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 ESTUDIOS

 

EL DELITO DE VIOLACION DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA PSICOLOGIA

 

Nuria ARAGON RAMIREZ

Psicóloga


RESUMEN

PALABRAS CLAVE

ABSTRACT

KEY WORD

INTRODUCCION

INCIDENCIA DEL DELITO

Datos estadísticos

LA VIOLADA EN El SISTEMA LEGAL

Concepto de víctima

Fases del proceso penal: situación de la víctima

LAS SECUELAS PSICOLOGICAS DE LA VIOLACION

EL SINDROME PSICOLOGICO DE LA VIOLACION

Las conceptualizaciones de la «teoría de la crisis»

Críticas a estas teorías

Un modelo teórico de aprendizaje de la etiología de los problemas inducidos por la violación

LA INTERVENCION PSICOLOGICA EN LOS CASOS DE VIOLACION

REFERENCIAS


RESUMEN

La diferencia entre abusos deshonestos y violación no existe. La violación puede entenderse como una agresión contra la persona más que como un mero asalto sexual

A partir de este criterio psicológico se realiza un estudio referente sobre la incidencia del delito, la víctima en el sistema legal, las secuelas de la violación, el consecuente síndrome psicológico y por último, la violación entendida como un trastorno por estrés postraumático.

PALABRAS CLAVE: Violación. Abusos deshonestos.

ncia: aunque difference between indecent assault and raping doesn't exist. Raping may be understood more as an attack against the person than as a simple indecent assault.

Starting from this psychological criterion a study is carried out on the incidence of the crime, the victim in the legal system, the consequences of the rape, the resulting psychological syndrome and, lastly, raping understood as a disorder from post-traumatic stress.

KEY WORDS: Raping. Indecent assaults.

 

INTRODUCCION

El artículo 429 del Código Penal (LO 3/1989, de 21 de junio) entiende por violación la penetración por vía vaginal, anal o bucal en tres supuestos:

* Fuerza e intimidación: fuerza equivale a violencia física e intimidación a coacción moral, esta última tiene que tener cierta relevancia y concreción no bastando vanas amenazas. Ambas pueden concurrir en un mismo suceso, en ocasiones estas no se dan en el momento del coito sino que el agresor aprovecha la situación provocada por otros individuos poco antes.

Existe fuerza siempre que se empleen medios materiales que impidan la libertad de movimientos de la víctima, sin la previsión de que la fuerza sea irresistible, bastando con que esta sea suficiente para reducir a la mujer.

La confluencia entre violencia y acto carnal no significa necesariamente que ha habido violación por lo que hay que demostrar el nexo causal entre violencia y coito no querido.

* Enajenación mental o carencia de sentido (mujer bajo hipnosis, desmayada, narcotizada o dormida) resultando en tales casos irrelevante el consentimiento.

* Menor de doce años, aun cuando haya habido consentimiento por su parte.

Un caso particular es la supuesta provocación de la situación por parte de la mujer que incluso coopera inicial y voluntariamente al juego erótico negándose, posteriormente, al coito para el que es forzada o intimidada.

La jurisprudencia ha considerado que existe violación aunque puede suavizarse la pena mediante la circunstancia 8.ª del artículo 9.º (27) o solicitando un indulto particular según el artículo 2.º (28).

En el artículo 430 se hace referencia a los abusos deshonestos en los que se incluye cualquier otro tipo de agresión sexual entre los que se encuentra la introducción de objetos y el uso de medios, modos o instrumentos brutales degradantes o vejatorios.

Desde un punto de vista psicológico la diferencia entre violación y abusos deshonestos no existe: habrá violación siempre que la mujer se perciba a sí misma como objeto de una agresión sexual; la falta de consentimiento a realizar el acto sexual por parte de la víctima va a ser pues un elemento determinante. La violación puede entenderse como una agresión contra la persona más que como un mero asalto sexual.

