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Vol. 24. Núm. 1. 2014. Páginas 37-42

Agresividad reactiva, proactiva y mixta: análisis de los factores de riesgo individual

Reactive, proactive and mixed type aggression: Analysis of individual risk factors

Penado, María Andreu, José Manuel Peña, Elena

Resumen

El presente estudio investiga el peso diferencial que las variables de tipo individual (impulsividad, conducta antisocial y desinhibición) tienen en diferentes tipos de agresión en adolescentes. Utilizando una muestra de 640 adolescentes de la Comunidad de Madrid, los resultados obtenidos indican un peso diferencial de las distintas variables de tipo individual en la predicción de la agresión proactiva y reactiva, estando la primera caracterizada por la conducta antisocial y la segunda por la impulsividad. Puesto que ambos tipos de agresión no suelen darse de manera aislada, si no que suelen coexistir, se ha considerado un tercer tipo de agresión de tipo mixto para aquellos sujetos que manifiestan tanto comportamientos agresivos reactivos como proactivos, encontrando que este tipo de agresión está fuertemente caracterizada, al igual que la agresión de tipo proactivo, por la mayor presencia de conducta antisocial.

Abstract

This study explains the differences that individual variables (impulsivity, antisocial behavior and disinhibition) have in the prediction of different types of aggression in adolescents. The results obtained from a sample of 640 adolescents, shown that proactive aggression is characterized by antisocial behavior while reactive aggression is characterized by impulsivity. Since both types of aggression often coexist we considered a third type of aggression, mixed type, for those subjects who display both reactive and proactive aggression behaviors. The outcomes indicate that this type of aggression is strongly characterized, like proactive aggression, by antisocial behavior.

De entre las múltiples definiciones y clasificaciones de lo que puede considerarse una conducta agresiva, es la división establecida por Keneth Dodge la que mejor nos permite estudiar y analizar la agresión desde el punto de vista motivacional o funcional, así como también analizar los mecanismos cognitivos que se dan en las distintas expresiones de la agresión. En función de tales procesos, se han distinguido dos tipos de agresión: reactiva vs proactiva.

La agresión reactiva está basada en el modelo de frustración– agresión postulado por Dollard ( Dollard, Doob, Miller, Mowrer y Sears, 1939 ), posteriormente modificado por Berkowitz (1965) . Se trata de un comportamiento que sucede como reacción a una amenaza percibida y que suele estar relacionada con una activación emocional intensa, altos niveles de impulsividad, hostilidad y déficits en el procesamiento de la información ( Raine et al., 2006 ). La principal motivación que subyace a este tipo comportamiento agresivo parece ser el dañar a otro, no persiguiendo ningún otro objetivo o meta concreta.

La agresión proactiva, por otro lado, tiene su explicación en el modelo de aprendizaje social de Bandura (1973) y estaría concebida como una estrategia más que el sujeto pone en marcha para la obtención de un objetivo o beneficio. Dicha agresión no requiere de la activación con la que está caracterizada la agresión reactiva, y es vista como un tipo de agresión fría, instrumental y organizada ( Raine et al., 2006).

A pesar de que cada tipo de agresión por separado predice ya de por si comportamientos problemáticos tanto en los adolescentes como en los adultos, se han encontrado evidencias de que ambos tipos de agresión suelen darse de manera conjunta ( Bushman y Anderson, 2001; Pang, Ang, Kom, Tan y Chiang, 2013 ), siendo las puntuaciones elevadas en ambas escalas las que parecen predecir comportamiento delictivos de carácter más violento ( Barker, Tremblay, Nagin, Vitaro y Lacourse, 2006 ).

El conocimiento de cómo surge y se modula el comportamiento agresivo es de vital importancia debido a las consecuencias que la manifestación de estos actos tienen para los individuos y la sociedad en general. La conducta agresiva empieza a manifestarse en la niñez temprana y adquiere su máxima expresión durante la adolescencia, disminuyendo a medida que las personas llegan a la adultez ( Dodge y McCourt, 2010 ). Esta especial incidencia del comportamiento agresivo entre los adolescentes justifica que sea considerado como un grupo prioritario de estudio, ya que la presencia de conductas agresivas a edad temprana es un predictor de comportamientos delictivos posteriores, desadaptación social y problemas de relación interpersonal ( Odgers y Russell, 2009).

