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Vol. 26. Núm. 1. 2016. Páginas 41-50

Cuando "el" delincuente es "ella": intervención con mujeres violentas 

When "the" offender is "she": Intervention with violent women 

Loinaz, Ismael

Resumen

El tratamiento de mujeres delincuentes supone un reto para los profesionales de la justicia, la psicología y la intervención social. El incremento de detenciones y condenas ha supuesto la necesidad de ofrecer servicios para mujeres procesadas por delitos violentos. Sin embargo, el conocimiento disponible, la oferta de programas y las herramientas validadas son limitados en el contexto español. La presente revisión analiza la situación internacional sobre la intervención con mujeres delincuentes violentas, centrando la atención en la violencia de pareja y la violencia sexual. La bibliografía señala que la baja prevalencia limita los estudios sobre efectividad de las intervenciones, la victimización parece una variable relevante para el tratamiento, la evaluación del riesgo es muy complicada debido a las bajas cifras de reincidencia y, al igual que ocurre en varones, son frecuentes los abandonos en los programas. Se discuten las implicaciones para el desarrollo de la materia en el contexto español.

Abstract

Treating female offenders is a major challenge of criminal justice, psychology, and social intervention practitioners. The rates of arrests and convictions have increased, leading to a need to provide services for women prosecuted for violent crimes. However, the available knowledge, intervention programs, and validated tools are limited in the Spanish context. This review aims to provide an overview of the international context regarding the intervention with violent female offenders, focusing on the case of intimate partner violence and sexual violence. The literature shows that low prevalences limit studies about the effectiveness of interventions, victimization seems a relevant topic in the treatment of female offenders, risk assessment is very complicated due to the low recidivism, and attrition in programs is very common as it is in men. The implications for the development of the topic in the Spanish context are discussed. 

El tratamiento de la mujer delincuente es una cuesti贸n muy poco atendida en el 谩mbito hispanohablante, persistiendo un enorme desconocimiento tanto entre profesionales como en el sector acad茅mico ( Loinaz, 2014 ). Aunque las mujeres constituyen una minor铆a en el contexto delictivo, tambi茅n es cierto que las cifras de detenci贸n, condena y encarcelamiento se han incrementado significativamente en las 煤ltimas d茅cadas. En EE.UU. se pas贸 de un 10% de detenciones en 1965 a un 15.8% en 1980 y a casi un 25% en 2008 ( Van Wormer, 2010 ). En adolescentes, adem谩s, se da un incremento gradual de la implicaci贸n de las mujeres en delitos cada vez m谩s violentos ( Chesney-Lind y Shelden, 2014 ). Sin embargo, algunos autores se帽alan que este incremento en los delitos violentos es comparable en ambos sexos y que se debe a cambios socio-pol铆ticos y a una mayor atenci贸n a problemas hasta ahora desatendidos ( Schwartz, Steffensmeier y Feldmeyer, 2009 ). Sea como sea, estimaciones globales a nivel internacional cifran hasta en un 25% la poblaci贸n delincuente femenina, limit谩ndose al 10% para los delitos violentos y al 5% para los sexuales ( Cortoni, Hanson y Coache, 2010). En Espa帽a (Interior, 2015 ) en 2014, el 7.6% de los presos eran mujeres (el 75% de ellas por delitos contra la salud p煤blica o socioecon贸micos) y el 18% del total de delitos y faltas en menores (14-17 a帽os) fueron cometidos por mujeres. La evoluci贸n entre 1990 y 2014 muestra un incremento notable que tiende a duplicar el n煤mero de presas de los primeros a los 煤ltimos a帽os, aunque la proporci贸n de mujeres se ha mantenido constante (entre un m铆nimo del 7.5% en 2011 y un m谩ximo del 9.46% en 1994).

A la desproporci贸n en las cifras de detenci贸n y condena, as铆 como a la menor atenci贸n prestada al problema, pueden haber contribuido los estereotipos y la conocida como hip贸tesis de la caballerosidad (paternalismo o machismo benevolente) (ver Russell, 2013 ). Por otro lado, una cuesti贸n en auge en las 煤ltimas d茅cadas ha sido la adopci贸n de la denominada perspectiva de g茅nero [ gender sensitive approach ] ante la delincuencia femenina, reclamando una atenci贸n diferenciada para estas mujeres. Tal como se帽ala Van Wormer (2010) , esta perspectiva no supone un trato maternalista o paternalista, ni un doble rasero considerando a la mujer merecedora de m谩s protecci贸n, ni implica tratar solo a las mujeres (sino atender igualmente a las necesidades de los varones), ni ser feminista, ni atribuir los problemas personales a roles de g茅nero.

Un aspecto llamativo en el abordaje de la mujer delincuente, en especial en contexto penitenciario, es el posicionamiento partidario de la existencia de discriminaci贸n hacia ellas, la victimizaci贸n como causa del delito o la maternidad como factor de principal relevancia. Aunque en ocasiones coincida con una parte de la realidad, este posicionamiento dista mucho del abordaje del delincuente masculino. 驴Debemos pensar en madres victimizadas y discriminadas cuando hablamos de delincuencia femenina? 驴Resulta 煤til esta visi贸n de cara al establecimiento de programas de intervenci贸n para mujeres delincuentes, especialmente cuando son violentas? El problema que deriva de este posicionamiento es considerar que todas las mujeres que delinquen son impulsadas por los mismos factores externos (sin capacidad de decisi贸n, ni motivaciones u objetivos propios), lo cual no deja de ser una forma m谩s de sexismo (el hombre delinque con plena conciencia, voluntad o maldad y la mujer se ve abocada a ello). Adem谩s, al poner el foco de atenci贸n en factores externos (discriminaci贸n, empleo, familia, etc.) la persona pierde la capacidad de cambio y la responsabilidad de su conducta, foment谩ndose el uso de atribuciones externas, culpabilizaci贸n a terceros y victimismo.

Cortoni y Gannon (2011 , p. 48) concluyeron que es dif铆cil justificar el tratamiento de algo en mujeres por el simple hecho de que sepamos que existe en varones . El objetivo de este art铆culo es ofrecer una revisi贸n del panorama sobre el tratamiento de mujeres delincuentes violentas y valorar las posibles implicaciones para el contexto espa帽ol, dando respuesta a las cuestiones anteriormente planteadas.

Necesidades terap茅uticas y evaluaci贸n del riesgo

El modelo Riesgo-Necesidad-Responsividad (RNR) (ver Andrews y Bonta, 2010 ) es sin duda la propuesta m谩s utilizada a la hora de plantear el tratamiento de delincuentes y tambi茅n lo ha sido en el caso de las mujeres ( Blanchette y Brown, 2006 ). Dicho de forma sencilla, supone considerar el riesgo del sujeto (a mayor riesgo, mayor intervenci贸n), las necesidades terap茅uticas o crimin贸genas (el tratamiento debe actuar sobre los factores din谩micos que han llevado a la mujer a delinquir, aquellas variables modificables relacionadas con la conducta delictiva) y la capacidad de respuesta de la mujer al tratamiento. Las necesidades crimin贸genas, por tanto, tambi茅n influyen en la predicci贸n de la reincidencia ( Knaap, Alberda, Oosterveld y Born, 2012 ), un aspecto relevante de cara al dise帽o de pol铆ticas criminales.