Durante el asalto la mujer se siente tratada como un objeto, desconoce lo que puede pasar, que pretende el agresor, teme por la propia vida está preocupada, angustiada, aterrorizada, confusa, y experimenta síntomas psicofisiológicos como temblores, taquicardia, dolor, respiración agitada, tensión y entumecimiento muscular, además como elementos más sobresalientes suelen darse un sentimiento de vergüenza-humillación a la vez que pérdida de control.

 

INCIDENCIA DEL DELITO

Las posibles víctimas de violación están comprendidas en una franja de edad que va de los pocos meses hasta la senectud.

Este dato va en contra de la pre-concepción de aquellos que creen que la violada provoca su propia violación.

Sin embargo, la edad en la que se corre mayor riesgo va de los dieciséis a los veinticinco años debido a la exposición de estas mujeres a un alto número de situaciones de riesgo (tipo de vida activo, viajes, salidas nocturnas, establecimiento de numerosas relaciones interpersonales... ) así como la percepción de un menor número de factores de riesgo (falta de desconfianza respecto al entorno).

Datos estadísticos

Según la Dirección General de la Policía en 1990 de los 4.367 delitos conocidos contra la libertad sexual, un 31,88% correspondieron a violación, es decir, en el año noventa se denunciaron en España 1.392 violaciones.

Las violaciones en menores de doce años (según fuentes citadas en «Violencia contra la mujer» ed. Ministerio del Interior 1991) representan el 12% del total de las víctimas, el 75% de estas el agresor era conocido por la familia.

Con un estudio financiado por el Consejo Superior de Londres realizado en 1983-1984 con una muestra de 1.236 personas se crearon los primeros datos estadísticos de prevalencia real de violación o intentos de Londres. Se obtuvo que una de cada seis mujeres había sido alguna vez en la vida agredida, de estas:

El 17% fueron violadas.

El 31 % padecieron un asalto sexual.

El 20% padecieron un intento de violación.

El 1 % fue violada en grupo

El 10% fue violada en el hogar.

El 16% fue violada antes de los dieciséis años.

Sólo el 10% de estas mujeres denunció el hecho.

En cuanto al impacto diferencial de la violación en relación con otro tipo de delitos podemos afirmar que (Echeburúa 1989):

 

El 53% de las mujeres es objeto de una agresión sexual.

El 43% de las mujeres es objeto de robo con escalamiento y nocturnidad.

El 4% de las mujeres es objeto de robo con intimidación y violencia.

Por lo que respecta a la tasa de denuncias a la policía, el índice más bajo se da en las agresiones sexuales.

Según Carrobles (1985) la relación entre violaciones reales y denunciadas es de 5-10:1, Kilpatrick y Veronen (1983) señalan cifras algo menores 3,5:1.

 

LA VIOLADA EN El SISTEMA LEGAL

Concepto de víctima

Ante todo la mujer violada es la víctima de un delito, es decir, «una personalidad, de naturaleza depresiva, con un núcleo de angustia exógeno motivada por factores de muy diversa naturalezas (Albarrán, 1992).

Se dará victimización primaria cuando la persona pasa a ser víctima debido a una acción punible cometida por uno o más individuos.

La victimización secundaria se concibe como el agravamiento de la primera debido a la falta de reacción por parte de su medio social cercano y a la falta de sensibilidad de organismos de control (policía) e instituciones sociales.

 

Fases del proceso penal: situación de la víctima

El final de la violación no elimina el estrés de la mujer, ya que tras esta debe enfrentarse a una variedad de decisiones entre las que destacan decidir si contar lo ocurrido y a quién hacerlo y si pone el hecho en conocimiento de la policía o no.

Si denuncia deberá enfrentarse con un proceso largo y doloroso que consta de las siguientes fases:

a) Denuncia a la policía

Como ya se ha señalado este delito no

suele denunciarse y esto parece que se debe a:

La falta de información, el temor al ridículo, el sentimiento de vergüenza y de culpa.