Además de las implicaciones y consecuencias de la agresión tanto a nivel individual como social, la agresión es un fenómeno complejo y multidimensional, siendo múltiples y variados los factores de riesgo que están detrás de los comportamientos agresivos; fomentando su ocurrencia y facilitando que éstos se produzcan.

Centrándonos en la agresión proactiva y reactiva, los investigadores han identificado correlatos específicos para cada tipo de agresión ( Hubbard, McAuliffe, Rubin y Morrow, 2007 ). La agresión reactiva es una respuesta ante algún tipo de amenaza o provocación, real o percibida, a la que suelen acompañar manifestaciones de cólera o ira. La agresión de tipo proactivo se define por su falta de emoción y carácter instrumental, premeditado y dirigido a la consecución de cualquier meta o recompensa ( López–Romero, Romero y González– Iglesias, 2011 ).

La agresión reactiva se encuentra asociada a baja tolerancia a la frustración y pobre regulación en la respuesta a estímulos ambiguos ( Vitaro, Brendgen y Tremblay, 2002 ). Este tipo de agresión es descrita como de “sangre caliente”, y está caracterizada por la presencia de sentimientos de ira y enfado, acompañados por gestos y expresiones faciales ( Hubbard et al., 2002 ; 2004), que indican una alta activación emocional acompañada por una escasa capacidad de autorregulación ante estímulos emocionales ( Marsee y Frick, 2007; Vitaro et al., 2002 ).

Los sujetos que exhiben este tipo de comportamientos tienen tendencia a nivel cognitivo a interpretar de forman negativa las acciones y situaciones ambiguas, atribuyéndoles una connotación hostil que les lleva a interpretarlas como provocación o amenaza ( Crick y Dodge, 1996; Day, Bream y Pal, 1992; Dodge, Bates y Petit, 1990; Dodge y Coie, 1987; Hubbard, Dodge, Cillessen, Coie y Schwartz, 2001 ). Es la presencia de estos sesgos atribucionales hostiles, junto con la poca capacidad de regulación de respuestas emocionales, las que hacen que la agresión de tipo reactivo se encuentre muy relacionada con la generación de respuestas agresivas ante conflictos sociales ( Dodge y Coie, 1987; Dodge, Lochman, Harnish, Bates y Petit, 1997; Helfritz-Sinville y Stanford, 2014; Orobio de Castro, Merk, Koops, Veerman y Bosch, 2005 ).

Los adolescentes agresivos reactivos son vistos como más impulsivos y con problemas de atención ( Connor, Steingard, Anderson y Melloni, 2003; Day, Bream y Pal, 1992; Dodge, 1991; Dodge, Lochman, Harnish, Bates y Petit, 1997 ), y sus comportamientos agresivos son vistos como “fuera de control” ( Conaty, 2006 ). La expresión de este tipo de agresión se relaciona a su vez con problemas de atención e hiperactividad ( Vitaro, Brendgen y Tremblay, 2002 ), somatización y problemas de sueño ( Dodge et al., 1997 ), así como también con un mayor riesgo de suicidio ( Conner, Duberstein, Conwell y Caine, 2003 ).

Al contrario de lo descrito para la agresión reactiva, la de tipo proactivo es vista como de “sangre fría” y controlada, y está relacionada con una ausencia de activación o sentimientos de ira ( Hubbard, McAuliffe, Morrow y Romano, 2010; Hubbard et al., 2004 ). Los adolescentes con este tipo de agresión no suelen mostrar problemas en la regulación de sus emociones ( Dodge et al., 1997; Vitaro, Brendgen y Tremblay, 2002 ), existiendo una conexión entre este tipo de conductas y una serie de características (pobreza emocional, falta de empatía, utilización de los demás para su propio interés), propias de jóvenes con problemas de conducta antisocial ( Frick y Dickens, 2006 ). Esta escasa asociación con reactividad emocional hace que resulte difícil a los sujetos que presentan este tipo de agresión mostrar emociones prosociales tales como empatía o culpa ( Kruh, Frick y Clements, 2005 ), manifestando, sin embargo, rasgos de dureza e insensibilidad emocional ( Frick, Cornell, Bodin, Dane, Barry y Loney, 2003 ), tradicionalmente asociados con el desarrollo de la personalidad psicopática ( White y Frick, 2010).

