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REFLEXIONES

 

Reactividad fisiológica y patrón de conducta Tipo-A: balance de la investigación
Physiologic Reactivity and Type A Behavior Pattern: Balance of The Research

Pilar SANJUAN SUAREZ(*)

Ana M.ª PEREZ GARCIA (*)


RESUMEN

ABSTRACT

PALABRAS CLAVE

KEY WORDS

PROCEDIMIENTO DE ANALISIS

INSTRUMENTO DE EVALUACION

RESPUESTA REGISTRADA

EL SEXO DE LOS SUJETOS

TIPO DE TAREAS Y ESTRES SITUACIONAL

PCTA GLOBAL VERSUS COMPONENTES .

REFERENCIAS


RESUMEN

La presente revisión se dirige a analizar la mayor reactividad fisiológica mostrada por las personas Tipo-A ante situaciones de estrés, frente a la experimentada por las personas Tipo-B, que se propone como principal nexo entre el Patrón de (CTA) y el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Para el, se revisan los resultados obtenidos en un número representativo de estudios, encontrándose, principalmente, o una mayor reactividad en los sujetos Tipo-A o una ausencia de diferencias entre los dos grupos de sujetos considerados. De cara a clarificar las discrepancias entre los resultados, parece necesario considerar el papel desempeñado por distintas variables moduladoras como: el instrumento de medida del (CTA, el sexo, el tipo de tareas utilizado, la respuesta registrada la utilización de valores de reactividad (es decir, considerando los cambios desde línea base), el nivel de reto o amenaza de la situación, o el papel de los distintos componentes que conforman el PCTA.

ABSTRACT

This review aims to analyze the greater physiological reactivity shown by Type-A subjects when exposed to stressful situations, compared to Type-B ones. This is proposed as the main link between Type-A Behaviour Pattern (TABP) and the development of cardiovascular heart diseases (CHD). The literature is reviewed showing, basically, a greater reactivity in Type-A subjects, or the lack of differences between both groups considered. In order to clarified this ambiguity, the role played by several modulator variables needs to reconsidered, such as: TABP assessment method, ender, kind of tasks used, measures of physiological reactivity recorded, reactivity values (i.e. physiological changes from baseline), level of challenge or threat in the experimental situation, or differential contribution from the TABP components.


(*) Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos. Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid.


PALABRAS CLAVE

Tipo-A, Reactividad, Presión Sanguíneo, Frecuencia cardiaca, Sexo, Estrés, Hostilidad.

KEY WORDS

Type-A, Reactivity, Blood pressure, Heart rate, Gender, Stress, Hostility.

Fueron los cardiólogos Friedman y Rosenman (1959) los que pusieron por primera vez de manifiesto, que sus pacientes, enfermos del corazón, compartían una serie de características comportamentales, tales como una tendencia a mostrar ambición, competitividad, implicación laboral y actitudes hostiles, así como un sentido de urgencia temporal que les conducía a realizar el mayor número de actividades en el menor tiempo posible, y que ellos denominaron Patrón de Conducta Tipo-A (PCTA). Todos estas características conductuales de los sujetos Tipo-A se pueden agrupar en cuatro componentes o dimensiones: Competitividad, Sobrecarga Laboral, Impaciencia y Hostilidad.

Desde entonces, y debido al interés que se suscitó en la comunidad científica, han sido muchos los estudios que se han realizado para intentar establecer claramente la intensidad de la relación entre este patrón de conducta y las enfermedades cardiovasculares, pudiéndose concluir que entre los sujetos Tipo-A se produce un número estadísticamente superior de casos de enfermedad cardiovascular que entre los sujetos caracterizados por el patrón contrario, a los que se conoce como Tipo-B (Rosenman, Brand, Jenkins, Friedman, Strauss y Wurm, 1975; Matthews, Glass, Rosenman y Bortner, 1977; Haynes, Feinleib y Kannel, 1980; Matthews y Haynes, 1986; Booth-Kewley y Friedman, 1987; Friedman y Booth-Kewley, 1988), y que por lo tanto, el PCTA es un significativo factor de riesgo, comparable, en cuanto a valor predictivo, al de los cuatro factores de riesgo tradicionales juntos (hipercolesterolemia, hipertensión arterial, obesidad y tabaquismo) (Review Panel, 1981; Cooper, Detre y Weiss, 1981).

Para explicar la mayor coincidencia de trastornos cardiovasculares entre los sujetos Tipo-A se sugiere que éstos, comparados con los B, responden a una gran variedad de estímulos con reactividad simpática, que se traduciría en una mayor actividad cardiovascular (como presión sanguínea y frecuencia cardiaca), endocrina (como adrenalina, noradrenalina y cortisol) o de otros medidas (como niveles séricos de colesterol, ácidos grasos libres, triglicéridos o testosterona). La reactividad se refiere a los cambios cardiovasculares y/o endocrinos que se producen en respuesta al estrés, comparados con los niveles psicofisiológicos mostrados en períodos de línea base. De esta manera en el sujeto Tipo-A se produciría un auténtico desequilibrio reactivo casi crónico, o al menos muy frecuente, pues estos sujetos se ven implicados en gran cantidad de situaciones potencialmente elicitadoras de reactividad, que incluso ellos mismos buscan o provocan (Smith y Anderson, 1986; Smith y Rhodewalt, 1986; Rhodewalt y Smith, 1991; Powell, 1992), que progresivamente iría dañando la estructura del sistema circulatorio, desarrollándose arteriosclerosis.