Miedo a represalias por parte de los violadores que en numerosas ocasiones son conocidos, así como a la posible censura de la familia y/o los amigos resultante de las actitudes negativas acerca de las víctimas de violación.

Confusión y miedo provocado por la agresión que puede incluso intensificarse horas después de ésta.

En esta fase la victimización secundaria se da en dos momentos:

1) Atención que la mujer recibe de la policía en la calle.

En ocasiones ésta es deficiente ya que los policías se inhiben, no buscan al actor, no explican a las demás personas que están en la calle el estado de shock en el que se encuentra la víctima...

2) Atención que recibe en la comisaría.

El Ministerio del Interior recomienda a sus funcionarios que en la entrevista con estas mujeres no manifiesten opiniones que hieran la sensibilidad de esta, mantengan una actitud sosegada y tranquila, no den consejos personales ni polemicen.

Desde los grupos de mujeres violadas se manifiesta el deseo de que sea otra mujer (preparada sobre el tema) quien tome declaración a la víctima.

 

b) Intervención en el proceso penal

La mujer puede pasar a ser un testigo de la acusación si la fiscalía asume sus intereses o participar activamente en el proceso como acusación privada.

En esta fase encontramos los siguientes problemas:

Experiencias traumatizantes debido al trato que pueda recibir de los funcionarios (victimización secundaria).

Falta de atención e información a lo largo del proceso.

Experiencias negativas al tener que comparecer ante el agresor durante el proceso, cuando ha de reconocerle y testificar en su contra.

c) Veredicto final

Encontramos tres fuentes principales de estrés para la víctima:

La demora en la celebración de la vista oral que le obliga a mantener la tensión previa.

La exposición pública de los hechos donde debe recordar cada detalle del incidente, así como otros hechos de su vida relacionados con el delito.

El hecho de que pueda ser tratada como causante o provocadora del delito.

Normalmente la defensa utiliza las «técnicas de neutralización» para proteger la imagen del acusado y justificar el delito utilizando en muchas ocasiones los mitos socio-culturales que hoy todavía subsisten sobre la violación

d) Post-sentencia

Para la mujer no es tan importante el cumplimiento de la pena por parte del agresor como la reparación de las secuelas que el delito ha provocado en ella.

Desde el movimiento victimológico la intervención que se propone para paliar los efectos del delito y del proceso consta de diversos programas de ayuda a las víctimas con el fin de atender sus necesidades así como otros que se pueden considerar como medidas alternativas a la prisión, sin embargo no todos podrán aplicarse al delito que se está tratando.

De entre los programas más conocidos pueden destacarse los siguientes:

Actualmente existen en España algunos centros de asistencia psicosocial a víctimas de actos delictivos donde según Soria (1990) el psicólogo debe, entre otras cosas, intervenir tanto en la persona victimizada [mediante procedimientos de Intervención Breve basados en los de Veronen y Kilpatrick (1987), intervención en crisis ... ] como en la comunidad a la vez que debe prevenir la victimización secundaria trabajando con las Instituciones implicadas.

 

LAS SECUELAS PSICOLOGICAS DE LA VIOLACION

Los efectos psicológicos de la violación son muy cambiantes, no podemos pues hablar de una reacción uniforme en todas las mujeres, estos efectos dependen entre otras de las siguientes variables:

1) La atribución: las mujeres suelen culpabilizarse de la agresión, por lo que será necesario en la terapia conseguir que atribuya lo ocurrido al agresor (y no a los errores cometidos por ella) ya que de esta forma disminuirá el impacto psicológico del asalto.

2) La capacidad de adaptación a los cambios de la vida (matrimonio, cambio de trabajo o de domicilio ... ): las mujeres que tienen una mayor facilidad de adaptación van a tener una mejor respuesta ante la violación. Los cambios frecuentes del «estilo de vida» traen consigo una sobre carga de estrés, cuanto más estresante sea la situación vital de la mujer más lenta será la recuperación psicológica.