Esta asociación entre las características psicopáticas y la presencia de agresión de tipo proactivo se encuentra en adolescentes, donde aquellos que han realizado violencia caracterizada por su “instrumentalidad” han presentado puntuaciones elevadas en características de personalidad psicopáticas ( Loper, Hoffschmidt y Ash, 2001; Murrie, Cornell, Kaplan, McConvielle y Levy–Elkon, 2004 ). Igualmente, Kruh et al. (2005) , han encontrado que adolescentes con episodios de violencia instrumental en el pasado puntuaban significativamente más alto en rasgos de personalidad psicopáticos que aquellos con una historia de agresión de tipo reactivo.

A pesar de la tradicional distinción entre agresión reactiva y proactiva en función de los niveles de impulsividad mostrados, hay estudios que empiezan a señalar cómo las diferencias entre un grupo y otro no se dan exclusivamente en dicha impulsividad ( Andreu, Peña y Penado, 2012; López–Romero et al., 2011; Velasco, 2013 ). La ausencia de diferencias significativas en población adolescente agresiva se mantiene igualmente en la población adulta ( Barratt, Stanford, Dowdy, Kent y Felthous 1997 ), lo cual hace necesario un estudio más exhaustivo de las variables de personalidad asociadas a un tipo de agresión u otro que permita una intervención más específica y eficaz en la edad adolescente para evitar que dichos comportamientos disfuncionales se extiendan a la edad adulta.

Por todo lo anterior, esta investigación analiza una serie de variables (conducta antisocial, desinhibición e impulsividad) en relación con distintos tipos de agresión funcional, con el objetivo de valorar si existe un patrón de comportamiento diferencial de las mismas en los distintos grupos de adolescentes agresivos. Dada la alta frecuencia con la que los comportamientos agresivos reactivos y proactivos coocurren ( Bushman y Anderson, 2001; Pang et al., 2013 ) se considera también una nueva modalidad de agresión, de tipo “mixto”, caracterizada por la presencia de ambos tipos de comportamientos agresivos reactivos y proactivos.

Método Participantes

Los participantes en el estudio fueron seleccionados de doce centros educativos de la Comunidad de Madrid, con los que se había establecido previamente contacto mediante el Departamento de Orientación Psicopedagógica de cada uno de los centros participantes. Una vez establecido el contacto con estos centros, y con el consentimiento de la dirección, se procedió a la obtención de la muestra que estuvo compuesta por adolescentes escolarizados en centros públicos de Educación Secundaria e Institutos, de los cuales, 446 cursaban estudios de la ESO (51.1% hombres y 48.9% mujeres) y 194 estudios de Bachillerato (42.3% hombres y 57.7% mujeres). Su rango de edad osciló entre los 12 y los 17 años de edad; siendo su edad media de 15.2 años ( DT = 1,5). El 48.4% ( n = 310) eran varones, mientras que el 51.6% ( n = 330) fueron mujeres. El 96.9% de los encuestados eran españoles y alrededor del tres por ciento eran inmies, siendo el nivel socioeconómico auto-informado por los participantes de medio. Una vez solicitado el permiso para aplicar los cuestionarios al equipo directivo, e informados los padres de la realización del estudio, la participación de los adolescentes en el estudio se produjo de forma voluntaria y se aseguró el anonimato de las respuestas dadas por los adolescentes a los diferentes instrumentos de evaluación. Ningún sujeto rechazó participar en el estudio ni abandonó el mismo durante su desarrollo.

Procedimiento

Tras contactar con los equipos directivos y de orientación de los distintos centros educativos, se seleccionaron aquellos que se habían ofrecido para colaborar en el presente estudio. Posteriormente, se procedió a la selección de las aulas que fueron tomadas como unidad muestral y se eligieron al azar en cada uno de los cursos de Enseñanza Obligatoria y Bachillerato. Una vez seleccionadas, el tutor del curso y un miembro del equipo de investigación organizaron el calendario de las horas disponibles para la evaluación de los participantes en función de la disponibilidad de los alumnos o del desarrollo del programa escolar.