La gran importancia del problema del mecanismo fisiológico mediador, ha provocado que desde los años setenta se llevaran a cabo una gran cantidad de trabajos, recogidos después en algunas revisiones cualitativos y metaanálisis cuantitativos, realizadas con el fin de esclarecer cuales son las variables más relevantes dentro del amplio abanico de posibilidades que todo esta gran cantidad de investigaciones ha brindado (Matthews, 1982; Halmes, 1983; Houston, 1983; Krantz y Manuck, 1984; Myrtek y Greenle, 1984; Contrada, Wright y Glass, 1985; Wright, Contrada y Glass, 1985; Bermúdez, 1989; Harbin, 1989, Suls y Sanders, 1989; Lyness, 1993). Sin embargo, y a pesar de los numerosos trabajos realizados, el problema está, hoy en día, lejos de ser resuelto, pues se han obtenido resultados contradictorios. Debido a la gran importancia del problema, la dificultad para resolverlo y la gran cantidad de investigaciones realizadas, es por lo que nos propusimos complementar las revisiones anteriores con los estudios publicados hasta la fecha, analizando un total de 130 investigaciones (incluyendo tanto los que analizan el patrón global como las que lo hacen por componentes).

Lo que sí parece claramente evidente, a la vista de los resultados obtenidos es, en primer lugar, que los sujetos Tipo-B no parecen ser más reactivos que los individuos Tipo-A, pues aunque en algunos estudios se ha encontrado que son los sujetos Tipo-B los que superan a los A en algunas de los medidas, bien es verdad, que se pueden considerar excepciones, debido a su bajo número (sólo 6), relativo a la gran cantidad de investigaciones llevados a cabo, por un lado, y al elevado porcentaje de trabajos en que son los Tipo-A los que presentan mayor reactividad que los B, por otro (Hart y Jamieson, 1983; Goldstein, Edelberg, Meier, Orzano y Blaufus, 1985; Fleming, Baum, Davidson, Rectanus y McArdie, 1987; Pishkin, Braggio y Lovallo, 1987; Lawler y Schmied, 1988; Contrada, Hillon y Glass, 1991); y en segundo lugar, que hay que tener en consideración muchas variables para poder clarificar y abordar el problema del mecanismo por el cual los individuos Tipo-A llegan a desarrollar cualquier forma de cardiopatía isquémica, es decir, que la relación entre la PCTA y la hiperreactividad, no es unívoca, sino que está modulado por distintos parámetros o variables intervinientes. El análisis de las investigaciones realizadas nos permite señalar que algunas de las más importantes variables que hay que tener en cuenta, si se quiere llegar a dilucidar medianamente este problema, serían: el procedimiento de análisis utilizado, el instrumento de evaluación empleado en la selección de los sujetos, la respuesta registrada, el sexo de los sujetos, el tipo de tareas, el estrés situacional y el análisis por separado de los distintos componentes del patrón. Vamos pues a detenernos ahora a matizar y exponer con más profusión las consideraciones anteriormente mencionadas.

PROCEDIMIENTO DE ANALISIS

De la revisión de los estudios se desprende que son más predictivos o interesantes los estudios de reactividad, es decir, los que analizan como variable dependiente las puntuaciones de cambio en la situación de estrés frente a la línea base, bien mediante sustracción, bien mediante la covariación de dicho valor basal, que los que informan únicamente de los registros en momentos de estrés sin tener en cuenta los valores basales (Lyness, 1983).

INSTRUMENTO DE EVALUACION

Una consideración importante a la hora de evaluar los resultados obtenidos es el instrumento empleado para la selección de los sujetos, pues la mayoría de los revisiones concluyen que la que se conoce como Entrevista Estructurada (SI: Structured Interview; Rosenman, 1978, Friedman y Powell, 1984) parece más efectivo que el cuestionario JAS (Jenkins Activity Survey; Krantz, Glass y Snyder, 1974; Jenkins, Zyzansky y Rosenman, 1979). Sin embargo, este instrumento es el más utilizado en los investigaciones sobre PCTA en general, y también en los estudios en que se analiza la reactividad (48% de los estudios, frente al 35% en que se utilizó la Si y el 17% en que se utiliza otro instrumento de medida) quizás por su fácil y rápida aplicación,

Por lo que respecto a la SI, tal como podemos ver en la Tabla 1, en la mayoría de los estudios, exactamente en el 74%, se obtienen resultados en la línea de lo previsto, al menos en alguna de las variables analizadas, frente al 21% en que no se obtuvieron resultados significativos de ningún tipo, y el 5% (sólo en 2 estudios) en que se encontró que los sujetos Tipo-B eran más reactivos que los individuos Tipo-A.