3) Conocimiento previo del agresor: parece que cuando el agresor es una persona conocida las secuelas son mayores; la mujer experimenta mayor culpa, vergüenza y asco que cuando el delincuente es desconocido. En este último caso parece más fácil la disociación con la conducta sexual habitual de la mujer y la atribución del hecho a un factor causal. Sin embargo, no todos los autores, como por ejemplo Doweswell (1987) (citado por Vázquez 1993), están de acuerdo con esto.

4) La severidad del asalto: Vázquez Mezquita (1992), desde su experiencia en la Clínica Médico-forense de Madrid, defiende que cuanto más severo sea éste, mayores serán los síntomas psicosomáticos que provoque el delito en la víctima a largo plazo.

Una mayor agresividad aparece cuando el agresor desconoce a la víctima (por lo que no empatiza con ella) y cuando ésta intenta defenderse.

Con respecto a este último punto Alario (1993) habla del entrenamiento en defensa personal como forma de prevención de la violación y aunque reconoce que en España no se ha realizado ningún estudio sobre la efectividad de la autodefensa y que incluso esta opción puede llegar a provocar ansiedad en la mujer afirma que «fortalecerse físicamente sería deseable» (Alario 1993, pág. 76).

Nadie duda de las ventajas que tiene estar en forma, sin embargo, no parece el modo más oportuno de hacer frente a una agresión sexual o por lo menos eso defienden aquellos profesionales que tratan cotidianamente con este problema.

Así, desde instancias policiales se recomienda a la mujer que en caso de verse en esa situación «consienta sin luchar, en ningún caso enfadar al violador, no pegar ni antagonizarle, ya que esto incrementaría su violencia. Evitar luchar o resistir. Nunca llorar ni rogarle, ya que esto aumenta su sensación de fuerza» (en «Violencia contra la mujer» Ed. Ministerio del Interior y Ministerio de Asuntos Sociales, 1991).

Seguir este consejo, como también reconoce la fuente anteriormente citada, puede hacer que las secuelas posteriores sean menos graves, sin embargo, puede volverse en contra de la víctima durante el proceso penal, debido a que la ley establece que para que haya delito es necesario que la mujer oponga resistencia, es decir, que se dé fuerza o intimidación.

Además, el hecho de fingir consentimiento puede, no sólo ser esgrimido por la defensa del presunto delincuente como muestra de consentimiento real, sino también crear problemas de culpabilidad en la víctima.

5) La edad: las mujeres adultas tienen mayores problemas de ajuste que las niñas y las adolescentes.

6) El trabajo: las ocupadas en el momento de la agresión tienen peor pronóstico que aquellas que no lo están.

7) El estado civil: las mujeres casadas que viven con sus maridos tienen mayores problemas de ajuste después de la violación que otras mujeres.

Las separadas o divorciadas junto con los problemas que se dan normalmente tras la agresión se cuestionarán su estilo de vida.

Las jóvenes solteras presentarán sentimientos de culpa, vergüenza, vulnerabilidad y violencia especialmente si su primera experiencia sexual se ha desarrollado en este contexto.

8) Los tratamientos psiquiátricos anteriores: las víctimas con historias de tratamientos anteriores van a tener un pronóstico peor que el resto.

9) La denuncia: aunque denunciar supone ciertos momentos dolorosos para la mujer, sin embargo, parece que no tiene efecto en el impacto psicológico del delito (hay que tener en cuenta que la variable de la que se habla es la denuncia en cuanto tal, no la totalidad del proceso penal, que sí puede tener efectos negativos sobre la mujer por las características que posee y que anteriormente se han descrito).

 

EL SINDROME PSICOLOGICO DE LA VIOLACION

Las conceptualizaciones de la «teoría de la crisis»

Burgess y Holmstrom (1974) fueron los primeros en describir un síndrome específico y característico de la violación. Aunque existen características comunes en todas las víctimas, en este tipo de delito las variables individuales van a tener una gran importancia.