La aplicación de los instrumentos de evaluación se realizó de forma colectiva, estando presentes en cada aula dos evaluadores en ausencia de los profesores para evitar así que los adolescentes se vieran influidos de alguna manera por su presencia a la hora de contestar a los cuestionarios. La duración de la prueba fue de aproximadamente 50 minutos, pero se dispuso, en los casos en que fue necesario, de 10 minutos adicionales. Los cuestionarios fueron aplicados en orden contra–balanceado para controlar los posibles efectos contaminadores derivados del cansancio o la fatiga de los participantes. Finalmente, tras eliminar un total de 17 cuestionarios por contar con datos defectuosos o no haber sido contestados adecuadamente por los adolescentes, se procedió a analizar estadísticamente los datos obtenidos mediante el SPSS versión 19.

Instrumentos

La medida de la agresión se obtuvo mediante el Cuestionario de Agresión Proactiva - Reactiva “RPQ” (Raine et al., 2006; adaptación de Andreu, Peña y Ramírez, 2009 ). Dicho cuestionario consta de 23 afirmaciones de las distintas conductas agresivas (12 proactivas – p.ej.: has gritado a otros para aprovecharte de ellos – y 11 reactivos – p.ej.: te has enfadado cuando otros te han amenazado- ) que los sujetos deben cumplimentar en función de su frecuencia de ocurrencia en una escala tipo Likert con tres opciones que van desde nunca (0) hasta a menudo (2). Para el presente estudio realizado se ha obtenido una fiabilidad calculada a través del Coeficiente Alpha de Cronbach de .92 para la escala total y un .85 y .89 para las sub-escalas de agresión reactiva y proactiva respectivamente. Con los resultados de dicho cuestionario se pudo clasificar a los adolescentes en aquellos con un comportamiento agresivo reactivo (si presentan una mayor frecuencia de conductas agresivas reactivas pero no proactivas), agresivo proactivo (se presentan una mayor frecuencia de conductas agresivas proactivas pero no reactivas) y agresivo mixto (si realizan ambos tipos de comportamientos agresivos).

La Escala de Impulsividad de Plutchik (Plutchik y Van Praag, 1989 ) fue utilizada para medir el comportamiento impulsivo de los adolescentes. Compuesta por 15 ítems que se relacionan con una posible falta de control sobre determinadas conductas (“¿pierdes la paciencia a menudo?”; “¿eres impulsivo?”) y con puntuaciones que oscilan de 0 a 3 (nunca, a veces, a menudo, casi siempre). La fiabilidad de la escala en la investigación realizada la es .76 calculada a través del Coeficiente Alpha de Cronbach.

Para la evaluación de la conducta antisocial se ha utilizado la Escala de Conducta Antisocial y Delictiva en Adolescentes (ECADA) (Andreu y Peña, 2013 ) que está compuesta por 25 ítems dicotómicos que permiten evaluar la presencia de comportamientos predelictivos (¿has viajado en autobús, metro o tren sin pagar?); comportamientos vandálicos (¿has dañado o destruido una parada de autobús, una señal de tráfico o una farola?); infracciones contra la propiedad (¿has entrado sin permiso en una casa, edificio o propiedad privada?); comportamiento violento (¿has llevado un arma, una navaja, un palo o un cuchillo?) y consumo de alcohol y drogas (¿has tomado cannabis, hachís o porros?). La consistencia interna de la escala en la presente investigación, estimada a través del Coeficiente alfa de Cronbach, fue de .86.

Por último, las puntuaciones de desinhibición se obtuvieron a través de la Escala de Búsqueda de Sensaciones para Niños y Adolescentes (EBS-J) (adaptada por Pérez, Ortet, Plá y Simó, 1987 ). Esta escala consta de un total de 50 afirmaciones que los sujetos deben de contestar en un formato verdadero / falso y que mide una serie de factores individuales asociados a la conducta antisocial y agresiva. En esta investigación sólo se han utilizado los diez ítems que componen la sub-escala de desinhibición (“me gustan las fiestas donde se puede hacer lo que quiera”) y para el que se ha obtenido una fiabilidad, calculada a través del Coeficiente Alpha de Cronbach, de .82

Análisis de datos

Se ha procedido a realizar en primer lugar un análisis de correlación lineal entre los distintos tipos de agresión y las variables individuales consideradas. El estadístico utilizado para estos análisis ha sido el coeficiente de correlación de Pearson con valores que oscilan desde el -1 (relación lineal perfecta negativa) a 1 (relación lineal perfecta positiva).