Si nos detenemos a analizar los resultados encontrados cuando se utilizó el JAS como instrumento de evaluación, nos encontramos con un patrón de resultado distinto y menos sistemático, pues tal como podemos ver en la Tabla 2, la cantidad de estudios en que se encontraron resultados positivos o que no encontraron significaciones de ningún tipo, fueron en ambos casos del 46%, mientras que un 8% de los resultados fueron en contra de los hipótesis previstas, es decir, se encontró que los sujetos Tipo-B respondían con mayor reactividad que los individuos Tipo-A.

De todas maneras, es preciso señalar a la vista de los resultados, que el hecho de que se concluyo en la mayoría de las revisiones que la SI es más efectivo que el JAS no quiere decir que este instrumento obtenga siempre resultados negativos, sino, como se ve, que el balance entre resultados positivos y negativos está más igualado, que con la Si. Esta misma línea de argumentación es defendida por Lyness (1993), que después de su revisión concluye, en contra de lo que otras revisiones anteriores defienden, que la SI no está más asociado que el JAS a la reactividad. Lyness sugiere como posible explicación que la SI evalúa mejor la hostilidad que el JAS (que es el componente más asociado a la reactividad), pero que el JAS es capaz de captar mejor los componentes de Urgencia Temporal e Impaciencia que la Si. Esto es consecuente con los estudios que analizan los aportaciones de los distintos componentes y que se encuentran que es el de Impaciencia el que está asociado a la reactividad, y no el de Competitividad (Goldstein et al., 1985; Öhman,

Nordby y Svebak, 1989; Svebak, Knardahl, Nordby y Aakvaag, 1992), por lo cual los resultados se verían ensombrecidos si no se analizan los distintos componentes por separado. Finalmente, podríamos sugerir que el JAS se muestra como un instrumento más válido para captar la reactividad cuando se selecciona o los sujetos en función de sus puntuaciones extremos (por ejemplo, la media más una desviación típica) que cuando se les divide en 2 grupos utilizando como criterio la mediana (Houston, 1983). En este segundo caso, al formar parte de la muestra los sujetos que tienen puntuaciones medios, es decir, a los que no se puede considerar ni As ni Bs, también se oscurecen los resultados. De hecho, cuando se utilizan grupos extremos el nivel de coincidencia entre la Si y el JAS es mucho mayor.

RESPUESTA REGISTRADA

En cuanto a la respuesta registrado, vamos a centrarnos aquí sólo en la actividad cardiovascular (frecuencia cardiaca y presión sanguíneo sistólica y diastólica) y no en la endocrina (adrenalina, noradrenalina y cortisol) o en otras medidas (como colesterol, ácidos grasos libres, triglicéridos o testosterona) pues estas últimas, a pesar de su gran relevancia en la génesis y desarrollo de los enfermedades cardiovasculares, no se miden más que en un número muy reducido de investigaciones, mientras que los cardiovasculares se miden prácticamente en todos.

Adicionalmente, vamos a incluir no sólo los trabajos que utilizan la Si o el JAS como instrumento de evaluación (tal como hicimos en el apartado anterior) sino también otras escalas que se utilizan menos frecuentemente, como la Bortner Rating Scale (Bortner, 1969), la de Soles (1969, citado por Manuck, Craft y Gold, 1978), la Framinghom Type A Scale (FTAS; Haynes, Levine, Scotch, Feinleib y Kannel, 1978), la de Vickers (1973, citado por Pittner y Houston, 1980), la Thurstone Temperament Schedule (Thurstone, 1949), y la MYTH (Matthews y Angula, 1980), que se utiliza para evaluar a niños, tal como podemos ver en la Tabla 3.

De esta manera, independientemente del instrumento de evaluación utilizado en la selección de los sujetos, en un 51 % se obtienen efectos significativos en la dirección prevista, es decir, los sujetos Tipo-A aparecen como más reactivos que los B, mientras que en un 43% de los estudios no se obtienen efectos significativos de ningún tipo, y en un 6% los sujetos Tipo-B aparecen como más reactivos que los A.

Centrándonos sólo en las investigaciones que obtienen efectos a favor de los sujetos Tipo-A, podemos concluir, que es la presión sistólica, principalmente, y la frecuencia cardiaca, después, con los que más resultados consistentes se obtienen frente a los de la presión diastólica, pues los sujetos Tipo-A alcanzaban niveles superiores a los B en presión sistólica en un 61% de los estudios que analizaron esta variable, en frecuencia cardiaca en un 56% y en presión diastólica en tan sólo un 34%.