Una fuente de debate respecto a las mujeres delincuentes es la existencia o no de diferencias con los varones y, de existir estas diferencias, cu谩les son las variables de inter茅s. Sorbello, Eccleston, Ward y Jones (2002) propusieron como principales necesidades terap茅uticas en mujeres delincuentes la victimizaci贸n, los problemas psicol贸gicos (en especial personalidad l铆mite, depresi贸n y control de la ira), la presi贸n familiar o la presencia de hijos dependientes, los problemas de empleo o el acceso a recursos y el consumo de drogas o la existencia de delitos relacionados con estas. Tambi茅n es habitual la descripci贸n de una menor presencia de historial delictivo, menos presencia de delitos violentos y m谩s problemas interpersonales ( Van Dieten y King, 2014 ). Los factores se帽alados como espec铆ficos para mujeres har铆an alusi贸n en especial a la esfera emocional, como la baja autoestima, la victimizaci贸n infantil o adulta y las autolesiones e intentos de suicidio ( Blanchette y Brown, 2006).

Victimizaci贸n

La presencia de victimizaci贸n previa (principalmente en la infancia, pero tambi茅n en la edad adulta) y de traumas relacionados es sin duda la variable diferencial m谩s descrita en mujeres delincuentes. La relaci贸n circular entre victimizaci贸n y violencia se ha descrito en numerosos contextos, se帽al谩ndose su relaci贸n con el agravamiento de posibles trastornos mentales presentes, incrementando la probabilidad de conductas violentas en personas victimizadas y la victimizaci贸n en personas implicadas en conductas violentas ( Loinaz, Echebur煤a e Irureta, 2011; Manasse y Ganem, 2009; Silver, Piquero, Jennings, Piquero y Leiber, 2011 ). El efecto de la victimizaci贸n en la posterior violencia parece m谩s significativo en las mujeres que en los hombres delincuentes ( Topitzes, Mersky y Reynolds, 2012 ). Adem谩s, de los pocos trabajos disponibles en nuestro contexto sobre mujeres en prisi贸n uno analiza precisamente esta cuesti贸n, encontrando una tasa de maltrato cuatro veces superior a la de la poblaci贸n general, tanto por parte de parejas como de progenitores ( Fontanil, Alcedo, Fern谩ndez y Ezama, 2013 ), y el programa m谩s detallado para mujeres presas es el dedicado a la prevenci贸n de la violencia de g茅nero (victimizaci贸n) en este colectivo, el denominado 鈥渟er mujer.es鈥 ( II.PP., 2010).

Lynch, Fritch y Heath (2012) encontraron una prevalencia del 90% de violencia de pareja f铆sica o sexual durante el a帽o anterior al encarcelamiento, a lo que se le sumaban distintas formas de victimizaci贸n a lo largo de la vida. En algunas muestras penitenciarias, adem谩s, se da una combinaci贸n de situaciones de riesgo, como en aquellas mujeres en situaci贸n de indigencia que presentan mayores prevalencias de abusos en la infancia, agresiones sexuales en la edad adulta y problemas de adicci贸n ( Asberg y Renk, 2015 ). Esta circularidad entre victimizaci贸n y exposici贸n a situaciones de riesgo y exclusi贸n social tambi茅n se ha descrito en la bibliograf铆a ( Loinaz et al., 2011 ). Sin embargo, persiste la duda sobre qu茅 situaci贸n precede a la otra: 驴son victimizadas por estar en la calle o est谩n en la calle por haber sido victimizadas? En muchos casos, es dif铆cil establecer la direccionalidad de las variables.

Algunos trabajos han relacionado directamente el tipo de victimizaci贸n con una forma delictiva m谩s prevalente, como la violencia de pareja y la comisi贸n de delitos contra la propiedad ( DeHart, Lynch, Belknap, Dass-Brailsford y Green, 2014 ). La presencia de victimizaci贸n previa es recurrente en la descripci贸n de agresoras sexuales, con abusos sexuales y f铆sicos en especial durante la infancia ( Cortoni y Gannon, 2011; Ford, 2010 ) y una prevalencia significativamente superior a la de la poblaci贸n general ( Levenson, Willis y Prescott, 2015 ), que puede alcanzar hasta el 80% en algunas muestras ( Turner, Miller y Henderson, 2008 ). La victimizaci贸n afecta al estado psicol贸gico y adem谩s parece influir en la comisi贸n de abusos sexuales frente a otros delitos ( Christopher, Lutz-Zois y Reinhardt, 2007; Strickland, 2008 ). Tambi茅n es habitual en las agresoras de pareja ( Hughes, Stuart, Gordon y Moore, 2007 ) y, de hecho, el uso de la violencia como defensa propia es una de las principales fuentes de pol茅mica ( Loinaz, 2014 ). Adem谩s, es el predictor m谩s fuerte y consistente de la comisi贸n de violencia de pareja en mujeres adolescentes y adultas j贸venes ( Edwards, Dardis y Gidycz, 2011; Edwards, Desai, Gidycz y VanWynsberghe, 2009; Eriksson y Mazerolle, 2015; G贸mez, 2011 ). En todos estos casos se podr铆a dar una relaci贸n circular entre victimizaci贸n, sintomatolog铆a (trastorno de estr茅s postraum谩tico, depresi贸n, abuso de sustancias, etc.) y agresi贸n a la pareja ( Shorey et al., 2012).

De estos resultados se podr铆a concluir que la hip贸tesis de la victimizaci贸n como factor de riesgo clave en la delincuencia femenina parece plausible, pudi茅ndose explicar la relaci贸n desde las teor铆as del aprendizaje social o de forma m谩s general con el ciclo de la violencia ( Loinaz y S谩nchez, 2015 ) o la defensa propia o violencia bidireccional en algunos casos de violencia de pareja. En algunos casos, como el de las agresoras sexuales, el factor es tan prevalente que se recomienda su abordaje en los programas de tratamiento ( Turner et al., 2008 ). Sin embargo, pese a la relevancia de la variable, son pocos los trabajos disponibles que ponen a prueba estas intervenciones ( Heckman, Cropsey y Olds-Davis, 2007 ). En cualquier caso, la victimizaci贸n influye en el bienestar psicol贸gico de la persona, en especial en las relaciones interpersonales, y causa necesidades terap茅uticas concretas independientes de las propias de un delincuente. Sin embargo, al igual que ocurre en el caso de delincuentes masculinos, es necesario tener presente la alta probabilidad de exageraci贸n o incluso invenci贸n de la victimizaci贸n como forma de justificar o excusar los delitos cometidos, lo que St-Yves y Pellerin (2002) describen como 鈥渟铆ndrome de Pinocho鈥. Tambi茅n tenemos que recordar que las estad铆sticas analizan la victimizaci贸n en delincuentes y no el porcentaje de v铆ctimas que se convierten en agresoras.

Evaluaci贸n del riesgo

La evaluaci贸n del riesgo de violencia (o de reincidencia) es sin duda un aspecto esencial en el tratamiento de la mujer delincuente. Sin embargo, es un 谩mbito plagado de limitaciones ( Loinaz, 2014 ) y el principal problema es saber si son aplicables las herramientas dise帽adas casi exclusivamente con muestras masculinas ( Garcia-Mansilla, Rosenfeld y Nicholls, 2009 ).

El instrumento relacionado con el tratamiento que m谩s se ha utilizado en mujeres ha sido el LSI-R ( Andrews y Bonta, 1995 ), un inventario dise帽ado precisamente para ajustar la intervenci贸n al nivel de riesgo del delincuente. El meta-an谩lisis de Smith, Cullen y Latessa (2009) se帽ala su total utilidad en mujeres, con una capacidad predictiva de la reincidencia similar entre sexos. Algunos trabajos, sin embargo, confirman la utilidad aunque con diferencias respecto a los factores m谩s predictores ( Davidson, 2009; Manchak, Skeem, Douglas y Siranosian, 2009 ). La revisi贸n de 20 a帽os de aplicaci贸n sugiere que hay que tener cautela, pues la herramienta parece funcionar con mujeres con estilos delictivos de 鈥渢ipo masculino鈥 (en concreto los perfiles de mayor reincidencia) pero no con aquellas que siguen 鈥渞utas femeninas鈥, proponi茅ndose la incorporaci贸n de variables propias de las mujeres ( Holtfreter y Cupp, 2007).