En segundo lugar, se procedió a realizar un análisis de regresión lineal múltiple, lo que permite obtener una predicción de los distintos tipos de agresión en función de las variables consideradas. Se realizó, por tanto, un análisis de regresión (método stepwise ) considerando la agresión reactiva, proactiva y mixta como variables criterio (dependientes) y los distintos factores de riesgo individuales como variables predictoras con el objetivo de determinar la capacidad discriminadora de estas últimas sobre cada uno de los tipos de agresión considerados en el estudio.

Resultados

Podemos observar como los tres tipos de agresión correlacionan significativamente con todas las variables que conforman los factores de riesgo individual, encontrándonos las más altas correlaciones entre la conducta antisocial y la agresión proactiva ( r = .626; p < .01) y mixta (r = .601; p < .01), y entre la agresión reactiva y la impulsividad ( r = .426; p < .01). Señalar que todas correlaciones encontradas son significativas y positivas, indicando que a mayores niveles de las variables de riesgo individual se encuentran mayores niveles de agresión tanto reactiva, proactiva como mixta ( Tabla 1).

Tabla 1

Correlaciones de Pearson de los distintos tipos de agresión y los factores de riesgo individuales

 
1. Agresión reactiva  --           
2. Agresión proactiva  .615**  --         
3. Agresión mixta  .682**  .933**  --       
4. Conducta antisocial  .370**  .626**  .601**  --     
5. Impulsividad  .426**  .276**  .273**  .218**  --   
6. Desinhibición  .319**  .474**  .436**  .529**  .363**  -- 

* p < .05 ** p < .01

A continuación, una vez analizados los niveles de correlación entre las distintas variables, el análisis de regresión ofrece una serie de modelos de cómo las variables de riesgo individual predicen los distintos tipos de agresión considerados en el estudio

En relación con la agresión reactiva encontramos que son la impulsividad y la conducta antisocial las que explican un 26.2% de la variabilidad encontrada. De estas dos variables la que aumenta considerablemente el valor predictivo del modelo es la impulsividad, encontrándonos un aumento en el poder explicativo del modelo del 18.1% ( Tabla 2 ). A pesar de estos resultados podemos afirmar que tanto la impulsividad ( t = 10.378, p < .001) como la conducta antisocial ( t = 8.347, p < .001) contribuyen al modelo de forma significativa, con un peso predictivo ligeramente mayor para la impulsividad (? = .362, p < .001) que para la conducta antisocial (? = .291, p < .001) (Tabla 3).

Tabla 2

Estadísticos generales del modelo de regresión lineal de la agresión reactiva en función de los factores de riesgo individual

Modelo  R cuadrado  R cuadrado corregida  Error típ. de la estimación  Estadísticos de cambio Durbin-Watson 
          Cambio en R cuadrado  Cambio en F  gl1  gl2  Sig. Cambio en F   
.426  .181  .180  3.81257  .181  141.117  638  .000   
.512  .262  .260  3.62258  .081  69.675  637  .000  1.063 

Modelo 1: (Constante), impulsividad.

Modelo 2: (Constante), impulsividad, conducta antisocial.

Tabla 3

Parámetros del modelo de regresión lineal de la agresión reactiva en función de los factores de riesgo individual

Modelo  Coeficientes no estandarizados Coeficientes tipificados     
  Error típ.  Beta  Sig. 
(Constante)  1.696  .441    3.845  .000 
Impulsividad  .251  .024  .362  10.378  .000 
Conducta antisocial  .368  .044  .291  8.347  .000 

En el caso de la agresión proactiva el 42.9% de la variabilidad encontrada sería explicada mediante las variables conducta antisocial, desinhibición e impulsividad. De estas tres variables la que explica prácticamente la totalidad de la variabilidad encontrada en el modelo es la conducta antisocial (39.1%), mientras que la desinhibición y la impulsividad a pesar de contribuir de forma significativa al modelo, su incremento del poder explicativo es muy bajo ( Tabla 4 ). Centrándonos en el peso predictivo de las variables que forman el modelo volvemos a observar que es la conducta antisocial la que tiene mayor peso predictivo (? = .516, p < .001), con una diferencia bastante notable respecto a la desinhibición (? = .163, p < .001) y a la impulsividad (? = .104, p < .001) (Tabla 5).

