o justificaciones en la explicaci贸n del propio comportamiento antisocial.

Las actitudes y creencias favorables a la conducta antisocial englobar铆an los esquemas cognitivos nucleares e intermedios del modelo de Beck (2003) y las creencias normativas de Huesmann y Guerra (1997) y formar铆an parte de la base de datos del modelo propuesto por Crick y Dodge (1994) . Igualmente, la distorsi贸n primaria de Gibbs, el egocentrismo , tambi茅n podr铆a enmarcarse dentro de la categor铆a de actitudes y creencias, ya que es concebida como una red de esquemas sesgados a favor de uno mismo que gu铆a la percepci贸n y la explicaci贸n de los diferentes eventos ( Gibbs, 2003 ). Las actitudes y creencias ser铆an, por tanto, una serie de condiciones preexistentes y es en el individuo.

Los errores de pensamiento y atribuci贸n, por otra parte, ser铆an las interpretaciones inmediatas de los elementos contextuales y proceder铆an directamente de las actitudes y creencias. En esta categor铆a podr铆amos incluir el sesgo o estilo de atribuci贸n hostil de Dodge (1980, 2006) , los errores cognitivos del modelo de Beck, por ejemplo en la conceptualizaci贸n de Leitenberg et al. (1986) o la distorsi贸n cognitiva auto-sirviente de asumir lo peor (Gibbs et al., 1995).

En cuanto a las excusas o justificaciones, 茅stas ser铆an racionalizaciones post hoc acerca del propio comportamiento, destinadas a mantener un auto-concepto positivo neutralizando la culpa o la verg眉enza derivada de la comisi贸n de un acto nocivo. Dentro de este grupo podemos situar los mecanismos de desconexi贸n moral de Bandura (1991) , las t茅cnicas de neutralizaci贸n de Sykes y Matza (1957) y las distorsiones cognitivas auto-sirvientes de culpar a los otros y minimizar/justificar de Gibbs et al. (1995).

Adem谩s de la diferente entidad de cada uno de estos tres procesos, tambi茅n se podr铆a atender a su cronolog铆a, es decir, estos procesos podr铆an situarse en momentos temporales diferentes en relaci贸n a la emisi贸n de un comportamiento delictivo o agresivo concreto: antes, durante o despu茅s de la conducta. Sin embargo, esta consideraci贸n cronol贸gica y diferencial de las distorsiones cognitivas no ha sido atendida con la suficiente precisi贸n desde el 谩mbito criminol贸gico, existiendo cierta tendencia a contemplar los tres procesos como un conjunto indiferenciado. Esto ha dado como resultado una controversia especialmente importante en lo que se refiere a las racionalizaciones y excusas con respecto al propio comportamiento. Parece claro que las actitudes y los errores de pensamiento (procedentes de la teor铆a cognitiva de Beck) anteceden a la conducta, en la medida en la que respectivamente ser铆an condiciones preexistentes e interpretaciones inmediatas de las se帽ales contextuales. El problema es que, tal y como se帽alan Maruna y Mann (2006) , esta conceptualizaci贸n ha conducido por inercia a asumir que tambi茅n las excusas y justificaciones preceden al delito en todos los casos. Sin embargo, la conceptualizaci贸n de Gibbs sobre las distorsiones cognitivas auto-sirvientes parece indicar que 茅stas pueden aparecer antes o despu茅s de llevar a cabo la agresi贸n o cometer el delito. As铆, en el estudio longitudinal de Velden, Brugman, Boom y Koops (2010) se hall贸 c贸mo el comportamiento antisocial era un predictor de las distorsiones cognitivas auto-sirvientes, pero no al contrario, es decir, que altos niveles de comportamientos antisociales aumentaban la presencia de distorsiones cognitivas auto-sirvientes. Los autores explican estos controvertidos resultados aludiendo a que las distorsiones cognitivas auto-sirvientes act煤an m谩s bien como mecanismos de neutralizaci贸n post hoc orientados a reducir los sentimientos de culpa o remordimiento frente a los actos antisociales ya cometidos.

Los tres procesos (actitudes, errores de pensamiento y racionalizaciones) deber铆an contemplarse de manera diferenciada, aunque interconectada. As铆, las actitudes y creencias disfuncionales propiciar谩n un procesamiento distorsionado de la realidad que facilitar谩 la emisi贸n de comportamientos antisociales en situaciones de oportunidad o conflicto interpersonal. Comportarse de esta manera podr谩 conllevar la adopci贸n de racionalizaciones para neutralizar la culpa, que determinar谩n a su vez la consolidaci贸n de un sistema de creencias proclive a continuar actuando de una manera similar.

Por todo lo expuesto, se considera importante una mayor profundizaci贸n que integre los aspectos y aproximaciones de las diferentes teor铆as cognitivas, de cara a dar una explicaci贸n m谩s completa y pormenorizada de la actuaci贸n de los distintos procesos cognitivos distorsionados en el comportamiento antisocial durante la juventud y adolescencia.

Conflicto de intereses

Los autores de este art铆culo declaran que no tienen ning煤n conflicto de intereses.

Copyright © 2018. Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid

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