Trabajos recientes han profundizado en muestras espec铆ficas de agresoras. Simmons, Lehmann y Cobb (2008) compararon mujeres de alto riesgo con la SARA ( Kropp, Hart, Webster y Eaves, 1999 ), una gu铆a de juicio cl铆nico estructurado dise帽ada para evaluar el riesgo de violencia contra la pareja a trav茅s de 20 铆tems, encontrando prevalencias similares a las de los hombres en los factores de riesgo, lo que sugiere que pueden ser igualmente 煤tiles en ellas. En referencia a la agresi贸n de mujeres en relaciones homosexuales, Glass et al., (2008) adaptaron la herramienta Danger Assessment (Campbell, Webster y Glass, 2009 ), dise帽ada para valorar el riesgo de violencia letal, y la aplicaron a una muestra de mujeres v铆ctimas, manteniendo 8 de los 20 铆tems originales e incluyendo 10 nuevos (modificando sustancialmente el contenido final). Los nuevos 铆tems predec铆an la violencia en un seguimiento de un mes, identific谩ndolos como factores propios de la violencia femenina. Por otro lado, Storey y Strand (2013) utilizaron la segunda versi贸n de la B-SAFER ( Kropp, Hart y Belfrage, 2010 ), una gu铆a derivada de la SARA compuesta por 10 factores de riesgo del agresor y 5 de la v铆ctima, y encontraron una menor prevalencia de los factores de riesgo en mujeres detenidas. El resultado podr铆a ser indicativo de un menor riesgo en ellas, un sesgo en la evaluaci贸n de los profesionales o de la necesidad de factores distintos para evaluar mujeres. De hecho, los niveles de riesgo finales eran similares a los de varones con m谩s factores, sugiriendo la posible consideraci贸n por parte de los polic铆as de factores distintos a los presentes en la herramienta. Las mismas autoras ya hab铆an encontrado que el riesgo estimado en mujeres tiende a ser bajo, bien por la percepci贸n policial en casos de v铆ctimas masculinas o porque las herramientas dise帽adas para evaluar hombres hacen que se pasen por alto factores de riesgo relevantes en mujeres ( Storey y Strand, 2012 ). Por 煤ltimo, evaluando agresoras de pareja con la ODARA ( Hilton et al., 2004 ), una herramienta actuarial de 12 铆tems dise帽ada para uso policial, Hilton, Popham, Lang y Harris (2014) encontraron que la puntuaci贸n correlacionaba positivamente con la reincidencia, aunque no de forma significativa, y que la capacidad predictiva de los 铆tems originales y de modificaciones para mujeres presentaban una capacidad similar. Aunque la reincidencia del 23% era inferior a la esperada conforme a las normas de correcci贸n propuestas con muestras masculinas (la herramienta vincula los niveles de riesgo a la probabilidad de reincidencia), los resultados sugerir铆an que el instrumento es 煤til y no es necesario uno espec铆fico para mujeres. En el caso de las agresoras sexuales, se tiende a recomendar el uso de las mismas gu铆as de evaluaci贸n dise帽adas para hombres (aunque se carezca de datos emp铆ricos sobre su utilidad) a la par que algunos autores se帽alan que no se puede evaluar el riesgo del mismo modo que en los varones, en especial debido a la complicaci贸n de predecir la reincidencia con tasas base extremadamente bajas (del 1%) ( Vess, 2011).

Aunque algunos estudios no encuentran diferencias significativas en la capacidad predictiva de las gu铆as de juicio cl铆nico estructurado ( Coid et al., 2009; Garcia-Mansilla et al., 2009 ), distintos autores sugieren la necesidad de adaptar los protocolos ( de Vogel y de Vries-Robb茅, 2013; Emeka y Sorensen, 2009 ) y proponen herramientas espec铆ficas o complementos a las ya disponibles, como el Women's Risk/Needs Assessment (WRNA; Voorhis, Wright, Salisbury y Bauman, 2010 ) o el Female Additional Manual (FAM; Vogel, de Vries-Robb茅, van Kalmthout y Place, 2012, 2014 ).

Tratamiento de mujeres delincuentes

La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito se帽ala la necesidad de desarrollar programas de reintegraci贸n sensibles al g茅nero que atiendan a las necesidades de las mujeres delincuentes ( UNODOC, 2014 ). Los programas cognitivo-conductuales abordan las principales variables crimin贸genas presentes en delincuentes, como el razonamiento cr铆tico, la resoluci贸n de problemas, la regulaci贸n emocional y las habilidades sociales. Sin embargo, la cr铆tica desde algunos sectores proviene del hecho de que estos programas pueden dejar de lado cuestiones m谩s sist茅micas centrales en la conducta delictiva femenina, como la pobreza o la victimizaci贸n ( Van Dieten y King, 2014).

Scroggins y Malley (2010) revisaron 155 programas de reinserci贸n para mujeres en EE.UU. y concluyeron que los programas no cubr铆an las necesidades de estas mujeres, principalmente en lo referente al cuidado de ni帽os, servicios de salud, hospedaje o educaci贸n. Los autores, sin embargo, advert铆an de que se hab铆an analizado las necesidades argumentadas en la literatura, siendo posible que realmente fuesen otras las necesidades y, de hecho, que para muchas mujeres estas variables no fuesen prioridades. Al analizar programas socioeducativos y sociolaborales en prisi贸n en Espa帽a, Del Pozo, Jim茅nez y Turbi (2013) se帽alaron, entre otros, programas de habilidades sociales (de inter茅s para mujeres victimizadas), programas socioeducativos para familias internadas y educaci贸n infantil y programas de g茅nero destinados a reducir la discriminaci贸n hacia las mujeres reclusas y abordar la violencia de g茅nero.

A continuaci贸n describiremos algunos programas o experiencias concretas de tratamiento de mujeres delincuentes a nivel internacional, en especial para las violentas.

Tratamiento centrado en el trauma

Seeking Safety (Najavits, 2002 ). Se trata de un programa destinado a abordar de forma conjunta el abuso de sustancias y la sintomatolog铆a traum谩tica a trav茅s de 25 tem谩ticass. Su objetivo es una intervenci贸n inicial destinada a la estabilizaci贸n, el desarrollo de habilidades de afrontamiento y la reducci贸n de conductas autodestructivas.

Beyond Trauma (Covington, 2003 ). Programa de 11 sesiones dirigidas a tres 谩reas, ense帽ar qu茅 son los abusos y el trauma, ayudar a comprender las reacciones t铆picas y desarrollar habilidades de afrontamiento. El objetivo es comprender el pasado, el impacto que ha tenido en la vida y aprender estrategas centradas en la seguridad y las fortalezas. En el apartado de este art铆culo dedicado a la efectividad de los programas se se帽ala alg煤n resultado de su aplicaci贸n.

The Tree (Liebman et al., 2014 ). Se trata de un programa piloto de 8 sesiones para mujeres presas victimizadas. La intervenci贸n sigue una estructura vinculada al libro The tree that survived the winter . Su objetivo es ayudar a las mujeres a identificar sus fortalezas, a descubrir, valorar y compartir su historia de vida y promover un cambio positivo escuchando a otras participantes o coterapeutas que han superado sus problemas. Pese al inter茅s del proyecto, la investigaci贸n solo ha puesto de relieve dificultades como una finalizaci贸n del 50% (explicada por los autores por el funcionamiento propio de la prisi贸n) y limitaciones de las muestras que impiden hacer asignaciones aleatorias a los grupos (pues estas mujeres lo que m谩s valoran son las relaciones ya conocidas).

