DOSSIER

Aproximación operativa a los conceptos de participación y sentimiento de pertenencia: estrategias de intervención en la comunidad


Operative approach to the concepts of belonging feeling and participation: intervention strategy in the community

Marta GIL LACRUZ

Javier PONS DIEZ

José M.ª GRANDE GASCON

Miguel MARIN JIMENEZ

Associació per al Desenvolupament Comunitari. ADECOM.


RESUMEN

PALABRAS CLAVE

ABSTRACT

KEY WORDS

1. CONCEPTUALIZACION TEORICA

2. CONTEXTUALIZACION OPERATIVA

3. PROPUESTAS DE INTERVENCION

BIBLIOGRAFIA


RESUMEN

Actualmente disponemos de un volumen considerable de estudios que recogen el concepto de participación comunitaria, sin embargo no es tan sencillo encontrar trabajos que lo operativicen. De ahí que esta investigación se centre en la revisión somera de estos modelos teóricos, y en la elaboración de una metodología propia que nos permita profundizar en la relación entre el sentimiento de comunidad y la participación comunitaria en un entorno concreto. El resultado de este proceso, se reflejó en la validación y aplicación del cuestionario PSC-92, en el barrio de Sant Bult de Valencia. Las conclusiones y reflexiones interventivas derivadas se exponen en este trabajo

PALABRAS CLAVE

Comunidad. Desarrollo Comunitario. Participación. Psicología Comunitaria. Sentimiento de Pertenencia.

ABSTRACT

Nowadays, we dispose a remarkable volumen of articles where community participation concept is mentioned. However, it's not so easy to find out works of investigation which operative it. Therefore this searching is focus on superficial revision about these theorical patterns, and also on the elaboration of own methodology which direct us going deeply into relationship among sense of community and community participation related to a concret context. The result of this process was reflected over validation and application of questionnaire PSC-92 in Sant Bult ward (Valencia, Spain). The interventive conclussions and reflections derivated of are exposed in this writting.

KEY WORDS

Community. Community Development. Community Psychology. Participation. Sense of Community.

1. CONCEPTUALIZACION TEORICA

La Psicología Comunitaria constituye un campo de trabajo e investigación demasiado extenso como para pretender exponer en pocas páginas los conceptos de participación y sentimiento de pertenencia de manera exhaustiva; por lo tanto, en este primer apartado realizaremos una descripción somera de los principales modelos que han analizado estas variables, y su relación con el estudio que nos ocupa. De esta manera reflexionaremos brevemente en torno a cinco modelos teóricos.

Modelo Ecológico. Centrado en la interacción entre individuo, comunidad y medio. De este modo, se entiende el vecindario como un sistema en el que todos los elementos están interrelacionados entre sí, siendo posible investigar los elementos que lo componen, las relaciones que se producen dentro de él, la importancia del entorno en la conducta de los vecinos (en nuestro caso será la presencia de distintas asociaciones radicadas dentro del mismo, que den cauce a la participación ciudadana) y sus condicionantes físicos, como son la estructura urbana y su determinación en las diferentes relaciones psicosociales del vecindario.

Como afirman Blocher y Biggs (1986), la perspectiva ecológica es unificadora e integradora de los conocimientos teóricos y prácticos actuales de la Psicología, teniendo en cuenta como presupuesto fundamental las interacciones entre el individuo y su entorno. Se puede considerar al Modelo Ecológico-Ambiental como el modelo matriz de la Psicología Comunitaria. La relevancia de los postulados de esta perspectiva teórica, se ven plasmados dentro del ámbito de nuestra investigación, pues como punto de partida entendemos el barrio como un sistema en el que todos los elementos están interrelacionados entre sí, por lo que nos hemos preocupado en intentar averiguar qué elementos subjetivos componen el sistema del barrio, y qué relaciones se producen dentro de él, teniendo presente la posible existencia de distintos grupos formales dentro del mismo. También nos interesa el entorno social en relación con la conducta de los vecinos; en este caso la presencia de distintas asociaciones radicadas dentro del mismo que puedan dar cauce a la participación ciudadana.