Tabla 4

Estadísticos generales del modelo de regresión lineal de la agresión proactiva en función de los factores de riesgo individual

Modelo  R cuadrado  R cuadrado corregida  Error típ. de la estimación  Estadísticos de cambio Durbin-Watson 
          Cambio en R cuadrado  Cambio en F  gl1  gl2  Sig. Cambio en F   
.626  .391  .390  3.18364  .391  410.181  638  .000   
.648  .420  .418  3.11061  .029  31.311  637  .000   
.655  .429  .427  3.08758  .009  10.537  636  .001  1.830 

Modelo 1: (Constante), conducta antisocial.

Modelo 2: (Constante), conducta antisocial, desinhibición.

Modelo 3: (Constante), conducta antisocial, desinhibición, impulsividad.

Tabla 5

Parámetros del modelo de regresión lineal de la agresión proactiva en función de los factores de riesgo individual

Modelo  Coeficientes no estandarizados Coeficientes tipificados  Sig. 
  Error típ.  Beta     
(Constante)  -.683  .381    -1.794  .073 
Conducta antisocial  .633  .043  .516  14.622  .000 
Desinhibición  .287  .065  .163  4.408  .000 
Impulsividad  .070  .022  .104  3.246  .001 

Los resultados encontrados en los análisis de la agresión mixta parecen indicar un comportamiento semejante al encontrado en la agresión de tipo proactivo. De este modo, encontramos que el 39.2% de la variabilidad del modelo puede estar explicada por las variables encontradas en la agresión proactiva, siendo, al igual que en esta, la conducta antisocial la que explica el mayor porcentaje de la variabilidad encontrada (36.1%), mientras que el aumento del poder explicativo del modelo es significativo pero mínimo al introducir las variables de impulsividad (aumento del dos por ciento) y desinhibición (aumento del uno por ciento) ( Tabla 6 ). Las mismas conclusiones pueden extraerse en cuanto al peso predictivo de las variables, ya que tanto en el caso de la conducta antisocial (? = .510, p < .001), impulsividad (? = .117, p < .001) y la desinhibición (? = .123, p < .001) son prácticamente los mismos que en la agresión proactiva ( Tabla 7).

Tabla 6

Estadísticos generales del modelo de regresión lineal de la agresión mixta en función de los factores de riesgo individual

Modelo  R cuadrado  R cuadrado corregida  Error típ. de la estimación  Estadísticos de cambio Durbin-Watson 
          Cambio en R cuadrado  Cambio en F  gl1  gl2  Sig. Cambio en F   
.601  .361  .360  47.63042  .361  360.211  638  .000   
.618  .382  .380  46.87438  .021  21.747  637  .000   
.626  .392  .389  46.53135  .010  10.427  636  .001  1.865 

Modelo 1: (Constante), conducta antisocial.

Modelo 2: (Constante), conducta antisocial, impulsividad.

Modelo 3: (Constante), conducta antisocial, impulsividad, desinhibición.

Tabla 7

Parámetros del modelo de regresión lineal de la agresión mixta en función de los factores de riesgo individual

Modelo  Coeficientes no estandarizados Coeficientes tipificados  t  Sig. 
  Error típ.  Beta     
(Constante)  -22.740  5.738    -3.963  .000 
Conducta antisocial  9.126  .652  .510  13.987  .000 
Impulsividad  1.143  .325  .117  3.516  .000 
Desinhibición  3.170  .982  .123  3.229  .001 

Considerando los factores de riesgo individual podemos observar como existen diferencias significativas entre la agresión reactiva y proactiva. Para el caso de la agresión proactiva nos encontramos como está se caracteriza principalmente por su impulsividad, seguida de la conducta antisocial. En el caso de la agresión proactiva el peso de los factores de riesgo individual recaería casi por completo en el componente antisocial. La agresión mixta parece seguir el mismo comportamiento que la agresión de tipo proactivo. Los pesos diferenciales que cada una de las variables individuales tiene en los tipos de agresión considerados pueden observarse en las distintas ecuaciones de regresión que generan, y que reflejan la relación entre las variables dependientes (agresión reactiva, proactiva y mixta) y las variables explicativas (conducta antisocial, impulsividad y desinhibición) ( Tabla 8).