Programas generales

Moving On (Van Dieten, 2010 ). Se trata de un programa dise帽ado exclusivamente para mujeres delincuentes, centrado en mejorar las habilidades de comunicaci贸n, establecer relaciones saludables y expresar emociones de manera constructiva. Consta de 26 sesiones divididas en nueve m贸dulos ( Gehring, Van Voorhis y Bell, 2009 ): contexto para el cambio, mujeres en la sociedad, cuidar de uno mismo, mensajes familiares, relaciones, afrontamiento de emociones y auntoinstrucciones nocivas, resoluci贸n de problemas, volverse asertivas y progresar [ moving on ]. El objetivo es desarrollar habilidades en tres 谩reas: competencia social, regulaci贸n emocional y autosuficiencia (ver Van Dieten y King, 2014).

La experiencia de Canad谩

Canad谩 es sin duda un pa铆s pionero en el desarrollo de programas para la rehabilitaci贸n de delincuentes as铆 como en el establecimiento de marcos y modelos de actuaci贸n e investigaci贸n (como la evaluaci贸n del riesgo o el modelo RNR). Su servicio penitenciario publica memorias e informes en los que se pone de manifiesto los programas disponibles, as铆 como su coste y efectividad. En relaci贸n a programas espec铆ficos para mujeres, en un informe de 2009 se se帽alaba la disponibilidad de tratamientos, entre los que destacar铆amos los siguientes ( CSC, 2009): Spirit of a Warrior, Anger and Emotion Management Program for Women Offenders, Reasoning and Rehabilitation Program for Women Offenders, Women Offenders Substance Abuse Programs y Women Sex Offenders Programs.

En los 煤ltimos a帽os el sistema de intervenci贸n canadiense se ha modificado, por lo que est谩n disponibles numerosos informes con propuestas que posiblemente ya no se utilizan. Respecto a la intervenci贸n con mujeres violentas, inicialmente se dise帽贸 el programa Spirit of a Warrior para mujeres abor铆genes, pas谩ndose en 2007 al Violence Prevention Program for Women Offenders . Desde 2010 se aplica un sistema de intervenci贸n progresivo, dividido en cuatro niveles, denominado Women Offender Correctional Program (WOCP) o Aboriginal Women Offender Correctional Program (AWOCP) para mujeres abor铆genes. La estructura del sistema consiste en un primer nivel o programa de vinculaci贸n, un segundo nivel de intensidad moderada, un tercer nivel de intensidad alta y un 煤ltimo nivel de autogesti贸n (ver Rubenfeld, Trinneer, Derkzen y Allenby, 2014 ). El antiguo Violence Prevention Program for Women Offenders pas贸 a ser el m贸dulo de alta intensidad para mujeres con delitos violentos y riesgo elevado. En el caso de delincuentes sexuales, las mujeres deben completar los dos primeros niveles y posteriormente realizar el programa espec铆fico en intensidad moderada o alta seg煤n el nivel de riesgo.

Women Sex Offenders Program 1 1

h t t p & # 5 8 ; & # 4 7 ; & # 4 7 ; w w w & # 4 6 ; c s c -scc.gc.ca/text/prgrm/fsw/wos17/wos17-eng.shtml

es un programa cognitivo-conductual cuyo objetivo es fomentar la responsabilidad de las delincuentes, comprender el proceso conductual que deriva en el delito, aprender a detectar los factores que influyen en sus agresiones sexuales y afrontar las situaciones de forma adaptada. Se aplica en instituciones y en la comunidad. La 煤ltima versi贸n consta de 59 sesiones de 2.5 horas (pensadas para aplicarse entre 4 y 6 veces por semana) y el contenido est谩 organizado en 7 m贸dulos. Al final de cada m贸dulo se hace una sesi贸n de autogesti贸n para mejorar las habilidades de la participante para gestionar las situaciones de riesgo. Para participar en este programa la delincuente sexual de alto riesgo debe completar el segundo nivel del WOCP o del AWOCP en el caso de las abor铆genes. Los m贸dulos son los siguientes: 1) contexto del delito (aumentar la conciencia de cualquier conducta delictiva, pensando en la conducta pasada y las posibilidades de cambio), 2) creencias (revisar creencias y conductas relacionadas, reestructurando los pensamientos que justifican la agresi贸n y reemplazando distorsiones), 3) gesti贸n de emociones (explorar la medida en que la violencia es una forma de gestionar las emociones o una dificultad para reconocer y practicar habilidades para regular la conducta), 4) sexualidad (entender qu茅 es una conducta sexual saludable, identificando fantas铆as y aprendiendo a controlar la activaci贸n), 5) comunicaci贸n (desarrollar habilidades que ayuden a mantener relaciones saludables), 6) relaciones (las mujeres se ven muy influenciadas por las opiniones de las personas relevantes del entorno por lo que se incluye informaci贸n sobre el abuso dom茅stico, relaciones con los hijos, desarrollo de lazos seguros, etc.) y 7) funcionamiento en la comunidad (toma de decisiones y desarrollo de un estilo de vida equilibrado y responsable).

Anger and Emotion Management Program for Women Offenders (CSC, 2009 ). Se trata de una versi贸n modificada del programa para hombres. Est谩 dise帽ado especialmente para delincuentes de riesgo moderado o alto. La conducta delictiva tiene que estar relacionada con una gesti贸n inadecuada de las emociones y la delincuente debe presentar necesidades en la esfera emocional y mostrar al menos un indicador de los siguientes: agresi贸n, problemas de asertividad, pobre resoluci贸n de conflictos, problemas de hostilidad, pobre manejo del estr茅s, poca tolerancia a la frustraci贸n, preocupaciones irracionales, asunci贸n de riesgos y b煤squeda de sensaciones. El objetivo es modificar los patrones cognitivos que disparan las emociones relacionadas con el delito. El programa tiene una duraci贸n de 27 sesiones grupales y 2 individuales, de 2-3 horas. Se aplica tanto en instituciones como en la comunidad. Al terminar el programa est谩 disponible un programa de mantenimiento.

Tratamiento de agresoras de pareja

Goldenson, Spidel, Greaves y Dutton (2009) hicieron una revisi贸n sobre la violencia de pareja cometida por mujeres, concluyendo que estas no solamente agreden en defensa propia, que al igual que en varones hay distintos subtipos de agresoras (violentas en general o limitadas a la pareja, solo agresoras o que tambi茅n son v铆ctimas) y que a nivel psicopatol贸gico las principales variables de inter茅s son las relacionadas con estilos de apego, trauma y trastornos de la personalidad. Pese a ser aceptada la posibilidad de que la mujer pueda agredir a la pareja, solo algunos manuales sobre violencia de pareja en relaciones homosexuales ( Ristock, 2002; Ristock, 2011 ) o recopilaciones derivadas de monogr谩ficos en revistas especializadas ( Conradi y Geffner, 2012 ) han abordado cuestiones relacionadas con esta problem谩tica. Partiendo de los resultados en programas para agresoras de pareja, Dowd y Leisring (2008) propusieron la inclusi贸n de planes de seguridad y habilidades de gesti贸n de conflictos, habilidades para la gesti贸n de emociones (especialmente de la ira), habilidades relacionales (enfatizando la comunicaci贸n) y habilidades para la gesti贸n del estr茅s, pudiendo resultar necesario atender los problemas toxicol贸gicos, la sintomatolog铆a traum谩tica o los trastornos del estado de 谩nimo.