Sin embargo, igual que anteriormente, tenemos que matizar estas conclusiones, tanto en lo que respecto a los resultados menos consistentes con la presión diastólica, como en la ausencia de significaciones con la presión sistólica y la frecuencia cardiaca en algunos de los estudios, La explicación que nos parece más plausible se refiere a los distintos patrones de activación fisiológica que elicitan diferentes tipos de tareas. Ya Lacey y colaboradores informaron hace más de 30 años (Lacey, Kagan y Lacey, 1963) de patrones de aceleración y deceleración del corazón en respuesta a distintas tareas, dependiendo de las demandas atencionales que requerían. Así, la frecuencia cardiaca disminuye si los sujetos realizan tareas que requieren vigilancia (tareas de "entrado sensorial"), y aumento con tareas cognitivas de solución de problemas que requieren una gran concentración y, por lo tanto, denegación de estímulos extraños del ambiente. Posteriormente, Obrist y colaboradores (Obrist y Webb, 1970, citado por Krantz, Manuck y Wing, 1986; Obrist el al., 1978; Light, 1981; Obrist, 1981) también indican que ciertos tipos de tareas producen un patrón de respuesta cardiovascular indicativo de una gran influencia beta-adrenérgica sobre el corazón, que se traduce en un incremento de la presión sistólica y la frecuencia cardiaca, pero no necesariamente en la presión diastólica. Específicamente, este tipo de tareas requieren que los sujetos ejerciten un control instrumental activo sobre los sucesos aversivos o el logro de los premios (como evitación de shocks o tiempo de reacción competitivo), En contraste, hay tareas, como la inmersión de la mano en agua helada o incluso la visión de películas pornográficas, en que los sujetos solo deben tolerar- pasivamente, y que producen menos presión sistólica y frecuencia cardiaca y aumento de la presión diastólica.

En sus trabajos, Williams (Williams, 1986; Williams y Anderson, 1987) también defiende que existen 2 patrones de respuesta, el Patrón I, elicitado por tareas que requieren trabajo mental o denegación sensorial (como aritmética mental con y sin instigamiento, asociación de palabras, evitación de shocks, estimulación aversiva incontrolable), se caracteriza por un aumento de la actividad motora y una vasodilatación de los músculos esqueléticos (incremento de frecuencia cardiaca y presión sistólica). El Patrón II es provocado por tareas que requieren una gran vigilancia o de entrada sensorial (estimulación aversiva controlable, situaciones que requieren coping pasivo, como ver películas pornográficas o la Inmersión de la mano en agua helada), y se caracteriza por una disminución de la actividad motora y una vasoconstricción de los músculos ,esqueléticos (aumento de la presión diastólica).

Por lo tanto, según hemos visto, podríamos sugerir, primero, que todas las tareas pueden producir activación fisiológica, pero que ésta no es la misma según el tipo del que se trate; segundo, que algunos tipos de tareas son más capaces de elicitar activación, debido a las características, tanto conductuales como cognitivas, de los sujetos Tipo-A. Tareas en que estos sujetos se vean implicados porque enfatizan la competitividad, se presentan como un reto, con instigamiento, o son frustrantes, pueden interactuar con los componentes de competitividad u hostilidad del patrón y producir así una mayor reactividad fisiológica, hecho que ocurre con las tareas que requieren un trabajo mental o esfuerzo activo, y que como hemos visto anteriormente son las que producen un incremento de la presión sistólica y la frecuencia cardiaca.

EL SEXO DE LOS SUJETOS

La conclusión a la que han llegado distintos autores después de revisar los investigaciones publicadas (Matthews, 1982; Harbin, 1989, Lyness, 1993), es que parece claro que los hombres Tipo-A responden con mayor reactividad cardiovascular que los B, ante determinados situaciones, sin embargo, los mujeres Tipo-A son menos reactivas fisiológicamente a los retos ambientales que los hombres.

Algunos han especulado que esta menor reactividad podría ser la explicación de la menor incidencia de enfermedades cardiovasculares entre las mujeres, pues como se sabe, el riesgo, tanto en morbilidad como en mortalidad, es cinco veces menor en mujeres que en hombres adultos de edad media, aunque se va aproximando al de los hombres pasado la menopausia y se hace casi igual a los 70 años (Mattsen y Herd, 1988).

Existen, principalmente, tres posibles causas para explicar la inconsistencia de los resultados: por un lado, está el problema de la conceptualización misma del patrón en mujeres, ligado íntimamente con el de los instrumentos utilizados para evaluarlo; por otro, las tareas utilizadas; y por último, la edad de las mujeres de la muestra. Sin embargo, algunos autores dan otras argumentaciones que, aunque por ahora no han generado mucha investigación, merece la pena comentar brevemente; así, Polefrone y Manuck (1988) concluyen que la magnitud de las diferencias en reactividad entre mujeres Tipo A y B son considerablemente menores que en hombres, y que están influenciadas por otros factores, variando, por ejemplo, en función del ciclo menstrual.

Por lo que respecta al primer punto, podemos decir, que la gran mayoría de las investigaciones se han realizado con hombres (más de un 70%), y de hecho se ha llegado a decir que el concepto de "Patrón de Conducta Tipo-A", tal como lo conocemos, emerge, desde un principio, como un modelo masculino"; por ello, algunos autores han sugerido que las características de las mujeres Tipo-A no son exactamente las mismos que las de los hombres. Por ejemplo, Price (1982) defiende que los mujeres Tipo-A experimentan más depresión y ansiedad, y menos ira y hostilidad que los hombres Tipo-A. Las medidas usadas, fundamentalmente cuestionarios, como el JAS, la FTAS (Framinghann Type A Scale) y la escala de Bortner, no han sido validadas totalmente para población femenina; y la SI, que se usa en muy pocos estudios, tampoco. Además, como Mathews y Haynes (1986) señalan, existen algunos problemas con el uso de la SI en mujeres, pues muchas de sus cuestiones están orientados hacia conductas competitivas o de trabajo, que pueden ser socialmente aceptables para los hombres, trabajadores, pero no para los mujeres, sobre todo, las amas de casa. Las mujeres difieren de los hombres en sus estilos de habla, usando un lenguaje menos vigoroso, lo que contribuye a su menor puntuación en la SI, al igual que el reprimir la expresión de ira u hostilidad.