Estas teorías mantienen que la mujer llega a un «estado de crisis» debido a que sus habilidades de enfrentamiento han fracasado en el intento de combatir una situación estresante.

En este proceso encontramos las siguientes fases:

a) Fase aguda.

Tiene lugar inmediatamente después de la violación y puede durar días o pocas semanas. En este momento la mujer tendrá que decidir si se pone o no en contacto con el sistema legal.

La fase se caracteriza por una desorganización en el estilo de vida, aparece un alto grado de miedo y ansiedad así como conductas incoherentes y pensamientos de incredulidad y confusión. Las mujeres se sienten humilladas, culpables, degradadas, avergonzadas.

La víctima se comporta de forma dependiente buscando siempre la ayuda de los demás y dejando que éstos decidan por ella.

Durante este shock inicial también son frecuentes los trastornos psicosomáticos como fatiga generalizada, alteraciones del sueño y del apetito, problemas gastrointestinales, reacciones de sobresalto al menor incidente y disfunciones sexuales (anorgasmia y pérdida del deseo erótico).

b) Fase de pseudoadaptación.

Suele aparecer a las dos o tres semanas tras la agresión. Se caracteriza por la aparente superación de los efectos traumáticos: la víctima restablece su estilo habitual de vida, pero oculta sus sentimientos de ira y resentimiento.

Suelen aparecer pesadillas y conductas de evitación que pueden disminuir el repertorio habitual de conductas lúdicas lo cual a su vez va a funcionar como agravante del estado de ánimo negativo de la mujer.

c) Fase de integración y resolución

Puede prolongarse de forma indefinida en el tiempo. Suelen aparecer sentimientos de humillación, autoculpabilización, deseos de venganza, temor a la violencia interpersonal y a ser nuevamente víctima de un delito contra la libertad sexual.

Otros autores, Bard y Sangrey (1979), conciben este mismo síndrome en tres etapas diferentes a las anteriores:

a) Fase de impacto.

Es muy similar a la aguda de Burgess y Holmstrom.

b) Fase de retroceso.

Las víctimas describen numerosas emociones fuertes que intentan negar. Es necesario algún grado de negación como intento de manejarse con lo que les ha ocurrido.

Junto a esto puede esperarse una gran habilidad emocional.

c) Fase de reorganización.

La mujer asimila la experiencia de victimización y experimenta menos emociones intensas.

 

Críticas a estas teorías

Kilpatrick et al. (1979) critican a estos autores ya que sus teorías son especulativas pues los estudios realizados para corroborarlas carecen de una metodología rigurosa y presentan datos de carácter más bien anecdótico.

Además Kilpatrick et al. (1979) afirma que:

Como ventajas encuentran en estas teorías la superación de las limitaciones de la concepción psicoanalista cuyos representantes, sugieren que algunas mujeres inconscientemente desean ser violadas y provocan su agresión (Deutsch 1974, Factor 1954).

Otra ventaja es que presentan una forma de intervención simple de enseñar y aprender que puede ser llevada a cabo por para profesionales y que tiene un coste bajo. Sin embargo, hoy día estas terapias no han conseguido demostrar su eficacia.

 

Un modelo teórico de aprendizaje de la etiología de los problemas inducidos por la violación

Kilpatrick et al. (1977, 1982, 1983) explican la depresión, ansiedad, miedo y disfunciones sexuales sobre la base de los principios derivados de la teoría del aprendizaje.

El miedo y la ansiedad son adquiridos por condicionamiento clásico, generalización y condicionamiento de segundo orden, a partir de estos procesos surgen las disfunciones sexuales y la depresión.

Las mujeres perciben la agresión como una situación en la que su vida está en peligro, este hecho hace que responda (respuesta incondicionada natural) con síntomas autonómicos de ansiedad propios de estímulos incondicionados dolorosos y amenazadores para la vida.