Otros factores a considerar dentro de este modelo son los físicos, pues pueden influir en la calidad de las interacciones entre sus vecinos. La estructura urbana presente en una zona puede determinar, dadas sus características específicas, las relaciones entre sus vecinos y la participación social de éstos.

Modelo de Apoyo Social y Estrés. Lazarus (1966) define el estrés como cualquier evento, tanto interno como externo que excede a los recursos adaptativos de afrontamiento de una persona o sistema social. En toda comunidad, la posibilidad de desarrollar una organización participativa, y la estructuración de redes relacionales adecuadas, aparecen como recursos idóneos frente a cualquier tipo de estresor individual o colectivo. Es decir, ante una situación estresante uno de los factores que influyen en la superación o no de la misma, es la diversidad y disponibilidad de recursos de apoyo social (Gottlieb, 1983). A este respecto, Cobb (1976) definió el apoyo social como la información que lleva al sujeto a creer que es querido y cuidado, que es estimado y valorado, que pertenece a una red de comunicación, compartiendo a la vez con los demás individuos obligaciones mutuas. El apoyo social se presenta como una red protectora para superar o prevenir la situación estresante, complementada por las estrategias de afrontamiento que el sujeto ponga en acción.

Gracia y Musitu (1992) diferencian entre red social y apoyo social, aludiendo que el primero de estos conceptos se utiliza para referirse a las características estructurales que describen las relaciones sociales mantenidas por un individuo o grupo, mientras que el segundo incide especialmente en las funciones que las relaciones sociales pueden ejercer en el mantenimiento y mejora del bienestar individual. No obstante, ambos términos poseen un elemento convergente, puesto que, como ya señalaron Lin, Dumin y Woelfel (1986), las redes sociales proporcionan el marco estructural en que el apoyo social se hace accesible al individuo. Se trata, pues, de dos enfoques sobre un mismo proceso que se corresponden con las perspectivas estructural y funcional que mencionaremos a continuación:

- Perspectiva estructural. Estudia las dimensiones objetivas de las relaciones que constituyen la red social del individuo: análisis de la integración y participación socia y análisis de la estructura de las redes sociales. Desde esta perspectiva se contempla el apoyo social como aquel que es accesible a una persona a través de lazos sociales con otros individuos, grupos yla la comunidad (Barrón, Lozano y Chacón, 1988).

- Perspectiva funcional. Se refiere a las dimensiones relevantes del apoyo social desde un punto de vista subjetivo. Cobb (1976), considera como rasgo esencial del apoyo social, el suministro de feedback informativo. Por lo tanto, es fundamental en la percepción del apoyo social saber de dónde procede el apoyo, el tipo de problema y el tipo de apoyo que necesita la persona.

Siguiendo a Gracia, Hierro y Musitu (1992), distinguiremos las siguientes funciones como propias del apoyo social:

- Apoyo emocional. Hace referencia al área afectiva. Desde esta perspectiva, el apoyo emocional es un poderoso recurso contra los estresores. Existen varias hipótesis sobre las razones de su funcionamiento: la experiencia de sentirse aceptado y valorado aumenta la autoestima; el conocimiento de que los propios problemas son compartidos disminuye la percepción de gravedad; las redes sociales animan a generar estrategias para solucionar los problemas etc.

- Apoyo informacional y estratégico. Se trata de la provisión de información sobre la naturaleza de determinado problema y los recursos relevantes para su afrontamiento, así como las posibles vías de acción.

- Apoyo material tangible o instrumental. Se conceptualiza como la prestación de ayuda material directa o servicios. Es especialmente relevante para las personas con necesidades económicas o materiales.

En nuestro trabajo nos interesa, operativamente al menos, la perspectiva estructural del apoyo social, tratando de medir la integración en la comunidad, el sentimiento de pertenencia y la participación en las asociaciones presentes en el barrio. Nos ubicamos dentro de las coordenadas de la participación social comunitaria como fuente de apoyo social. Asumimos que la participación en las distintas instancias asociativas del barrio permite al sujeto acceder a mayor número de fuentes de apoyo socia con lo cual debería verse aumentado su bienestar. Es por ello, que consideramos deseable incrementar los niveles de participación social comunitaria en el barrio como medio para conquistar una mayor calidad de vida.