De todas maneras, algunos estudios que utilizan la SI, encuentran que sí se relaciona positivamente con mayores niveles de reactividad fisiológica, así como con el grado de arteriosclerosis, en mujeres (Blumenthal, Williams, Kong, Schanberg y Thompson, 1978; Frank, Heller, Kornfeld, Sporn y Weiss, 1978; McDougall, Dembroski y Krantz, 1981; Anderson, Williams, Lane, Haney, Simpson, Houseworth, 1986; Engebretson y Matthews, 1992).

Otros estudios, que utiliza el JAS, no han encontrado diferencias significativas entre los grupos (Manuck el al., 1978; Lott y Gatchel, 1978; Frankenhaeuser, Lundberg y Forsman, 1980b; McDougall el al., 1981; Lane, White y Williams, 1984; Lawler, Schmied, Mitchell y Rixse, 1984; Lawler y Schmied, 1986; Morell, 1989), aunque también hay que aclarar que todos ellos utilizan tareas no interpersonales, que como comentaremos más adelante, no se han revelado como potentes estresores en mujeres; mientras que otros estudios que utilizan el mismo instrumento, sí obtuvieron resultados de acuerdo con lo previsto (Lawler, Rixse y Allen, 1983; Lawler y Schmied, 1986; Essau, 1987; Schmied y Lawler, 1988, citado por Lawler, Schmied, Armstead y Lacy, 1990; Lawler el al., 1990).

En cuanto a las tareas utilizadas, podemos decir que algunas pueden no ser percibidas como especialmente significativas o salientes, es decir, pueden no suponer un reto para las mujeres Tipo-A. Como apuntan Baker y colaboradores (Baker, Dearborn, Hastings y Hamberger, 1984), después de una revisión de estudios, las mujeres Tipo-A pueden ser más reactivas que los B, cuando se utilizan estresores relevantes para este patrón de Conducta. El análisis de los resultados parece sugerir que las tareas competitivas, fundamentalmente de tipo cognitivo que son relevantes para los hombres, - no lo son para las mujeres; sin embargo, tareas interpersonales, con presencia de evaluación social, o con un mayor componente verbal, sí. Así, en dos experimentos, ya tópicos en el lema, McDougall, Dembroski y Krantz (1981) no encontraron diferencias, ni en frecuencia cardiaca ni presión sanguíneo, entre mujeres estudiantes Tipo-A y B, ni en una tarea de tiempo de reacción, ni con el cold pressor (inmersión de la mano en agua helado), pero sí obtuvieron significaciones durante la SI y en una tarea de preguntas cortas sobre historia. Posteriormente, otros estudios tampoco han obtenido resultados ni utilizando una tarea de aritmética mental (Lawler et al, 1984; Lane et al., 1984; Anderson, Williams, Lane, Haney, Simpson y Houseworth, 1986), ni una competitivo< de tiempo de reacción (Morrell, 1989). De la misma manera, otras investigaciones que utilizan tareas no interpersonales, tampoco obtuvieron diferencias significativos entre mujeres Tipo-A y B (Lott y Gatchel, 1978; Manuck et al.. 1978; Frankenhaeuser et al., 1980b).

Por otra parte, algunos estudios sí han encontrado los resultados esperados, así, en el estudio ya comentado de Anderson y colaboradores (1986) se obtuvieron diferencias durante la realización de la SI, al igual que en el de Engebretson y Matthews (1992), que utilizando la SI, encontraron que los mujeres altas en hostilidad presentaban mayor presión sistólica que las bajas durante una frustrante y difícil tarea de trazado en espejo. También se obtuvieron diferencias utilizando una tarea de procesamiento de la información rápido (Pfiffner, Elsinger, Nil, Buzzin y Battig, 1986). Evans y Moran (1987), utilizando la FTAS, encontraron, igualmente, diferencias en una tarea de evitación de shocks, y Hinton, Rotheiler, Gemmell y Shewan (1991 ), utilizando el cuestionario FABA (instrumento que sí está validado para mujeres), encontraron una relación entre la frecuencia cardiaca y uno de los factores del patrón, Descontrol Reactivo (semejante al de Impaciencia del JAS), durante una tarea consistente en leer material inútil (pérdida de tiempo). Sin embargo, usando el JAS, Lawler y Schmied (1986) no encontraron diferencias significativas en ninguna medida de reactividad fisiológica entre mujeres estudiantes Tipo-A y B, durante una tarea de preguntas cortas sobre historia, pero sí una tendencia en la frecuencia cardiaca durante la tarea Stroop; aunque como sugieren Thoresen y Low (1990), puede ser debido a utilizar el JAS como instrumento de clasificación.