Una de las primeras publicaciones sobre programas para estas agresoras fue la de Hamberger y Potente (1994) , un programa cuya filosof铆a part铆a del hecho de que cuando la mujer utiliza la violencia es porque ha sido victimizada, bien en la relaci贸n actual o en una anterior. Consist铆a en un tratamiento grupal de 12 sesiones de 2 horas. El programa abordaba contenidos similares a los abordados con varones, pero con una orientaci贸n diferente: definici贸n de violencia y abuso (poder, control y dominio sobre la propia mujer), planes de seguridad (para evitar agresiones o minimizar da帽os), gesti贸n de la ira (se analizan patrones de control y agresi贸n en la familia de origen y en sus relaciones adultas y se ense帽a, mediante inoculaci贸n de estr茅s, a utilizar la ira como fuente de energ铆a para resolver el conflicto sin agresi贸n), estrategias cognitivo-conductuales (el objetivo es confrontar cogniciones relacionadas con la asunci贸n de la responsabilidad de la conducta de la pareja, como pensar que si son agredidas es porque han fallado, y atribuir correctamente las responsabilidades), cuestiones de crianza de los hijos, abuso de alcohol y otras drogas (se aborda tanto los problemas de las parejas como los de las propias mujeres), asertividad (el objetivo es superar la sumisi贸n, proporcionando repertorios de respuestas adaptadas para hacer prevalecer sus deseos, derechos o planes antes de necesitar agredir de forma defensiva), y encuentro con la pareja (paso final en el que el terapeuta trata de reunir a la mujer y su pareja para presentar un modelo de relaci贸n no violenta, explicando las consecuencias de la violencia en los hijos, la salud, etc.).

Otro programa espec铆fico es el Responsible Choices for Women (ver Tutty, Babins-Wagner y Rothery, 2006, 2009 ). Se utiliza desde 1995 en Calgary (Canad谩) con mujeres violentas con la pareja o con los hijos. En el proceso de evaluaci贸n pre-tratamiento, se busca diferenciar a las mujeres que han actuado en defensa propia (a las que se deriva a programas para v铆ctimas) de aquellas que agreden directamente a su pareja (de cualquier sexo) o hijo/a. La duraci贸n del grupo es de 30 horas, dividido en 14 semanas, con sesiones semanales de 2 horas (salvo la primera y 煤ltima). Los grupos est谩n formados por entre 6 y 12 mujeres, tanto voluntarias como por orden judicial. Se utilizan terapeutas de ambos sexos para promover modelos de resoluci贸n de problemas no violentos entre hombres y mujeres.

En EE.UU., Buttel y colaboradores han analizado una serie de intervenciones con agresoras de pareja. En uno de los primeros estudios, Buttell (2002) evalu贸 el razonamiento moral de 91 agresoras de pareja y la efectividad del programa estandarizado para modificar el nivel de razonamiento y su influencia en la reincidencia a los 2 a帽os. El programa (desarrollado por una ONG en Tuscaloosa, Alabama), aplicado como medida penal alternativa, era cognitivo-conductual, grupal (15 mujeres), de 12 semanas (1 sesi贸n semanal de aproximadamente 2 horas), centrado en el control de la ira y el desarrollo de habilidades. El programa incorpor贸 confrontaci贸n, terapia y componentes educativos. El contenido se dividi贸 en tres bloques. El primero (3 semanas) estaba destinado a ayudar a las participantes a reconocer y modificar sus mecanismos de defensa, el segundo (3 semanas) estaba relacionado con los estereotipos de g茅nero, en concreto con las experiencias de victimizaci贸n de la mujer as铆 como con su rol como agresora y el 煤ltimo bloque (6 semanas) estaba destinado al desarrollo de habilidades, con un repertorio de respuestas alternativas a la violencia (resoluci贸n de problemas, asertividad o negociaci贸n). Posteriormente, Buttell, Powers y Wong (2012) describieron otro programa comunitario similar, con una duraci贸n de 26 semanas, que incorporaba tres fases: orientaci贸n y entrevista de ingreso (2 sesiones), 20 sesiones psicoeducativas y terapia grupal centrada en el fin del programa (4 sesiones).

Bowen (2010) describi贸, a trav茅s de un caso cl铆nico, el programa NOVA ( Non-Violent Alternatives ), un tratamiento cognitivo-conductual de 52 semanas que se fundamenta en la teor铆a del apego, el trauma y el aprendizaje social. Respecto a la variable apego, Goldenson, Geffner, Foster y Clipson (2007) confirmaron una mayor presencia de apego inseguro, mayor sintomatolog铆a traum谩tica y m谩s trastornos de la personalidad, variables con implicaciones para el tratamiento. Adem谩s, habr铆a relaci贸n con una excesiva dependencia, miedo al rechazo, irritabilidad y dificultades de control emocional que es necesario abordar con el programa. Por tanto, podr铆an ser de utilidad formatos de tratamiento dise帽ados para hombres centrados en la teor铆a del apego.

Tratamiento de agresoras sexuales

Salvo la implicaci贸n en solitario o con compa帽ero de agresi贸n var贸n, por dependencia o por coerci贸n ( Muskens, Bogaerts, van Casteren y Labrijn, 2011; Vandiver, 2006 ), la violencia sexual cometida por mujeres no est谩 rodeada de tanta pol茅mica como la violencia de pareja (ver Loinaz, 2014 ). Pese a ello, los datos sobre tratamiento de agresoras sexuales siguen siendo limitados debido al peque帽o tama帽o de las muestras ( Ford y Cortoni, 2008 ) y se parte de los programas disponibles para hombres debido a su predominio ( Gannon y Rose, 2008).

Los principales objetivos de intervenci贸n propuestos para agresoras sexuales ser铆an las cogniciones mantenedoras de la agresi贸n (negaci贸n, minimizaci贸n, justificaci贸n), la activaci贸n sexual desviada y las relaciones sociales, en especial los problemas resultado de abusos en la infancia, violencia de pareja o dependencia masculina ( Cortoni y Gannon, 2011; Ford, 2010 ). Tambi茅n se se帽alan la empat铆a, las habilidades de afrontamiento y los trastornos mentales ( Ford, 2010 ), as铆 como el desarrollo de la asertividad y habilidades relacionales (para hacer frente a la frecuente coautor铆a/coerci贸n masculina) ( Cortoni y Gannon, 2011 ). En el caso concreto de abusadoras de menores, Gannon y Rose (2008) sugieren examinar la conducta delictiva, abordar las creencias en apoyo del delito, desarrollar la empat铆a con la v铆ctima, modificar el inter茅s sexual, fomentar una intimidad adecuada con adultos, lograr la regulaci贸n emocional y trabajar la prevenci贸n de reca铆das y los planes de futuro. Blanchette y Taylor (2010) se帽alan que los programas deben tratar el abuso de sustancias, el trauma, la salud mental, las dificultades en las relaciones y la baja autoestima. Tambi茅n se recordaba la necesidad de analizar el contexto en el que se produce la agresi贸n para comprender los procesos mantenedores de la conducta delictiva ( Gannon y Alleyne, 2013 ) as铆 como las necesidades que se busca satisfacer con el delito ( Ford y Cortoni, 2008).

Una de las experiencias con m谩s tradici贸n en el tratamiento de agresoras sexuales es la de Canad谩 (ver Ford y Cortoni, 2008; Gannon y Rose, 2008 ). Los programas que all铆 se han desarrollado abordan cuestiones centrales en agresoras sexuales (comprensi贸n del proceso delictivo, pensamientos distorsionados, sexualidad o conciencia de la v铆ctima), as铆 como cuestiones colaterales vinculadas a otros problemas (como habilidades cognitivas, traumas, abuso de sustancias, gesti贸n emocional, integraci贸n laboral o habilidades parentales), el mantenimiento de las habilidades adquiridas y la prevenci贸n de reca铆das y, por 煤ltimo, el seguimiento en comunidad (incluyendo la gesti贸n e identificaci贸n de situaciones de riesgo).