Modelo de activación social, empowerment y competencia. Este modelo resalta la necesidad de que los sujetos -ciudadanos- asuman el control de sus vidas y procuren resolver sus problemas solidariamente. Así, la principal tarea del interventor comunitario, consistirá en que la propia comunidad descubra que posee recursos y fuerzas suficientes para ser su propio agente de cambio, y que éste se adecúe a los propios intereses de la comunidad. Más que ayudar en los problemas, habría que preparar a los ciudadanos para que sepan resolverlos por sí mismos. El psicólogo comunitario aumenta sus recursos convirtiendo a cada sujeto en un agente de intervención social. El empowerment, a través de las estructuras sociales (asociaciones vecinales, relaciones informales de vecindario, etc.), canaliza la participación en la sociedad, puesto que estas organizaciones poseen una capacidad decisiva de actuación sobre su propia realidad social. Por otro lado, será un objetivo del trabajo comunitario la promoción y optimización de procesos tales como un volumen adecuado de información sobre el ambiente, una organización estructural interna satisfactoria y liberada de tensiones y barreras psicológicas, y una suficiente autonomía respecto al entorno, en la iniciación y mantenimiento de la acción autodirigida del individuo: estos tres procesos de optimización contribuirán tanto al desarrollo de la competencia de individuos y grupos, como al incremento de los sentimientos derivados: poder, eficacia y autoestima (Sánchez, 1991).

Modelo de Identidad Comunitaria: Sentimiento de Pertenencia. La naturaleza del vecindario aporta unas expectativas al individuo acerca de que los sujetos que se encuentran a su alrededor, actúan, piensan y sienten como él mismo, al menos en lo que respecta al conjunto de actitudes que en el vecindario -grupo de referencia- se van desarrollando (Mann, 1978).

Según apunta Sarason (1974) el sentimiento de comunidad debería ser el valor unificador clave que justifique y dirija toda la Psicología Comunitaria. Sin embargo, se constata que la vida actual de nuestras comunidades se asemeja cada vez más a lo que Tonnies (1979) definía como agregados poblacionales político-administrativos. Por ello, pensamos que una de las tareas fundamentales del psicólogo comunitario es favorecer la recomposición de estos sentimientos e identidades colectivos, para que, poco a poco, se vayan estableciendo los procesos de reconstrucción del tejido social degradado. La necesidad de sentir la comunidad, de experimentar solidaridad, pertenencia, integración, influencia y conexión emocional, se hace notar de manera relevante en el mundo urbano actual, en el que las relaciones de vínculo social tienden a romperse y a diluirse en un sistema de relaciones anómicas.

A través de una relación duradera y consistente que el individuo mantiene con su entorno físico y social se va produciendo una percepción del barrio como algo propio de lo que se siente parte. A los demás miembros de la comunidad se les percibe como vecinos, por lo que el sujeto supone que comparte una misma experiencia subjetiva con el resto del vecindario.

Este sentimiento de comunidad se basa en la vinculación de los sujetos a un espacio común, y por lo tanto, a una misma forma de vida, que puede producir una conciencia de participación para resolver problemas comunes (Musitu, 1991). De esta manera, se va consolidando una identificación de los sujetos con el espacio en que viven.

Ya no hablamos de comunidad como lugar, sino como un proceso que transciende a las simples relaciones que se mantienen entre los sujetos que comparten un espacio geográfico dado. A través del sentimiento de pertenencia, de la cohesión y del apoyo, se favorece el desarrollo de todos los miembros de la comunidad, satisfaciéndose así las necesidades de los sujetos que la integran, y alcanzado un mayor bienestar compartido (Chavis y Newbrough, 1986).

Sarason (1974) se refirió al sentimiento psicológico de comunidad, como el de saberse y sentirse miembro de una comunidad, lo cual es determinante para la propia identidad social del sujeto. Este mismo autor señala que para poder minimizar la creciente despersonalización de los medios urbanos son necesarias las relaciones de sociabilidad y el intercambio informal entre los vecinos.