En cuanto a la edad de las mujeres, Lawler y sus colaboradoras sugieren que parte de las discrepancias en los resultados pueden ser debidas a las distintas edades de las mujeres de la muestra, debiéndose analizar por separado los estudios que utilizan a mujeres estudiantes (o jóvenes con edad media sobre los 20 años) de los que utilizan mujeres adultas (con edad media sobre los 40 años o más), Se basan tanto en estudios experimentales llevados a cabo por ellos (Lawler et al., 1983; Lawler et al., 1984, Lawler y Schmied, 1986, Lawler y Schmied, 1987; Schmied y Lawler, 1988; citado por Lawler et al., 1990), como en una revisión teórica sobre reactividad en mujeres (Lawler et al., 1990). Así por ejemplo, en su primer estudio (Lawler et al., 1983), en que utilizaron mujeres adultas, encontraron que los Tipo-A mostraban mayor frecuencia cardiaca y presión sanguínea sistólica y diastólica que las Tipo-B, durante tareas no interpersonales (aritmética mental y resolución de puzzles); mientras que no encontraron ninguna diferencia, durante las mismas tareas, cuando seleccionaron a mujeres estudiantes (Lawler et al., 1984). Creen que uno de los factores potencialmente responsable de los discrepancias entre mujeres jóvenes y adultas, serían los efectos interactivos entre la edad y las enfermedades cardiovasculares en mujeres, aunque también apuntan que sería interesante estudiar a subgrupos de mujeres y no a los mujeres en general, en función de variables socioeconómicas, como nivel de estudios, tipo de ocupación, etc., al igual que se ha hecho con los hombres, pues fundamentalmente se han estudiado hombres americanos blancos de clase media (Lawler et al., 1990).

Para terminar, y a modo de conclusión, podemos decir, que serían necesarios muchos más investigaciones con mujeres, que tuvieran en cuento todas los variables que hasta ahora se han sugerido como relevantes-y que aclararan qué factores son los que hay que tener en cuenta, pues en muchos estudios realizados hasta la fecha, se solapan y es imposible averiguar a cuál de ellos se deben los efectos o la ausencia de los mismos. Para ello, sería interesante la validación de un instrumento de medida totalmente fiable, averiguar qué tipo de tareas son las capaces de elicitar reactividad en mujeres, pues en la actualidad no está nada claro, y tener en cuenta las importantes interacciones entre la edad y el desarrollo de alteraciones cardiovasculares (y, por lo tanto, de reactividad cardiovascular) entre las mujeres.

TIPO DE TAREAS Y ESTRES SITUACIONAL

Un punto clave en el problema de la reactividad es el del tipo de tarea utilizado en las investigaciones. Las revisiones al respecto (Krantz y Manuck, 1984; Harbin, 1989; Lyness, 1993) han permitido concluir que, en primer lugar son las tareas físico-cognitivas o psicomotoras, como videojuegos o tareas de tiempo de reacción; seguidas de las cognitivos o de solución de problemas, como anagramas, test de vocabulario, pruebas de inteligencia o aritmético mental; más que con las puramente físicas, como handgrip, coldpressor, bicicleta o caminar sobre una cinta de ejercicio, con las que es más fácil elicitar diferencias en reactividad entre los sujetos Tipo-A y B.

El metaanálisis de Lyness (1993) concluye, que dentro de las tareas que producen más reactividad, es decir, las psicomotoras, son los videojuegos ('superpong', balonmano, 'Invasores del espacio', carreras de coches) las que produce mayores diferencias. Según Lyness, las instrucciones de este tipo de juegos enfatizan la rapidez y la competitividad, y además algunos de sus elementos comunes son el refuerzo inmediato, instantáneo y continuo feedback de la ejecución, niveles altos de competición, implicación con un oponente agresivo, frustración y amenaza al control. Todos los características capaces de interactuar con los homónimos del patrón, es decir, con la competitividad, la impaciencia y la hostilidad, para elicitar mayor reactividad fisiológico y producir diferencias entre los grupos.

Tanto Harbin (1989) como Lyness (1993) concluyen que los tareas cognitivas también producen diferencias, coincidiendo ambos en que hay que exceptuar los pruebas de aritmética mental, sin embargo y curiosamente, es una de los tareas más frecuentemente utilizadas en las investigaciones sobre reactividad.

Por lo que respecta al estrés situacional, desde un principio, el Patrón de Conducta Tipo-A se definió como el resultado de la interacción persona-situación, más que un rasgo de personalidad invariante (Friedman y Rosenman, 1974; Glass, 1977), es decir, que los conductas Tipo-A emergen en individuos susceptibles cuando se enfrentan con situaciones estresantes o de reto apropiados. De la mismo manera, en la investigación psicofisiológica, se ha puesto de manifiesto que los sujetos Tipo-A, comparados con los individuos Tipo-B muestran mayor incremento en medidas cardiovasculares y neuroendocrinas cuando se enfrentan a tareas estresantes o que suponen un reto, ya sea formulado de manera explícita (enfatizando la competitividad o en forma de amenaza a la autoestima o al control) o implícita (por las propios características de la tarea) (Dembroski, McDougall, Herd y Shields, 1979; Pittner y Houston, 1980; Pittner, Houston y Spiridigliozzi, 1983; Holmes, McGilley y Houston, 1984; Ortega y Pipal, 1984; Wright, Contrada y Glass, 1985; Hill, Krantz, Contrada, Hedges y Ratliff-Crain, 1987; Hardy, McMurray y Roberts, 1988; Contrada, 1989, Sundin y Öhman, 1992).