Sobre el proceso terap茅utico, Ashfield, Brotherston, Eldridge y Elliott (2010) proponen 10 factores clave para promover la adherencia al tratamiento y la motivaci贸n para el cambio: 1) alianza terap茅utica (promover que la mujer tratada se sienta escuchada, respetada y apoyada, a la vez que conf铆a en la capacidad del terapeuta para trabajar el problema), 2) establecimiento de v铆nculos emocionales (empat铆a y confianza en el terapeuta), 3) introducir la posibilidad de cambio y objetivos realistas compartidos (partir de que el cambio es posible y explicar los objetivos y dificultades que aparecer谩n), 4) directividad y confirmaci贸n de l铆mites (para promover la sensaci贸n de control, seguridad y confianza en el terapeuta), 5) establecer la importancia de la apertura y la honestidad (relaci贸n basada en el respeto y la claridad, incluso respecto a cuestiones que la tratada preferir铆a no escuchar), 6) uso apropiado de la sinceridad (para facilitar la conexi贸n), 7) empleo de historias o met谩foras terap茅uticas e imitaci贸n (con el objetivo de reducir la resistencia y utilizar el ejemplo de otras mujeres que ya han superado el problema), 8) reconocer estrategias de supervivencia (aprender a expresar las emociones vinculadas a posibles historias de abuso y las estrategias, en ocasiones inadaptadas, que la mujer emplea para superar esos eventos), 9) reconocer el progreso (reforzar los progresos para motivar m谩s cambios) y 10) flexibilidad (capacidad del terapeuta para adaptarse a las necesidades de distintos sujetos y a cambios en las mismas).

鈥淲hat works?鈥: efectividad de los programas

Un cl谩sico de la investigaci贸n criminol贸gica ha sido la pregunta 驴qu茅 funciona en el tratamiento de delincuentes?, corriente conocida en ingl茅s como 鈥淲hat Works鈥. Este ha sido tambi茅n el caso de la delincuencia femenina. El meta-an谩lisis de Dowden y Andrews (1999) conclu铆a que los principios del modelo RNR eran igualmente relevantes en la prevenci贸n de la reincidencia femenina. Worrall y Gelsthorpe (2009) analizaron 30 a帽os de evoluci贸n en la intervenci贸n con mujeres delincuentes en art铆culos aparecidos en la revista Probation Journal . Pese a la gran escasez de trabajos sobre la tem谩tica (tan solo 30 de los aproximadamente 600 publicados), la revisi贸n permiti贸 apreciar un cambio de paradigma o mentalidad que se podr铆a dividir en tres momentos: el primero de visibilizaci贸n de la mujer delincuente, el segundo de creaci贸n de un espacio para la mujer delincuente en la pol铆tica y la pr谩ctica basada en la evidencia y el tercero de resistencia frente a los enfoques de g茅nero neutrales. Un criterio habitual al valorar la efectividad de los programas es su impacto en la reincidencia. Debido a las limitaciones de las muestras y las bajas tasas base de reincidencia en mujeres, se han propuesto otros indicadores como el alcance de objetivos, la demostraci贸n de habilidades adaptadas o la aplicaci贸n de los conocimientos y la identificaci贸n de apoyos naturales 鈥揺ntorno鈥 o formales 鈥揺specialistas鈥 ( Van Dieten y King, 2014).

Cuando los profesionales aplican programas neutrales (pero dise帽ados para muestras masculinas) tienden a intentar adaptarlos, traduciendo las situaciones o contenidos a cuestiones relevantes para las mujeres, pues ellas no se ven reflejadas en los contenidos o ejemplos propuestos. Cuando se utilizan programas con perspectiva de g茅nero, las mujeres son m谩s conscientes de la conexi贸n entre pensamientos, sentimientos y conductas relacionados con su problema y son m谩s capaces de aplicar lo abordado en el programa a su vida diaria ( Van Dieten y King, 2014 ). Respecto a la forma de aplicar un programa con perspectiva de g茅nero, Duwe y Clark (2015) analizaron la efectividad del programa Moving On (Van Dieten, 2010 ) y concluyeron que solo ten铆a efecto positivo en las nuevas detenciones o condenas (aunque no en el reingreso en prisi贸n) si se aplicaba con integridad; aplicado sin integridad, no ten铆a ning煤n efecto.

Messina, Grella, Cartier y Torres (2010) encontraron que los programas Helping Women Recover y Beyond Trauma reduc铆an el reingreso en prisi贸n en un seguimiento a 12 meses (en comparaci贸n a un grupo de control). Saxena, Messina y Grella (2014) descubrieron que la utilizaci贸n de estos dos programas con perspectiva de g茅nero centrados en el trauma mostraban resultados positivos y prometedores para aquellas mujeres con historia de victimizaci贸n, pero no eran beneficiosos (incrementando la sintomatolog铆a) en aquellas delincuentes que no hab铆an padecido estos eventos traum谩ticos. Los resultados de la aplicaci贸n piloto del programa Seeking Safety ( Zlotnick, Najavits, Rohsenow y Johnson, 2003 ) se帽alaron su potencial utilidad para reducir la sintomatolog铆a traum谩tica y el consumo, aunque se dieron altas tasas de reincidencia. Las limitaciones de la muestra y la ausencia de un grupo de control impidieron valoraciones m谩s profundas. Distintos trabajos han utilizado el programa Seeking Safety en muestras penitenciarias femeninas con resultados satisfactorios ( Lynch, Heath, Mathews y Cepeda, 2012; Wolff, Frueh, Shi y Schumann, 2012; Zlotnick, Johnson y Najavits, 2009 ) 2 2

En el siguiente enlace se pueden consultar distintos estudios sobre la aplicaci贸n del programa as铆 como la descripci贸n de su estructura: h t t p & # 5 8 ; & #47;/www.treatment-innovations.org/evid-all-studies-ss.html

.

En el caso de la violencia de pareja, un aspecto que se ha puesto de manifiesto es la elevada tasa de abandonos (en torno al 50%). A ello afectan variables similares a las masculinas, como el empleo, nivel educativo, historial delictivo y consumo de alcohol u otras drogas ( Buttell, Powers et al., 2012 ). Adem谩s, la finalizaci贸n del programa es mayor en las mujeres que acuden por orden judicial que en las lo hacen voluntariamente (62.5% vs. 19.6%) ( Dowd, Leisring y Rosenbaum, 2005 ). Los estudios sobre la efectividad de programas muestran resultados positivos aunque poco concluyentes. Respecto al programa Responsible Choices for Women , se han descrito mejoras en la autoestima, el estr茅s, la asertividad y la violencia psicol贸gica ( Tutty et al., 2006 ) y menor estr茅s y abuso a la pareja, aunque con empeoramiento en la autoestima ( Tutty, Babins-Wagner y Rothery, 2009 ). Tutty et al. (2006) se帽alaron que el programa es corto y no debemos tener grandes expectativas sobre el cambio esperable. Aunque los datos puedan ser esperanzadores, tambi茅n se advierte de que este tipo de grupos no deber铆an ser el 煤nico tipo de tratamiento. En los programas analizados por Buttell y colaboradores, la efectividad demostrada ha sido limitada. Por ejemplo, en la aplicaci贸n de un programa de 16 semanas creado originalmente para agresores masculinos se describieron cambios terap茅uticos satisfactorios en la direcci贸n esperada ( Carney y Buttell, 2006 ), as铆 como una reducci贸n en la probabilidad de violencia en un seguimiento a 12 meses ( Carney y Buttell, 2004 ). Sin embargo, ninguno de los estudios contaba con grupo de control y las muestras eran limitadas, por lo que resulta dif铆cil sacar conclusiones fiables. En el caso del razonamiento moral, el programa no logr贸 una mejora pero la variable tampoco estuvo relacionada con la reincidencia ( Buttell, 2002 ). En uno de los 煤ltimos trabajos con este tratamiento ( Ferreira y Buttell, en prensa ), se concluy贸 que es necesario introducir elementos relacionados con la victimizaci贸n en la infancia para conseguir programas efectivos con mujeres agresoras, as铆 como eliminar barreras estructurales (como el cuidado de los hijos) para facilitar la adherencia al programa. En el mismo estudio se se帽alan cifras de abandono del 48% antes de iniciar el programa y del 13% para la no finalizaci贸n del mismo.