Dentro de este contexto, la tarea última del interventor comunitario es movilizar al vecindario, utilizando tanto los recursos internos como externos, para tratar de construir una comunidad, dado que en el vecindario se encuentran las características necesarias para ello, tratando de fomentar las relaciones de sociabilidad e intercambio informal entre vecinos a través de las asociaciones tanto formales como informales que existan en el barrio, o bien propiciando su creación, recogiendo las inquietudes de los vecinos y potenciando su desarrollo (Sarason, 1974). Estas asociaciones vecinales funcionan como lugar de encuentro y posibilitan las relaciones sociales y los intercambios entre los individuos, al tiempo que dan cauce a su participación en tareas comunes para lograr objetivos compartidos que superen a los intereses individuales.

Por otro lado, Chavis y Wandersman (1990), propusieron y evidenciaron empíricamente, que el sentimiento de comunidad funciona como un catalizador para la participación en las diversas modalidades de transformación comunitaria del entorno urbano: desarrollo comunitario, construcción de comunidad y organización comunitaria. Esto se logra a través de la influencia que este sentimiento consolidado ejerce sobre los componentes psicosociales básicos de esta participación, es decir, la percepción del entorno, las relaciones sociales de la persona y la percepción del control y empowerment dentro de la propia comunidad.

Modelo de Participación. El concepto de participación está muy extendido dentro de contexto de las ciencias sociales. Sus implicaciones políticas, sociales, dinamizadoras, legales, etc., son obvias y observables en nuestra vida cotidiana y desde el territorio en que nos ubicamos. Sin embargo, el estudio de la participación es complejo. Es un motor potencial de cambio social y, al mismo tiempo, implica la toma de conciencia colectiva y el compromiso individual de las personas. Además de ser una declaración de principios, la participación debe hacerse realidad a través de la comunidad, asumiendo proyectos e iniciativas sociales. No es esto lo más frecuente dentro de la intervención social, ya que en ocasiones se produce una divergencia entre la comunidad y los mediadores sociales, al imponerse a la primera ofertas socioculturales que les son ajenas a sus motivaciones y necesidades. A fin de evitar lo que Díaz (1992) denomina "clientismo institucional", la participación ha de articularse a lo largo de todo el proceso de dinamización sociocultural en los siguientes niveles (López, 1987):

- Periférico: Al sensibilizar en momentos puntuales, y al obtener y difundir información sobre situaciones concretas.

- Decisional: Según las opciones y cauces disponibles para pasar a la secuencia activa.

- De Acción: En el grado más alto de asunción de responsabilidades en la propia gestión comunitaria.

El concepto de participación dentro del ámbito de la Psicología Comunitaria remite a un protagonismo directo de los ciudadanos con un alto grado de implicación y motivación en las distintas actuaciones llevadas a cabo por la comunidad (Martín, 1988). La calidad de vida, el cuidado y la promoción de la salud, la prevención, el desarrollo, etc., acontecen dentro del denso tejido social y ecológico en el que transcurre la historia personal. Por esta razón nos basaremos en la participación vecinal, ya que dentro del amplio abanico de posibilidades, este constructo es uno de los que mejor se ajustan a los fenómenos comunitarios: la accesibilidad, la utilidad, el uso, la frecuencia y otras características asociativas, son variables de crucial importancia en los procesos de integración social Los ciudadanos no sólo son usuarios de los servicios públicos institucionales, sino que también deben tener un papel activo en el diseño de dicha planificación social. Los grupos y las personas atraviesan distintos estados y roles participativos que van desde la ausencia de comportamiento participativo, la participación instrumental (cuando dicha conducta depende de una dinámica impuesta desde el exterior de la comunidad), la participación contestataria (el colectivo se moviliza ante un problema, pero responsabiliza a agentes externos de la situación), la participación reivindicativa (se plantean distintas soluciones también externas para superar el problema), hasta la participación proyectada, en la que la comunidad se organiza en torno a un proyecto común, con unas acciones concretas a desarrollar; estos distintos estadios participativos están manifestando tanto una necesidad humana, como un derecho y un deber, que todo mediador socia debe tomar en consideración (Arango, 1987).