Houston (1983) apunta que las diferencias entre As y Bs en reactividad aparecen cuando las tareas se perciben con una probabilidad de fracaso intermedia, es decir, ni muy fáciles, ni muy difíciles o imposibles, y cuando hay un incentivo moderado por hacerlo bien. Entendiendo por incentivo tanto el refuerzo positivo (dinero, éxito implícito o explícito, o alabanza), como el negativo (evitación o escape de estímulos aversivos como fracaso o shocks) contingente con la ejecución de la tarea. Con un incentivo suficientemente alto se oscurecerían las diferencias entre As y Bs, pues estos últimos se esforzarían por rendir bien, lo que se traduciría en un aumento de los parámetros fisiológicos, es decir, los sujetos Tipo-B modulan su Conducta en función de los demandas ambientales, mientras que los sujetos Tipo-A trabajan siempre al máximo de sus posibilidades independientemente de los requerimientos de la tarea (Burnan, Pennebolker y Glass, 1975; Krantz, 1975, citado por Glass, 1977, Weidner y Matthews, 1978, Matthews y Brunson, 1979; Matthews y Volkin, 1981).

En cuanto a la dificultad, si ésta es mínima, es lógico deducir que no aparecerán diferencias entre los grupos, pues no tendrían que esforzarse, mientras que si es muy alta, podemos sugerir diferentes alternativas para explicar la ausencia de diferencias, puede ser que los sujetos Tipo-B aumenten su esfuerzo, igualándose a los Tipo A, puesto que los demandas así lo exigen; puede que los sujetos Tipo-A perciban una probabilidad de fracasar muy alta y por ello no intenten superar a los B, para evitar el fracaso; o puede que una dificultad media sea la que más amenace el deseo de control de estos sujetos (Glass, 1977).

Además de la dificultad y el incentivo, otras variables relevantes son el feedback durante la ejecución y la presencia de instigamiento o crítica (Lyness, 1993). El instigamiento por parte de los otros elicita la propia hostilidad, que es por un lado, una de las características definitorios del patrón, y por otro, la dimensión que más se ha vinculado a la reactividad cardiovascular.

Resumiendo, y a modo de conclusión, podemos decir, que las tareas psicomotoras, principalmente video-juegos, y las cognitivos, siempre que no sean de aritmética mental, son las que más diferencias en reactividad producen, entre sujetos Tipo-A y B. Un adecuado nivel de reto formulado de manera explícita (enfatizando la competitividad o en forma de amenaza a la autoestima o al control) o implícito (por la propia naturaleza de la tarea, como por ejemplo, su dificultad) es fundamental para conseguir elicitar una mayor reactividad en los sujetos Tipo-A. La presencia de instigamiento o crítica se ha revelado, también, como una de las variables más importantes si se quieren conseguir resultados positivos. Por último, un nivel de dificultad y de incentivo moderado, y la presencia de feedback sobre la ejecución son variables que hay que tener en cuenta si se quiere llegar a una solución sobre la controversia de la reactividad.

PCTA GLOBAL VERSUS COMPONENTES .

En los últimos años se ha empezado a prestar más interés, no sólo a los situaciones ambientales más potentes a la hora de elicitar conductas Tipo-A, sino también al análisis de los componentes más patógenos del PCTA (Diamond, 1982; Dembroski y McDougall, 1983; Chesney y Rosenman 1985; Dembroski y Costa, 1987; Harbin, 1989; Friedman, 1991). Quizás los inconsistencias encontrados en los estudios puedan ser debidas a la no consideración del carácter multidimensional del PCTA, pues la consideración global puede producir un efecto de anulación de los resultados (Thorensen y Öhman) 1987; Gray y Jackson, 199Q Gray, Jackson y Howard, 1990).

Los estudios realizados parecen indicar que el componente más relacionado con la reactividad fisiológica sería el de Hostilidad, de forma que los sujetos más hostiles serían fisiológicamente más reactivos que los no hostiles (Dembroski, McDougall, Shields, Petitto y Lushene, 1978; Dembroski et al., 1979; Glass et al., 1980; Williams, Borefoot y Shekeile, 1985; Dembroski y Costa, 1987; McCann y Matthews, 1988; Lundberg, Hedman, Melin y Frantenhaeuser, 1989; Ganster, Schaubroeck, Sime y Mayes, 1991; Engebretson y Matthews, 1992). Estos estudios miden la hostilidad que evalúa la entrevista estructurado, que hace referencia a una tendencia relativamente estable a experimentar ira, irritabilidad y resentimiento en respuesta a una serie de sucesos y a reaccionar con expresiones desagradables o de antagonismo; pero también se han obtenido resultados en el mismo sentido en algunos estudios que utilizan cuestionarios específicos para la medida de la hostilidad. Uno de estos cuestionarios es la escala de Hostilidad de Cook-Medley (HO; Cook y Medley, 1954), que se dirige a evaluar una de sus formas, el cinismo. Las personas que puntúan alto en esta escala son desconfiados y suspicaces, e incluso sospechan de los demás, y experimentan resentimiento e ira; y en numerosos estudios se han mostrado como más reactivos fisiológica mente que los sujetos que tienen bajos puntuaciones en la mismo (Hardy y Smith, 1988; Suárez, Williams y McCrae, 1988; Houston, Smith y Cates, 1989; Smith y Allred, 1989; Suárez y Williams, 1989; Weidner, Friend, Ficarrotto y Mendell, 1989; Smith y Pope, 1990; Suárez y Williams, 1990; Smith y Brown, 1991; Christensen y Smith, 1993).