Tabla 8

Ecuaciones de regresión de los distintos tipos de agresión en función de las variables individuales consideradas

Agresión Reactiva = 1.696 + .251 impulsividad + .368 conducta antisocial 
Agresión Proactiva = -.683 + .633 conducta antisocial + .287 Desinhibición + .070 impulsividad 
Agresividad Mixta = -22.740 + 9126 conducta antisocial + 1.143 impulsividad + 3.170 Desinhibición 
Discusión

La caracterización de jóvenes y adolescentes “agresivos reactivos” como impulsivos y problemáticos a la hora de regular su conducta en función de metas, se ha visto confirmada por múltiples investigaciones que señalan consistentemente que es la impulsividad el rasgo de personalidad más característico de este grupo a lo largo del periodo evolutivo de la infancia y la adolescencia ( Connor et al., 2003; Day et al., 1992; Dodge, 1991; Dodge et al., 1997; Peña, Andreu, Barriga y Gibbs, 2013 ).

Los resultados obtenidos en el presente estudio confirman estos datos en cuanto a que los adolescentes agresivos reactivos son marcadamente impulsivos. No obstante, se ha encontrado que además de impulsividad, la conducta antisocial también es un factor predictor de este tipo de agresión. Esto nos sugiere que no es exclusivamente la impulsividad la que discrimina los comportamientos agresivos reactivos, sino que también la presencia de conductas antisociales de carácter más instrumental está presente en la agresión reactiva adolescente. Precisamente, esos hallazgos van en la línea de investigaciones recientes que plantean que la conducta antisocial ya no se ve exclusivamente vinculada con la agresión de tipo proactivo, sino que también lo estaría, aunque en menor medida, con una agresión de tipo reactivo ( Andreu et al., 2012; Andreu, Peña, & Penado, 2013; Blais, Solodukhin y Forth, 2014 ).

Por lo que respecta a la agresión proactiva los adolescentes que utilizan este tipo de comportamiento han sido descritos con características “premeditadas” y “psicopáticas” de personalidad, donde es frecuente encontrar múltiples comportamientos antisociales de carácter instrumental ( Cima y Raine, 2009; Flight y Forth, 2007; Reidy, Shelley–Tremblay y Lilienfeld, 2011 ). Los resultados encontrados en nuestro estudio confirman estas relaciones, señalando la importancia que tiene no sólo la conducta antisocial sino la desinhibición y la impulsividad como factores predictores de este tipo de comportamientos agresivos proactivos.

Sin embargo, debido a la frecuencia con la que ambos tipos de agresión se manifiestan de forma conjunta en la adolescencia, se ha tenido en cuenta un tercer tipo de agresión. Al respecto, se ha encontrado que aquellos adolescentes que manifiestan ambos tipos de comportamientos agresivos, tanto si estos son de naturaleza reactiva como de tipo proactivo, presentan características más semejantes a las de la agresión de tipo proactivo que reactivo, encontrándonos en estos adolescentes una elevada presencia de conducta antisocial. Estos resultados indican correlatos propios para aquellos adolescentes que utilizan ambos tipos de agresión, diferenciándose de los estudios que hasta ahora señalaban que los adolescentes con agresión de tipo mixto no mostraban diferencias en este tipo de factores predictores ( Marsee, Frick, Barry, Kimonis, Centifani y Aucoin, 2014 ).

En definitiva, los resultados encontrados en el presente estudio, señalan, en primer lugar, la importancia de considerar diferentes tipos de conducta agresiva en adolescentes (reactivos, proactivos y mixtos), lo que redundaría en beneficio de la evaluación, la prevención y la intervención en jóvenes y adolescentes con problemas de agresión y de conducta ( Andreu, 2010 ). La agresión no es un constructo unidimensional y, desde un punto de vista funcional, se debe de tener en cuenta que los adolescentes manifiestan diferentes tipos de conducta agresiva, y a cada uno de ellos subyacen procesos cognitivos, emocionales y conductuales diferenciados.

En segundo lugar, también sería especialmente útil tener en cuenta los niveles de desinhibición mostrados por los adolescentes con el objeto de profundizar en la evaluación y diganóstico en este tipo de población ya que, tal y como se ha encontrado en el presente estudio, la impulsividad y la conducta antisocial son factores predictores de la agresión reactiva y proactiva, mientras que, por el contrario, la desinhibición lo sería exclusivamente para los tipos proactivo y mixto. En este sentido, la desinhibición podría jugar un importante papel en la gestión del riesgo de agresión en adolescentes, así como de cara a la elaboración y desarrollo de programas de prevención e intervención en adolescentes agresivos.

Conflicto de intereses

Los autores de este artículo declaran que no tienen ningún conflicto de intereses.

Copyright © 2018. Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid

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