Por tanto, y para sintetizar lo expuesto anteriormente, y entendiendo que la Psicología Comunitaria pretende desarrollar la adquisición por parte del ciudadano, de un mayor control sobre su medio ambiente, encontramos dos áreas definitorias en el desarrollo de un barrio: participación, cuya finalidad sería la transformación de la acción social de la comunidad, en una acción plenamente comunitaria (Martín, 1988), y sentimiento de pertenencia como sustrato sobre el que se asienta y se hace posible dicha participación.

2. CONTEXTUALIZACION OPERATIVA

Con la finalidad de realizar una aproximación a los conceptos de participación comunitaria y sentimiento de pertenencia realizamos una investigación en el barrio de Sant Bult de Valencia. Este barrio está situado en el centro histórico de la ciudad de Valencia, dentro del distrito municipal de La Xerea. Según el último censo municipal, su población se eleva a 1.084 personas. La estructura sociourbanística de esta barrio presenta las características propias de las zonas antiguas de Valencia: envejecimiento de la población, gran número de viviendas deshabitadas, edificios con necesidad urgente de rehabilitación, ausencia de servicios, etc. Elegimos esta comunidad por ser un núcleo de población pequeño, que aglutina una serie de asociaciones radicadas en el mismo, al tiempo que presenta un aparente deterioro de sus redes sociales debido a la pérdida continua de habitantes, así como una disminución de las interacciones entre sus vecinos, y cierto abandono institucional; todo lo cual recomendaba una intervención ajustada a dichas carencias.

Para obtener los datos de esta investigación se seleccionó una muestra de 178 sujetos de ambos sexos, mayores de 14 años, y habitantes de dos zonas diferentes de residencia dentro del barrio: una zona interior, más antigua, y una zona exterior donde se emplazaban los asentamiento más recientes

El estudio de la participación comunitaria y el sentimiento de pertenencia de dicha muestra se realizó mediante la elaboración y aplicación del cuestionario PSC-92. Este instrumento, de elaboración propia, consta de diferentes escalas referidas a las distintas variables: a) Variables estructurales: sexo, edad, tiempo de residencia y zona de residencia dentro del barrio; b) Escala de sentimiento de pertenencia; y e) Escala de frecuencia de participación en las asociaciones formales existentes en el barrio.

El cuestionario fue administrado siguiendo tres tipos de estrategias de recogida de información:

- A través de miembros de las distintas asociaciones, que actuaron como facilitadores, sirviendo de nexo entre los investigadores y la muestra.

- A través de personas con posibilidad de acceso a los vecinos, como es el caso de parteros, pequeños comerciantes, etc.

- Mediante entrevistas individuales realizadas a los vecinos que transitaban por la calle y que se prestaban a colaborar.

En las líneas que siguen resumiremos los principales resultados de esta investigación, cuya exposición más detallada aparece en otros trabajos (Gil et al, 1993; Pons et al., 1993; Grande et al, 1995).

Los resultados del estudio apuntaron, en primer lugar, la existencia de una estructura multidimensional del constructo sentimiento de pertenencia. Mediante la utilización de un análisis factorial de componentes principales con rotación varimax, fueron obtenidos cuatro factores empíricos (ver anexo) cuyas puntuaciones se utilizaron como variable dependiente en los análisis de varianza realizados para detectar relaciones significativas con las variables estructurales estudiadas. Posteriormente se aplicó el test de contraste de medias de Tukey para determinar entre qué grupos de estas variables estructurales aparecían las posibles diferencias significativas.

Pasamos a comentar el contenido de cada factor del constructo sentimiento de pertenencia y su relación con las variables estructurales.

Factor I: Vecindario. Percepciones respecto a los vecinos, a las interacciones que se establecen entre ellos, y a la necesidad de interdependencia mutua. Este factor apareció relacionado con las variables edad y zona de residencia, de tal forma que los sujetos que más alto puntuaban en el mismo eran los sujetos mayores de 50 años y los residentes en las calles de la zona interior del barrio.

Factor II: Necesidad de cambio, Percepción de la necesidad de mejoras generales en el barrio. Los vecinos de la zona periférica percibieron una mayor necesidad de cambios y de intervenciones en el barrio, en comparación con aquellos que habitaban en la zona interior.

Factor III. Identificación. Sentimientos de identificación entre la persona y el barrio. Se observó que las puntuaciones más altas en este factor aparecieron en los grupos de edad más elevada, así como en los que llevaban viviendo más de 20 años en el barrio, y en los vecinos de las calles del interior.