Cualquier estímulo que se asocie al EI va a tener la capacidad de evocar miedo y ansiedad, así estímulos como un individuo de sexo masculino o las señales asociadas con el coito serán EC para casi todas las mujeres.

Para conocer los posibles estímulos que en la víctima funcionan como EC será necesario pedirle a la mujer que describa con detalle los estímulos que estuvieron presentes durante el asalto, debido a que estos últimos pueden generalizarse a otros estímulos semejantes, así por ejemplo el agresor no sólo será quien dispare respuestas de ansiedad en la mujer, sino que también podrá hacerlo cualquier otro hombre.

Junto a este proceso de condicionamiento clásico encontramos otro de condicionamiento operante: la mujer ante determinados estímulos responderá con conductas de escape o evitación que se refuerzan negativamente al reducir la ansiedad.

Al igual que los estímulos externos las señales cognitivas (imágenes, pensamientos y flashbacks desagradables) pueden actuar como EC de respuestas de miedo y ansiedad, de ahí que cuando la policía, el juez, los amigos. preguntan a la mujer sobre el asalto está presente signos de malestar, ansiedad y miedo que le provocan un alto estado de activación y estrés.

El condicionamiento de segundo orden va a promover la generalización de la ansiedad a nuevas señales. Parece además que este proceso puede involucrar a terapeutas y demás personas con quienes la víctima ha hablado o discutido sobre la agresión llegando a convertirse en EC que elicitan REC- y que funcionan como estímulos discriminativos de las respuestas de escape y evitación.

Normalmente el número de estímulos discriminativos es tan grande que el repertorio de conductas de la víctima puede verse muy limitado, lo que puede llevar a depresión: la teoría de Lewinshon (1974) explica cómo la mujer debido a la reducción de su tasa de respuestas deja de recibir refuerzos positivos por su comportamiento, la de Seligman (1975) las sensaciones de pérdida de control e indefensión, la de Beck (1976) las cogniciones defectuosas que hace la mujer para interpretar la agresión («es un castigo por comportamientos pasados, yo soy la culpable»).

 

LA VIOLACION ENTENDIDA COMO UN TRASTORNO POR ESTRES POSTRAUMATICO

Aproximadamente el 60% de las mujeres podrían ser diagnosticadas según el DSM-III-R (1987) de estrés postraumático ya que:

Otros datos a tener en cuenta a la hora de hacer el diagnóstico son:

- Las víctimas, según Kilpatrick (1992), mejoran sustancialmente tres meses después de la agresión, pero esta mejoría permanece estable y estancada hasta cuatro años más tarde. Estos datos se contraponen a los defendidos por los teóricos de la crisis, quienes afirman que el estrés disminuye significativamente entre la sexta y octava semana tras el «ataque de crisis».

Kilpatrick también defiende que el estrés inicial es directamente proporcional con el posterior, siendo pues un buen predictor de las consecuencias negativas que va a sufrir la mujer más adelante.

- La adaptación social tiende a recuperarse entre dos y cuatro meses después del asalto, excepto en el rendimiento laboral donde se observa una reducción de la capacidad de concentración incluso ocho meses más tarde.

- Como trastornos asociados suelen aparecer disfunciones sexuales y depresión.

La conducta sexual tiende a normalizarse dos semanas después, pero la mujer no llega a alcanzar el nivel de satisfacción anterior El restablecimiento de esta actividad al poco tiempo de la violación facilita la recuperación psicológica de la mujer La depresión tiene un efecto transitorio que va de los dos a los cuatro meses tras la agresión.

- Solamente entre el 20-25% de las mujeres no muestran ningún síntoma un año después del asalto.