Otro cuestionarlo, la escala de Hostilidad de Buss-Durkee (BDHI; Buss y Durkee, 1957), que mide dos de sus componentes, a saber, la hostilidad antagónica o expresión de hostilidad, y la hostilidad neurótica o experiencia de hostilidad, también se ha asociado con la reactividad, encontrándose que los sujetos que puntúan alto en este inventario, fundamentalmente, en lo relativo a la expresión de hostilidad presentan mayor reactividad que los que obtienen puntuaciones más bajas (Diamond, Schneiderman, Schwartz, Smith, Vorp y Pasin, 1984; Jorgensen y Houston, 1988; Treiber et al., 1989. Felsten y Leitten, 1993).

En general, y al igual que cuando hablábamos del patrón global, todos los estudios enfatizan la necesidad de enfrentar a los sujetos hostiles con situaciones adecuadas (retos interpersonales, instigamiento, crítica) para que, por la interacción de los predisposiciones personales con el estrés situacional, se den las diferencias señaladas.

Parece evidente, a la vista de los resultados obtenidos, que la hostilidad es una variable predictiva en relación a la reactividad fisiológica, sin embargo, el inventario más ampliamente utilizado, que es el JAS, no evalúa la hostilidad, sino como componente más aproximado el sentido de urgencia temporal y velocidad, dato que podría explicar la menor predicción de reactividad cuando se utiliza esta prueba frente a la predicción que se puede realizar cuando se utiliza la Entrevista Estructurada. Sin embargo, tal como apuntábamos anteriormente, el JAS sí es capaz de captar parte de la reactividad, por un lado, porque el componente de Impaciencia también se ha asociado a una mayor reactividad, tanto percibido (Spence, Helmreich y Pred, 1987; Sánchez-Elvira, Bermúdez y Pérez García, 1990a; Sánchez-Elvira, Pérez García, Comeche, Díaz, Paz y Bermúdez, 1993) como objetivo (Goldstein et al., 1985; Öhman et al., 1989; Svebak et al., 1992); y, por otro lado, porque algunos estudios parecen sugerir una vinculación entre los componentes de Impaciencia y Hostilidad (Glass, 1977; Smith y Brehm, 1981; Smith, 1984; Powell, 1987; Harl y Cardozo, 1988; Carmody, Crossen y Wiens, 1989; Sánchez-Elvira, Bermúdez y Pérez García, 1990b; Pérez García, Sánchez-Elvira, Susín y Bermúdez, 1993). De todos maneras, son pocos los estudios que han analizado los distintos componentes que evalúa el JAS y, por lo tanto, sería necesario que se ahondara más en esta línea para llegar a resultados más concluyentes.

Asimismo, habría un aspecto a considerar, pocas veces analizado en la literatura, como es el lema de la recuperación de los niveles basales. En este sentido, la evidencia iría a favor de la más lenta recuperación de dichos niveles en los sujetos Tipo-A cuando se han enfrentado a situaciones estresantes (Hart y jamieson, 1983; Jamieson y Lavoie, 1987, Hodapp, Bongard y Heiligtag, 1992; Svebak el al., 1992). Esto implicaría un funcionamiento cardiovascular más prolongado, es decir, los sujetos Tipo-A mostrarían una mayor reactividad ante el estrés y/o mantendrían niveles más elevados que los Tipo-B durante un período de tiempo más largo, una vez que la situación o tarea ha concluido.

A la vista de los distintos aspectos mencionados podemos sugerir que la investigación futura en este temo puede aportar datos relevantes para el estudio de la reactividad fisiológica ante el estrés del PCTA. Esta reactividad parece ser significativamente mayor en los Tipos-A y de más tardía recuperación. Sin embargo, se hace necesario la adecuada definición de las distintas variables integradas en el análisis interactivo de la Conducta del Patrón de Conducta Tipo-A. Es decir, debemos considerar distintos factores de carácter metodológico (como, por ejemplo, los parámetros registrados, la utilización de niveles de cambio fisiológico, la consideración de períodos de recuperación, o la adecuación de los instrumentos de medido del PCTA), factores situacionales (nivel de reto, dificultad, instigación de la situación, o los distintos mecanismos implicados en las tareas utilizadas), y factores personales (desde el sexo de la muestra, a, especialmente, la contribución diferencial de los distintos componentes del PCTA).

REFERENCIAS

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