Factor IV. Satisfacción. Manifestaciones subjetivas de satisfacción ante el hecho objetivo de vivir en el barrio. Las personas mayores de 50 años obtuvieron puntuaciones más elevadas que los grupos más jóvenes.

Podemos señalar como datos especialmente relevantes que fueron las personas mayores de 50 años, y las que vivían en la zona interior del barrio, las que experimentaban un mayor sentimiento de pertenencia en el barrio de Sant Bult. También resulta interesante constatar que fue en la zona exterior del barrio -los nuevos asentamientos- donde apareció una mayor percepción de necesidad de mejoras. La variable sexo no mostró ninguna relación significativa.

Por lo que respecta a la variable participación en las asociaciones formales del barrio, es de destacar que el centro parroquial resultó ser la asociación con mayor índice de afiliación (30,3 por 100 de la muestra), seguida de la falla (19,7 por 100) y la asociación de vecinos (18 por 100). Estos niveles de participación fueron metodológicamente vinculados a las variables estructurales utilizadas, mediante la realización de análisis de varianza y del test de contraste de medias de Tukey, detectándose que los sujetos que manifestaban más frecuencia de participación en las asociaciones se encontraban en los grupos de edades superiores a los 50 años, en los de más de 20 años de residencia y en los habitantes de la zona interior. Tampoco en este caso fue significativa la variable sexo.

Al analizar, finalmente, las relaciones entre el sentimiento de pertenencia y la participación comunitaria, se observó mediante la aplicación de la técnica del análisis de varianza que, efectivamente, aparecía una relación, centrada ésta en dos factores principalmente: los sujetos con alta frecuencia de participación en las asociaciones del barrio puntuaron significativamente más alto en los factores Vecindario e Identificación, en comparación con los vecinos que manifestaron una baja frecuencia de participación; esto confirmaría la importancia de mantener un alto sentimiento de identificación con el barrio y sus habitantes a la hora de participar activamente en la propia comunidad.

3. PROPUESTAS DE INTERVENCION

Una vez mencionados los principales resultados del estudio, queremos plantear una serie de propuestas interventivas tendentes a potenciar la participación comunitaria en el barrio. Considerando que la participación aparece referida en la literatura científica como un indicador de la calidad de vida de los ciudadanos y comunidades, creemos aconsejable fomentar un aumento de los niveles de participación vecinal en el barrio, mediante las siguientes estrategias:

- Incrementar el volumen de información en el vecindario acerca de la presencia de distintas asociaciones en las cuales el ciudadano puede integrarse para aportar su labor participativa.

- Reforzar la difusión de las actividades realizadas por las asociaciones del barrio.

- Las diversas asociaciones deberían mantener una actitud abierta hacia las aportaciones que pudieran hacer los vecinos.

- Ofrecer cursillos de formación a los dirigentes de estas asociaciones, con la finalidad de mejorar sus habilidades directivas, para que puedan dinamizar u optimizar el funcionamiento, participativo de la asociación, desde perspectivas de corte comunitario.

- Trabajar junto a las asociaciones para que se puedan generar nuevas actividades que motiven al vecindario a participar en las mismas,

- Ajustarse las actividades que se generen desde las asociaciones a las demandas y necesidades reales de los distintos sectores del barrio jóvenes, tercera edad, mujeres, etc.).

- Realizar un esfuerzo desde las asociaciones para integrar en las mismas, y por lo tanto, en la dinámica global del barrio, a los vecinos que habitan en la zona periférica del mismo.

- Conseguir el suficiente apoyo institucional que potencie las actividades que se desarrollan en el barrio, promovidas por las asociaciones formales existentes o por colectivos vecinales, así como mejorar los canales de comunicación entre las instituciones y el barrio.

Todas estas medidas que hemos esbozado, van encaminadas a mejorar la cantidad y calidad de la participación comunitaria en el barrio de San Bult y, a la vez, para que sean las propias asociaciones vecinales quienes se constituyan en verdaderos portavoces del sentir de los vecinos, tanto individual como, sobre todo comunitariamente.

BIBLIOGRAFIA