 

LA INTERVENCION PSICOLOGICA EN LOS CASOS DE VIOLACION

La intervención psicológica en la violación va a ser diferente, dependiendo del tiempo transcurrido tras la agresión. Así podemos hablar de tres tipos de víctimas:

Para las primeras existen algunos programas que pueden ser llevados a cabo por paraprofesionales y que informan a la mujer de los procesos que está experimentando, le ayudan a plantear opciones y le proporcionan apoyo emocional. En algunos casos el consejero atiende a la víctima durante todo el proceso penal.

El tipo de intervención que puede hacerse con las víctimas recientes va a variar dependiendo de la orientación teórica en que se base:

- Desde el modelo de la crisis los principios generales de la intervención son:

- Desde el modelo conductual la ansiedad y el miedo son problemas importantes para las víctimas recientes, sin embargo en los dos o tres meses tras el asalto el estrés es extremo y la desorganización conductual es tal que requieren ser tratados para poder intervenir más adelante en otras á reas

Kilpatrick desarrolla un programa de intervención breve (BBIP) que dura de cuatro a seis horas. Este tratamiento puede detener el desarrollo de las fobias que se gestan durante la agresión. Combina tratamiento conductual con asesoramiento feminista, así lo principal es que la información y habilidades de enfrentamiento ayuden a la mejora de las víctimas.

Se basa en las siguientes ideas:

El BBIP comienza con una entrevista, tras ésta se enseñan a la mujer técnicas de relajación muscular y de respiración profunda. Cuando ya se ha conseguido un nivel moderado de relajación se pregunta a la víctima sobre el asalto. En función de su relato se reconstruye en el triple sistema de respuesta (cognitivo, fisiológico y motor) la situación inmediatamente anterior y posterior a la violación así como el primer momento que la mujer se sintió en peligro y la violación misma .

Durante la entrevista la mujer suele llorar, presentar taquicardia y tensión muscular, aunque estas reacciones le hacen sufrir van a ser beneficiosas ya que le permiten clarificar las sensaciones experimentadas durante la agresión.

En la segunda parte del BBIP se presenta a la mujer la base teórica que explica la génesis y mantenimiento de los miedos y fobias a la vez que se la hace notar la «normalidad» de estos en la situación de violación.

En la tercera parte del programa el consejero y la mujer examinan las vías por las que esta última se siente responsable o culpable del asalto haciéndola ver que algunas fuerzas sociales son responsables de este tipo de delito (socialización del hombre para la agresividad en el sexo, la imagen que dan los medios de comunicación de la mujer disfrutando cuando se la da fuerza sexualmente ... ).

En la cuarta fase se incluye el adiestramiento en estrategias de enfrentamiento, procedimientos para tratar las sensaciones y cambios conductuales producidos tras la violación.

Según las criterios de Auerbach y Kilmann el BBIP es una intervención en crisis puesto que está orientada a problemas inmediatos, consta de un número mínimo de contactos breves, tiene una alto nivel de actividad terapéutica, estimula a la víctima para identificar estrategias de resolución de problemas y habilidades de enfrentamiento, intenta prevenir la aparición de fobias y otros trastornos asociados al estrés postraumático y reduce la dependencia con el terapeuta

La diferencia entre ambos tipos de programas es que el BBIP está más estructurado, se basa en un modelo teórico bien desarrollado, enseña habilidades específicas de afrontamiento y realiza una evaluación sistemática.

Otros autores han trabajado en este problema aplicando desensibilización sistemática y terapia cognitiva de Beck (Frank et al. 1988).

Alario (1993) utiliza para víctimas recientes y no recientes el mismo esquema terapéutico basado en relajación muscular, terapia cognitiva (sustitución de cogniciones, técnica atribucional, reestructuración cognitiva ... ), terapia exposicional (inundación principalmente) y terapia sexual, obteniendo buenos resultados.

Además defiende la conveniencia de que el terapeuta sea varón en contra de lo aconsejado por asociaciones de ayuda a la víctima de carácter feminista.

 

REFERENCIAS