Respecto a las agresoras sexuales, Cortoni y Gannon (2013) insisten en las limitaciones del 谩mbito y la fase temprana de desarrollo en la que nos encontramos. Sin embargo, se帽alan algunas variables de inter茅s para el tratamiento entre las que se encontrar铆an las cogniciones en apoyo del delito, los factores relacionales (como la dependencia), la regulaci贸n emocional, los d茅ficits en estrategias de afrontamiento y el inter茅s sexual desviado junto a las fantas铆as. Estas necesidades, aunque similares a las de los varones, se manifestar铆an de forma diferente. Respecto a la responsividad, insisten en las diferencias de g茅nero. Por ejemplo, no recomiendan el tratamiento en programas mixtos (agresores y agresoras) pues muchas mujeres presentan historial de abusos por parte de hombres. Este es el caso de algunos de los programas disponibles en EE.UU. (ver Blanchette y Taylor, 2010 ). Debido a la baja tasa base de reincidencia, las herramientas creadas en muestras masculinas sobreestiman el riesgo de reincidencia en mujeres y se recomienda usar inventarios validados en mujeres como el LSI-R, aunque su objetivo no sea la violencias sexual. Respecto a las necesidades, ninguna investigaci贸n ha establecido los factores de riesgo din谩micos relacionados con la reincidencia en estas mujeres aunque, como se ha se帽alado, las cifras de reincidencia en delito sexual son muy bajas, entre el 1% y el 3% ( Cortoni et al., 2010).

Conclusiones y propuestas

Como se ha podido comprobar, la intervenci贸n con mujeres violentas es una cuesti贸n en pleno desarrollo sobre la que a煤n tenemos m谩s dudas que certezas. La baja prevalencia influye en la poca atenci贸n que se ha prestado al problema, pero se ha puesto de manifiesto que la presencia de mujeres en el contexto jur铆dico-forense ha ido en aumento y la visibilizaci贸n de nuevas formas de violencia y el incremento de la persecuci贸n de las infractoras supone un reto para los profesionales de este 谩mbito. Examinar la violencia femenina y las posiciones te贸ricas que tratan de explicarla es el primer paso para descubrir de qu茅 se trata y c贸mo podemos hacerle frente ( Gavin y Porter, 2015 , p. 165). Este es sin duda el principal reto al que nos enfrentamos en el contexto espa帽ol (y en el hispanohablante en general).

Antes de sintetizar las principales conclusiones y abordar las implicaciones para la pr谩ctica y puesta en marcha de propuestas en el contexto espa帽ol es necesario tener en cuenta algunas limitaciones de este trabajo. En primer lugar, no se trata de una revisi贸n sistem谩tica. El escaso desarrollo de la materia en nuestro contexto y el objetivo gen茅rico del trabajo imped铆an una revisi贸n completa de los distintos estudios disponibles en el contexto anglosaj贸n, pues primero es necesario un conocimiento global del estado de la cuesti贸n. Por tanto, se han abordado aspectos que pueden considerarse pasos iniciales de cara a un mayor conocimiento de esta casu铆stica. Por otro lado, la revisi贸n ha puesto el foco de atenci贸n en las principales formas de violencia, que a su vez tambi茅n son las m谩s atendidas y estudiadas en agresores masculinos (la violencia sexual y la de pareja). Con esta revisi贸n se ha intentado ofrecer una panor谩mica sobre la situaci贸n con el objetivo de promover una mayor atenci贸n a estos problemas, pero existir铆an otras formas tanto de delincuencia general como de violencia que se podr铆an analizar (maltrato infantil, homicidio, acoso, violencia filio-parental) ( Freiburger y Marcum, 2016; Gavin y Porter, 2015 ). Por 煤ltimo, se ha tratado de abordar el conocimiento m谩s actual sobre la tem谩tica, dejando de lado muchos trabajos no tan pr贸ximos en el tiempo pero que podr铆an ser de inter茅s para valorar la evoluci贸n que se ha dado en la evaluaci贸n y el tratamiento de la mujer delincuente. Cabe se帽alar, sin embargo, que muchos de los trabajos revisados constituyen un compendio valioso del estado de la cuesti贸n hasta la fecha. Por tanto, teniendo en cuenta estas limitaciones, a continuaci贸n se resumen las principales conclusiones y las propuestas que de ellas se derivan para nuestro contexto.

En primer lugar, como ya hemos se帽alado, el principal problema que se repite en casi la totalidad de trabajos y pa铆ses es la disponibilidad de muestras. Las cifras de mujeres tienden a no ser lo suficientemente grandes como para crear programas espec铆ficos y cuando se crean las limitaciones de las muestras impiden dise帽os con grupos de comparaci贸n u obligan a intervenciones individuales. Por tanto, esta limitaci贸n impide o dificulta alcanzar un tama帽o muestral suficiente para valorar la efectividad de los programas o hacer estudios de seguimiento fiables. Ford (2009) insiste en que pese a que ahora somos m谩s conscientes de la violencia femenina, incluso antes de plantearnos qu茅 deber铆an incluir o no los programas para agresoras sexuales, la escasa cifra de mujeres condenadas hace que los tratamientos espec铆ficos para ellas sean log铆sticamente dif铆ciles.

En segundo lugar, una cuesti贸n directamente ligada al tratamiento es la evaluaci贸n del riesgo de reincidencia. Como hemos visto en esta revisi贸n, la evaluaci贸n de las necesidades crimin贸genas supone un primer paso en el dise帽o de programas, muchas de cuyas variables son a su vez factores de riesgo presentes en las herramientas de predicci贸n y gesti贸n de la violencia. Esta pr谩ctica, aunque en desarrollo en algunos pa铆ses con herramientas elaboradas para muestras masculinas (p. ej., Hilton et al., 2014; Storey y Strand, 2013 ) y aparentemente validada con herramientas para ajustar el nivel de intervenci贸n al riesgo de la delincuente ( Holtfreter y Cupp, 2007; Smith et al., 2009 ), est谩 poco extendida y nada validada en nuestro contexto. 驴Somos capaces de evaluar el riesgo en mujeres delincuentes? 驴Pueden los cuerpos policiales utilizar las herramientas disponibles en casos que se salgan del patr贸n 鈥渉ombre agresor-mujer victima鈥? 驴Podemos ajustar las intervenciones al riesgo evaluado con herramientas validadas en muestras masculinas? Aunque la investigaci贸n internacional nos ofrezca respuestas afirmativas en muchos de estos casos, estas y otras muchas son cuestiones a las que deberemos hacer frente en los pr贸ximos a帽os.

En tercer lugar, y relacionado con los dos puntos anteriores, nos encontramos el bajo porcentaje de reincidencia. Como se ha se帽alado, un criterio habitual para valorar le efectividad de una intervenci贸n es la reducci贸n de la reincidencia. Sin embargo, en el caso de la informaci贸n disponible para mujeres agresoras, estas cifras son muy bajas por lo que resulta complicado demostrar que una intervenci贸n es eficaz. En casos como las agresoras sexuales se plantean cifras del 1%, algo que hace que pr谩cticamente ninguna mujer reincida oficialmente y que, por tanto, la predicci贸n de esta conducta sea a煤n m谩s complicada.

Por 煤ltimo, algo que se ha constatado en los programas para agresoras de pareja son las elevadas cifras de abandono (cercanas al 50%). Pese al aumento del n煤mero de mujeres detenidas y condenadas por violencia contra la pareja, a煤n se sabe poco sobre las variables que afectan a los programas de tratamiento ( Buttell, Wong y Powers, 2012 ). Respecto a los programas para agresoras sexuales, desconocemos cuestiones referentes a la adherencia y se afirma que el haber tomado como punto de partida las caracter铆sticas de agresores sexuales masculinos y mujeres delincuentes en general no es del todo inapropiado debido al solapamiento de factores de riesgo ( Ford, 2009 ). En ambos casos, a煤n es necesario profundizar en las caracter铆sticas concretas de estas mujeres y las mejores propuestas de intervenci贸n.

Tal como Blanchette y Taylor (2010) se帽alan en su revisi贸n, algunos pa铆ses son pioneros en el tratamiento de las delincuentes sexuales (p. ej., Canad谩 y EE.UU) pero al margen de estas excepciones el tema sigue siendo un dilema internacional para el que es necesaria mucha m谩s informaci贸n. A煤n estamos en fases primarias en la comprensi贸n de las diferencias entre la violencia femenina y la masculina y para ofrecer intervenciones efectivas debemos comprender mejor las din谩micas de la violencia cometida por mujeres ( Tutty et al., 2009 ). Es evidente que la utilizaci贸n de los modelos masculinos sin control puede afectar a la eficacia de los programas existentes, aunque la escasez de publicaciones relacionadas con programas para agresoras hace que se desconozca lo adecuado de esta pr谩ctica y dificulta las propuestas basadas en la evidencia. Para algunos autores, tipos de violencia considerados tradicionalmente como propios de varones se beneficiar铆an de definiciones m谩s amplias que permitiesen atender a formas de abuso que no siguen el patr贸n 鈥渉ombre agresor-mujer v铆ctima鈥, con la oportunidad que ello supone para la investigaci贸n, la intervenci贸n y la prevenci贸n ( Gavin y Porter, 2015 ). Tambi茅n se afirma que, con independencia de la teor铆a que se utilice para explicar la violencia femenina, no se puede olvidar el posible impacto que la victimizaci贸n haya tenido en ellas y es imprescindible que las pol铆ticas y las propuestas de intervenci贸n presten atenci贸n a esta variable ( Freiburger, 2016).

El desarrollo de la materia en el contexto espa帽ol es a煤n es limitado. Disponemos de algunos trabajos sobre la intervenci贸n con mujeres en prisi贸n (p. ej., Del Pozo, 2015; Del Pozo, Jim茅nez y Turbi, 2013; Fontanil et al., 2013; Yag眉e, 2002, 2007 ), aunque nada espec铆fico para mujeres violentas. A nivel acad茅mico y de investigaci贸n es poca la atenci贸n prestada al problema de la delincuencia en mujeres, y a煤n menor en el caso de la violencia femenina. A nivel institucional, las cuestiones m谩s afianzadas son las unidades de madres y el programa de prevenci贸n de violencia de g茅nero para las mujeres en centros penitenciarios dirigido a reducir la vulnerabilidad y dependencia de mujeres victimizadas ( II.PP., 2010 ). Tambi茅n se han hecho algunas adaptaciones de programas para delitos violentos pero a煤n se carece de informaci贸n o gu铆as al respecto. En el contexto comunitario, se estar铆an desarrollando iniciativas para la atenci贸n de mujeres implicadas como infractoras en delitos relacionados con la violencia dom茅stica (maltrato a menores por ejemplo). En este contexto est谩 disponible el programa PROBECO ( II.PP., 2015 ), destinado a hombres y mujeres condenados con una pena a trabajos en beneficio a la comunidad (superior a 60 jornadas) o de suspensi贸n o sustituci贸n de condena vinculada a programas de tratamiento. El programa puede aplicarse a mujeres violentas, salvo en casos de delitos de violencia de g茅nero, delitos contra la seguridad del tr谩fico, delitos sexuales y delitos en el 谩mbito familiar. Tampoco se recomienda su uso en personas que requieran programas de drogodependencia o de salud mental, para los que ya hay tratamientos espec铆ficos. El programa sigue principalmente los modelos RNR y Vidas Satisfactorias y se centra en el desarrollo de habilidades, modificaci贸n de estilos de pensamientos, regulaci贸n emocional y prevenci贸n de reca铆das entre otras cuestiones. El m贸dulo est谩 compuesto por 26 sesiones destinadas al desarrollo de competencias sociales. Posteriormente se realizan m贸dulos espec铆ficos seg煤n la tipolog铆a delictiva y, por 煤ltimo, se realiza una sesi贸n de prevenci贸n de reca铆das. El manual del terapeuta ofrece en algunas secciones criterios de evaluaci贸n diferenciales para hombres y mujeres.

Tal como se menciona en la bibliograf铆a sobre mujeres violentas, podemos aprender de la experiencia en el tratamiento de agresores varones para as铆 evitar los errores cometidos (por ejemplo, la utilizaci贸n de programas de talla 煤nica cuando los sujetos no son homog茅neos). Para nuestro caso particular, adem谩s, no solo podemos aprender de estos errores sino que contamos con la experiencia y las recomendaciones de los pa铆ses que han sido pioneros en la atenci贸n a mujeres delincuentes a fin de poner en pr谩ctica programas espec铆ficos con perspectiva de g茅nero. Este recorrido por la situaci贸n del tratamiento de la mujer delincuente violenta, con especial atenci贸n al caso de la violencia de pareja y la violencia sexual, ha puesto de manifiesto las limitaciones y retos a los que nos debemos enfrentar. Queda pendiente la revisi贸n de otras propuestas de intervenci贸n para problemas a los que se presta menos atenci贸n o se da menor visibilidad, en concreto las restantes formas de violencia, la atenci贸n a problemas de adicciones, la agresora con trastorno mental, etc. Resultar谩 de inter茅s seguir de cerca nuevas propuestas de intervenci贸n, como el programa CARE dise帽ado espec铆ficamente para mujeres delincuentes con riesgo de violencia ( Smith, Tew y Patel, 2015 ) y desarrollar estudios que sistematicen la efectividad de los programas para mujeres ( Stewart y Gobeil, 2015).

Gavin y Porter (2015) afirman que las mujeres no solo agreden o matan en defensa propia y sus v铆ctimas no solo son parejas agresoras o hijos no deseados, sino que el problema est谩 en demonizar o considerar siempre v铆ctimas a estas mujeres. Por ello, resulta especialmente relevante conocer la magnitud del problema as铆 como las caracter铆sticas de las mujeres que se implican en distintos tipos de delitos o conductas violentas con el fin de poder establecer los objetivos de intervenci贸n y los programas m谩s adecuados. Debemos tener siempre presente que el tratamiento de agresores y agresoras, as铆 como la evaluaci贸n de su riesgo, afecta a tres 谩mbitos: al propio infractor, a la v铆ctima y a la sociedad en su conjunto. Que exista una desproporci贸n en la implicaci贸n en delitos violentos entre mujeres y hombres no significa que debamos desproteger a las v铆ctimas que son agredidas por mujeres ni desatender las necesidades de las mujeres que se ven implicadas en situaciones violentas como agresoras.

Conflicto de intereses

El autor de este art铆culo declara que no tienen ning煤n conflicto de intereses.

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